La carta de Dios
por Mateo Bautista
padremateobautista@hotmail.com
Religioso Camilo
Dios Padre remite una carta. Jesús es el contenido y cartero. El Espíritu Santo es el inspirador. El autor bíblico, el escribano y tintero...
Santiago Alberione, santo, repetía: No acudamos al tribunal de Dios sin haber leído toda la carta del Padre del cielo, porque nos dirá: no has demostrado respeto ni amor hacia lo que te he escrito.
Gregorio I el Magno (540-604), papa, teólogo y santo, nació en Roma. Es uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia católica. Protector y defensor de Roma contra los bárbaros. Promovió el monacato, la liturgia y dio esplendor extraordinario a la Sede de Pedro. Redactó célebres obras teológicas y la vida de san Benito.
En una carta escribió:
"Se quiere más al amigo del que se está más seguro. Tengo que dirigirte una queja, ilustre hijo Teodoro. Recibiste gratuitamente de la Santísima Trinidad la inteligencia y los bienes temporales, la misericordia y el amor, pero estás constantemente inmerso en los asuntos materiales, obligado a frecuentes viajes y dejas de leer diariamente las Palabras de tu Redentor.
¿No es la Sagrada Escritura una carta de Dios todopoderoso a su criatura? Si te alejaras por un tiempo del emperador y recibieras de él una carta, no descansarías ni te dormirías hasta no haber leído lo que ha escrito un emperador de la tierra.
El emperador del cielo, el Señor de los hombres y de los ángeles, te ha dirigido una carta en la que se refiere a tu vida, y tú no te ocupas de leerla con fervor.
Aplícate, te lo ruego, a meditar cada día la palabra de tu Creador. Aprende a conocer el corazón de Dios para que tiendas con mayor ardor a las cosas eternas, para que tu mente se encienda en mayores deseos de esos goces celestiales. Porque, sólo entonces, alcanzaremos el máximo descanso, si ahora no nos damos, por amor de nuestro Creador, reposo alguno" .
Moraleja
Disce cor Dei in verbis Dei: Aprende el corazón de Dios en la Palabra de Dios
(San Gregario Magno).
Para reflexionar en comunidad
Pasado el gusto de la miel no queda en la boca ningún otro sabor; pero tus palabras, oh Señor, en el arcano secreto del pecho, son siempre dulces para aquél que las medita. La Palabra de Dios es esa carne y sangre de Cristo que entra en nosotros a través de la escucha.
(San Jerónimo).
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Extraído del libro "Cuentos que contaban los Santos" de Mateo Bautista, Editorial SAN PABLO.
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