La voz del ángel que me dicta tantas palabras me invita todas las noches a escuchar leyendas de sueños pero al despertar ya nada me basta y en aquellos ojos de mirada profunda encontré la razón.... Me espera un largo camino ... algunos seres me recibirán con palabras otros en silencio... Yo iré al encuentro para dejarles parte de mi para llevarme una parte de cada uno de ellos...
viernes, 13 de noviembre de 2009
miércoles, 28 de octubre de 2009
En el mundo encontramos numerosas definiciones que determinan el significado de Maltrato Infantil por lo que hemos seleccionados las que nos parecieron las más importantes y están son las siguientes:
El UNICEF considera la situación de "... Menor Victima de Maltrato y Abandono: es aquella conformada por niños y jóvenes de hasta 18 años que sufran ocasional o habitualmente actos de violencia física, emocional ó sexual, ya sea en el grupo familiar o en o por las Instituciones Sociales ...", "... el Maltrato puede ser ejecutado por omisión, supresión o transgresión de los derechos individuales y colectivos, pudiendo existir el abandono parcial o completo ...", "...tomando en cuenta la existencia de la intencionalidad o no del maltratador como un elemento sustantivo para calificar un hecho como maltrato ..."
El CENTRO INTERNACIONAL DE LA INFANCIA DE PARIS, que considera que MALTRATO INFANTIL es: "... cualquier acto de acción u omisión realizado por individuos, por Instituciones o por la sociedad en su conjunto y todos los estados derivados de estos actos o de su ausencia que priven a los niños de su libertad o de sus derechos correspondientes y/o que dificulten su óptimo desarrollo ..."
La DECLARACIÓN DE LOS MALOS TRATOS A INFANTES DE MÉXICO, considera que el MALTRATO INFANTIL "... es una enfermedad de la sociedad, y que se encuentra presente en todas las clases y sectores sociales, y que es producida por factores multicausales, interactúantes de diversas intensidades y tiempos. El mismo afecta el desarrollo integro, armónico y adecuado del menor, poniendo en compromiso su educación, su desempeño escolar, su sociabilidad y su realización personal ..."
Las LEYES de nuestro País la Republica Argentina, establecen que "... Un niño es todo menor de 18 años y que el mismo es maltratado cuando su salud física o mental o su seguridad están en peligro, ya sean por acciones u omisiones llevadas a cabo por los Padres, por terceros, por las Instituciones, u otras responsables de su cuidado, produciéndose por acción, omisión o negligencia. ..."
El Maltrato Infantil en todas sus formas tienen una serie de consecuencias y que las podemos identificar como consecuencias a corto, mediano y largo plazo en el desarrollo psicosocial y emocional de los menores, las que a continuación se describen:
1) CONSECUENCIA DEL MALTRATO INFANTIL
Los golpes y maltratos físicos generalmente, en primer lugar producen daño físico, pero este castigo envía mensajes psicológicos destructivos para las víctimas, ejerciendo un impacto en áreas críticas del desarrollo infantil, con perjuicios presente y futuro en lo social, emocional y cognitivo.
El carácter traumático del pánico, el terror, la impotencia, las frustraciones severas, acompañadas de dolor y del carácter impredecible del comportamiento del adulto agresor, constituyen secuelas psicológicas que se manifiestan de las formas siguientes:
a) Muy Pobre Autoestima
Al igual que los niños de familias carenciadas, los niños Maltratados se sienten incapaces, tienen sentimientos de inferioridad, lo que manifiesta en comportamientos de timidez y miedo, o por el contrario, con comportamientos hiperactividad tratando de llamar la atención de las personas que les rodean.
b) Síndromes de Ansiedad, Angustia y Depresión
Estos pueden manifestarse en trastornos del comportamiento, por angustia, miedo y ansiedad, o como estrés pos-traumático. A veces estos trastornos, pueden estar disfrazados por mecanismos de adaptación a la situación.
Estos niños desconfían de los contactos físicos, particularmente de adultos, y se alteran cuando un adulto se acerca a otros niños, especialmente si lloran, presentan problemas de atención, concentración y tienen dificultad para comprender las instrucciones que se les imparten.
Estos niños desarrollan sentimientos de tristeza y desmotivación, pudiendo llegar a un estado anímico deprimido, comportarse autodestructivamente, como también llegar a la automutilación.
Los niños maltratados físicamente, son más agresivos con otros niños y presentan altas tasas de conductas hostiles, como patear, gritar, son destructivos con desviaciones en la conducta prosocial.
Al mismo tiempo, existe una conexión etiológica entre los malos tratos recibidos en la infancia y el desarrollo fisiológico y social de la persona, tales como la delincuencia y/o el comportamiento antisocial, durante la adolescencia y adultez, y el retardo del crecimiento y desnutrición -que no está relacionado con el insuficiente aporte de nutrientes-.
c) Desorden de Identidad
El niño golpeado llega puede tener una mala imagen de sí mismo, puede creer que es él la causa del descontrol de sus padres, lo que le llevará a autorepresentarse como una persona mala, inadecuada o peligrosa.
2) CONSECUENCIA DEL MALTRATO PSICOLÓGICO Y POR NEGLIGENCIA
La negligencia es la ausencia o insuficiencia de cuidados físicos, médicos, afectivos y/o cognitivos. Los niños tratados con negligencia se presentan sistemáticamente mal alimentados, sucios y mal vestidos.
Es muy común que queden solos y sin vigilancia, que no reciban atención sanitaria adecuada, y que sean víctimas de privaciones psicoafectiva y de falta de estimulación por el conocimiento permanente.
Los niños que sufren negligencia, generalmente, reciben también otros tipos de maltrato, reciben mensajes que les indica que no son dignos de amor y de respeto, y son pasibles de castigos físicos . El mensaje que recibe es reforzado por las palabras insultantes, hirientes y descalificadoras que le producen baja autoestima, sentimientos de inferioridad, de tristeza y ansiedad crónica.
Se ha observado que los niños que sufren del maltrato psicológico y por negligencia de parte de los adultos o de las instituciones, son muy temerosos y ansiosos; y toda experiencia nueva, aunque sean positivas, les provocan excitación y ansiedad desmedida. Muy pocas veces demuestran alegría o placer, se los ve siempre frustrados y tristes, además tienen sentimientos de fracaso y vergüenza frente a sus problemas de aprendizaje, además de tener una mala imagen de sí mismo, percibe el mundo como amenazante y poco seguro.
En la adultez, pueden presentar cuadros depresivos; ya que se ha constatado que una de las causas principales de la depresión es la de privación afectiva durante la infancia, la cual puede ser encubierta con otros trastornos de conducta.
Los niños que desde la edad escolar son maltratados psicológicamente, son más propensos a mostrar retrasos en el desarrollo del conocimiento que los niños no maltratados. Este fracaso se ha atribuido a la falta de estimulación temprana y a la descalificación a la que son sometidos permanente por los padres que se preocupan excesivamente de su conducta y de obediencia, en menoscabo de las necesidades exploratorias y de estimulación que son necesarias para su desarrollo.
Los niños que son expuestos a maltrato verbal, cohíben poco a poco sus manifestaciones y suprimen aspectos de la conducta interpersonal, lo que explicaría la lentitud de adquirir competencias cognitivas.
Estudios realizados han revelado déficit en el rendimiento escolar y en el nivel intelectual de los niños maltratados física y psicológicamente, encontrándose diferencias promedios de 20 a 40 puntos menos en el coeficiente intelectual, que el de los niños que no han sido maltratados, a veces demuestran un retraso de dos ó más años en la habilidad verbal.
CONCLUSIÓN:
Estas situaciones de maltrato psicológico, obliga a los niños a utilizar una gran cantidad de energía psicológica para desarrollar mecanismos de adaptación, como por ejemplo en las relaciones interpersonales caracterizadas por la dependencia y el rechazo, ésta aparece por la indiferencia de los padres, por lo que el niño puede convertirse en un ser muy dependiente de los signos de afecto de cualquier adulto, llamando su atención para procurarse un poco de afecto, exponiéndose permanentemente al peligro del abuso sexual o del rechazo. Cuando logra la atención del adulto, esta dependencia se transforma en retirada, para protegerse del sufrimiento que puede conllevar un nuevo abandono. Así, estos niños dejan paulatinamente de buscar afecto y congelan sus emociones, negándose la posibilidad de mantener relaciones afectivas cálidas y duraderas en el transcurso de su vida.
PREVENCIÓN EN LAS ESCUELAS
Los Maestros de Escuelas pueden y deben tomarse la tarea de actuar en la prevención del Maltrato Infantil tomando conocimiento, en primera medida, de todas las Leyes que existen en nuestro País, para la Prevención de la Violencia Familiar y por sobre todo la Protección de todos los Derechos del Niño.
Puede hacerlo mediante tareas de PREVENCIÓN PRIMARIA dirigidas a padres y alumnos a fin de evitar el maltrato, debiendo promover y difundir valores y conductas que contrarresten la cultura de la violencia. Buscando la reflexión entre docentes sobre las propias ideas, acciones y estructuras relacionadas al maltrato infantil que permitan descubrir y superar estereotipos o actitudes rígidas sobre la temática del maltrato.
Es conveniente la continua capacitación para identificar los casos de maltrato, para abordar esta problemática y para evaluar la mejor derivación o denuncia a los Organismos Gubernamental ú Organizaciones No Gubernamentales que se dediquen a la tareas de luchar contra la acción de estas situaciones en favor de los niños.
Si los Maestros no toman acciones directas para prevenir, estarían incurriendo en NEGLIGENCIA siendo coparticipes de los Maltratos realizados por los Adultos.
Las Maestros de Escuelas pueden desarrollar las siguientes Líneas de Trabajo con los niños y sus familias :
Realizar tareas de sensibilización y capacitación sobre las necesidades evolutivas de los niños.
Realizar talleres reflexivos con los padres sobre los mecanismos de control y resolución de conflictos en la educación Infantil.
Desarrollar acciones de difusión y sensibilización entre los niños, las familias y la comunidad acerca de los derechos especiales que asisten a la infancia.
Sensibilizar a la población en general, y particularmente a los padres y madres sobre las consecuencias asociadas al castigo físico y proporcionar pautas de educación positivas.
Articular con la currícula, actividades dirigidas a revisar críticamente la aceptación de la violencia, la discriminación y los modelos estereotipados sobre la crianza de los hijos.
Estimular por todos los medios, la confianza y la autoestima de los niños/as.
Para desarrollar con éxito la función preventiva, la escuela como institución debe ser capaz de revisar sus propias actitudes hacia el control de las conductas de los niños y adolescentes.
Ofrecer a los alumnos el espacio y las oportunidades para experimentar formas no violentas de resolución de los conflictos. Las asambleas, los consejeros del aula y todo medio que estimule la participación democrática en la vida escolar, pueden ser buenos recursos.
Campañas de difusión y educación a todos aquellos que trabajan con niños o sus familias, que expliquen la firme relación entre el alcoholismo y el Maltrato Infantil.
Cursos de capacitación interdisciplinarios, entre los técnicos y profesionales que puedan reconocer y asesorar sobre las mejores alternativas para su abordaje
El UNICEF considera la situación de "... Menor Victima de Maltrato y Abandono: es aquella conformada por niños y jóvenes de hasta 18 años que sufran ocasional o habitualmente actos de violencia física, emocional ó sexual, ya sea en el grupo familiar o en o por las Instituciones Sociales ...", "... el Maltrato puede ser ejecutado por omisión, supresión o transgresión de los derechos individuales y colectivos, pudiendo existir el abandono parcial o completo ...", "...tomando en cuenta la existencia de la intencionalidad o no del maltratador como un elemento sustantivo para calificar un hecho como maltrato ..."
El CENTRO INTERNACIONAL DE LA INFANCIA DE PARIS, que considera que MALTRATO INFANTIL es: "... cualquier acto de acción u omisión realizado por individuos, por Instituciones o por la sociedad en su conjunto y todos los estados derivados de estos actos o de su ausencia que priven a los niños de su libertad o de sus derechos correspondientes y/o que dificulten su óptimo desarrollo ..."
La DECLARACIÓN DE LOS MALOS TRATOS A INFANTES DE MÉXICO, considera que el MALTRATO INFANTIL "... es una enfermedad de la sociedad, y que se encuentra presente en todas las clases y sectores sociales, y que es producida por factores multicausales, interactúantes de diversas intensidades y tiempos. El mismo afecta el desarrollo integro, armónico y adecuado del menor, poniendo en compromiso su educación, su desempeño escolar, su sociabilidad y su realización personal ..."
Las LEYES de nuestro País la Republica Argentina, establecen que "... Un niño es todo menor de 18 años y que el mismo es maltratado cuando su salud física o mental o su seguridad están en peligro, ya sean por acciones u omisiones llevadas a cabo por los Padres, por terceros, por las Instituciones, u otras responsables de su cuidado, produciéndose por acción, omisión o negligencia. ..."
El Maltrato Infantil en todas sus formas tienen una serie de consecuencias y que las podemos identificar como consecuencias a corto, mediano y largo plazo en el desarrollo psicosocial y emocional de los menores, las que a continuación se describen:
1) CONSECUENCIA DEL MALTRATO INFANTIL
Los golpes y maltratos físicos generalmente, en primer lugar producen daño físico, pero este castigo envía mensajes psicológicos destructivos para las víctimas, ejerciendo un impacto en áreas críticas del desarrollo infantil, con perjuicios presente y futuro en lo social, emocional y cognitivo.
El carácter traumático del pánico, el terror, la impotencia, las frustraciones severas, acompañadas de dolor y del carácter impredecible del comportamiento del adulto agresor, constituyen secuelas psicológicas que se manifiestan de las formas siguientes:
a) Muy Pobre Autoestima
Al igual que los niños de familias carenciadas, los niños Maltratados se sienten incapaces, tienen sentimientos de inferioridad, lo que manifiesta en comportamientos de timidez y miedo, o por el contrario, con comportamientos hiperactividad tratando de llamar la atención de las personas que les rodean.
b) Síndromes de Ansiedad, Angustia y Depresión
Estos pueden manifestarse en trastornos del comportamiento, por angustia, miedo y ansiedad, o como estrés pos-traumático. A veces estos trastornos, pueden estar disfrazados por mecanismos de adaptación a la situación.
Estos niños desconfían de los contactos físicos, particularmente de adultos, y se alteran cuando un adulto se acerca a otros niños, especialmente si lloran, presentan problemas de atención, concentración y tienen dificultad para comprender las instrucciones que se les imparten.
Estos niños desarrollan sentimientos de tristeza y desmotivación, pudiendo llegar a un estado anímico deprimido, comportarse autodestructivamente, como también llegar a la automutilación.
Los niños maltratados físicamente, son más agresivos con otros niños y presentan altas tasas de conductas hostiles, como patear, gritar, son destructivos con desviaciones en la conducta prosocial.
Al mismo tiempo, existe una conexión etiológica entre los malos tratos recibidos en la infancia y el desarrollo fisiológico y social de la persona, tales como la delincuencia y/o el comportamiento antisocial, durante la adolescencia y adultez, y el retardo del crecimiento y desnutrición -que no está relacionado con el insuficiente aporte de nutrientes-.
c) Desorden de Identidad
El niño golpeado llega puede tener una mala imagen de sí mismo, puede creer que es él la causa del descontrol de sus padres, lo que le llevará a autorepresentarse como una persona mala, inadecuada o peligrosa.
2) CONSECUENCIA DEL MALTRATO PSICOLÓGICO Y POR NEGLIGENCIA
La negligencia es la ausencia o insuficiencia de cuidados físicos, médicos, afectivos y/o cognitivos. Los niños tratados con negligencia se presentan sistemáticamente mal alimentados, sucios y mal vestidos.
Es muy común que queden solos y sin vigilancia, que no reciban atención sanitaria adecuada, y que sean víctimas de privaciones psicoafectiva y de falta de estimulación por el conocimiento permanente.
Los niños que sufren negligencia, generalmente, reciben también otros tipos de maltrato, reciben mensajes que les indica que no son dignos de amor y de respeto, y son pasibles de castigos físicos . El mensaje que recibe es reforzado por las palabras insultantes, hirientes y descalificadoras que le producen baja autoestima, sentimientos de inferioridad, de tristeza y ansiedad crónica.
Se ha observado que los niños que sufren del maltrato psicológico y por negligencia de parte de los adultos o de las instituciones, son muy temerosos y ansiosos; y toda experiencia nueva, aunque sean positivas, les provocan excitación y ansiedad desmedida. Muy pocas veces demuestran alegría o placer, se los ve siempre frustrados y tristes, además tienen sentimientos de fracaso y vergüenza frente a sus problemas de aprendizaje, además de tener una mala imagen de sí mismo, percibe el mundo como amenazante y poco seguro.
En la adultez, pueden presentar cuadros depresivos; ya que se ha constatado que una de las causas principales de la depresión es la de privación afectiva durante la infancia, la cual puede ser encubierta con otros trastornos de conducta.
Los niños que desde la edad escolar son maltratados psicológicamente, son más propensos a mostrar retrasos en el desarrollo del conocimiento que los niños no maltratados. Este fracaso se ha atribuido a la falta de estimulación temprana y a la descalificación a la que son sometidos permanente por los padres que se preocupan excesivamente de su conducta y de obediencia, en menoscabo de las necesidades exploratorias y de estimulación que son necesarias para su desarrollo.
Los niños que son expuestos a maltrato verbal, cohíben poco a poco sus manifestaciones y suprimen aspectos de la conducta interpersonal, lo que explicaría la lentitud de adquirir competencias cognitivas.
Estudios realizados han revelado déficit en el rendimiento escolar y en el nivel intelectual de los niños maltratados física y psicológicamente, encontrándose diferencias promedios de 20 a 40 puntos menos en el coeficiente intelectual, que el de los niños que no han sido maltratados, a veces demuestran un retraso de dos ó más años en la habilidad verbal.
CONCLUSIÓN:
Estas situaciones de maltrato psicológico, obliga a los niños a utilizar una gran cantidad de energía psicológica para desarrollar mecanismos de adaptación, como por ejemplo en las relaciones interpersonales caracterizadas por la dependencia y el rechazo, ésta aparece por la indiferencia de los padres, por lo que el niño puede convertirse en un ser muy dependiente de los signos de afecto de cualquier adulto, llamando su atención para procurarse un poco de afecto, exponiéndose permanentemente al peligro del abuso sexual o del rechazo. Cuando logra la atención del adulto, esta dependencia se transforma en retirada, para protegerse del sufrimiento que puede conllevar un nuevo abandono. Así, estos niños dejan paulatinamente de buscar afecto y congelan sus emociones, negándose la posibilidad de mantener relaciones afectivas cálidas y duraderas en el transcurso de su vida.
PREVENCIÓN EN LAS ESCUELAS
Los Maestros de Escuelas pueden y deben tomarse la tarea de actuar en la prevención del Maltrato Infantil tomando conocimiento, en primera medida, de todas las Leyes que existen en nuestro País, para la Prevención de la Violencia Familiar y por sobre todo la Protección de todos los Derechos del Niño.
Puede hacerlo mediante tareas de PREVENCIÓN PRIMARIA dirigidas a padres y alumnos a fin de evitar el maltrato, debiendo promover y difundir valores y conductas que contrarresten la cultura de la violencia. Buscando la reflexión entre docentes sobre las propias ideas, acciones y estructuras relacionadas al maltrato infantil que permitan descubrir y superar estereotipos o actitudes rígidas sobre la temática del maltrato.
Es conveniente la continua capacitación para identificar los casos de maltrato, para abordar esta problemática y para evaluar la mejor derivación o denuncia a los Organismos Gubernamental ú Organizaciones No Gubernamentales que se dediquen a la tareas de luchar contra la acción de estas situaciones en favor de los niños.
Si los Maestros no toman acciones directas para prevenir, estarían incurriendo en NEGLIGENCIA siendo coparticipes de los Maltratos realizados por los Adultos.
Las Maestros de Escuelas pueden desarrollar las siguientes Líneas de Trabajo con los niños y sus familias :
Realizar tareas de sensibilización y capacitación sobre las necesidades evolutivas de los niños.
Realizar talleres reflexivos con los padres sobre los mecanismos de control y resolución de conflictos en la educación Infantil.
Desarrollar acciones de difusión y sensibilización entre los niños, las familias y la comunidad acerca de los derechos especiales que asisten a la infancia.
Sensibilizar a la población en general, y particularmente a los padres y madres sobre las consecuencias asociadas al castigo físico y proporcionar pautas de educación positivas.
Articular con la currícula, actividades dirigidas a revisar críticamente la aceptación de la violencia, la discriminación y los modelos estereotipados sobre la crianza de los hijos.
Estimular por todos los medios, la confianza y la autoestima de los niños/as.
Para desarrollar con éxito la función preventiva, la escuela como institución debe ser capaz de revisar sus propias actitudes hacia el control de las conductas de los niños y adolescentes.
Ofrecer a los alumnos el espacio y las oportunidades para experimentar formas no violentas de resolución de los conflictos. Las asambleas, los consejeros del aula y todo medio que estimule la participación democrática en la vida escolar, pueden ser buenos recursos.
Campañas de difusión y educación a todos aquellos que trabajan con niños o sus familias, que expliquen la firme relación entre el alcoholismo y el Maltrato Infantil.
Cursos de capacitación interdisciplinarios, entre los técnicos y profesionales que puedan reconocer y asesorar sobre las mejores alternativas para su abordaje
Etiquetas:
maltrato infantil
lunes, 26 de octubre de 2009
Del Filosofo Alejandro Rozichmer
De una revista me mandaron estas preguntas para una nota sobre el tema:
1-¿Por qué crees que es importante confiar en uno mismo?
Quien tiene la confianza bien puesta ni siquiera es que confie en si mismo, vive ese factor como una relación plena con el mundo, siente que la realidad es consistente y actúa en ella. La referencia a sí mismo es secundaria, tal vez señal de que la confianza falta.
2-¿Quien no confía es inseguro, o son dos sensaciones diferentes?
Nadie es absolutamente seguro ni perfecto en su decisión. Estas son palabras que sirven para plantear el tema de la superación del decaimiento, el de la aceptación del horizonte personal como central, para poder atravesar las dificultades y seguir avanzando. Todos tenemos zozobras, pero algunos tienden a superarlas más fácilmente.
3-¿Qué pasa cuando uno se equivoca, sigue su instinto y falla? ¿Qué debe replantearse?
Depende: la estrategia de crecimiento, la validez del deseo, la capacidad para hacerse responsable, la de eliminar las opiniones ajenas cuando estas representan un freno o una limitación no atendible.
4- ¿Cómo se construye la confianza en uno mismo?
Básicamente a través del amor que nos hayan tenido de chicos. Eso es lo que nos enseña a tolerar las dificultades sin sentirnos morir. Después, siendo capaz de la responsabilidad respecto de los propios deseos. Haciendose cargo, impidiendo el truco de la victimización y sabiendo que los riesgos y los errores con siempre parcialmente inevitables.
Cuando de repente me doy cuenta de que tengo tres hijos, y recuerdo sus caritas, sus palabras, sus gestitos y actitudes, siento que el fondo de la existencia es más lindo. El horizonte es más cálido. ¿Cómo llegué a tanto?
Los chicos, ya lo dije, son carne de fotos. Este es el menor, Félix. Y poner estas fotos es un acto de justicia, porque es al que menos bola le doy. Estoy más enganchado con los grandes, con los que ya se puede charlar y hacer programas. Pero Félix es una belleza llena de fuerza y con una buena onda increíble.
Verlo asi me sabe a Gloria. Y la Gloria, concepto religioso que también es un concepto vital, se me conecta con Bach, por eso, aquí abajo, una de las obras de Bach que más difruté en mi vida: La pasión según San Mateo (Goretti). Es la música de estas imágenes. Prendan el video y después miren las fotos. Una persona nueva frente al mundo. Frente a un mundo increíble y sensacional. (Yo no creo en dios, pero sí en Bach, y en Félix).
De una revista me mandaron estas preguntas para una nota sobre el tema:
1-¿Por qué crees que es importante confiar en uno mismo?
Quien tiene la confianza bien puesta ni siquiera es que confie en si mismo, vive ese factor como una relación plena con el mundo, siente que la realidad es consistente y actúa en ella. La referencia a sí mismo es secundaria, tal vez señal de que la confianza falta.
2-¿Quien no confía es inseguro, o son dos sensaciones diferentes?
Nadie es absolutamente seguro ni perfecto en su decisión. Estas son palabras que sirven para plantear el tema de la superación del decaimiento, el de la aceptación del horizonte personal como central, para poder atravesar las dificultades y seguir avanzando. Todos tenemos zozobras, pero algunos tienden a superarlas más fácilmente.
3-¿Qué pasa cuando uno se equivoca, sigue su instinto y falla? ¿Qué debe replantearse?
Depende: la estrategia de crecimiento, la validez del deseo, la capacidad para hacerse responsable, la de eliminar las opiniones ajenas cuando estas representan un freno o una limitación no atendible.
4- ¿Cómo se construye la confianza en uno mismo?
Básicamente a través del amor que nos hayan tenido de chicos. Eso es lo que nos enseña a tolerar las dificultades sin sentirnos morir. Después, siendo capaz de la responsabilidad respecto de los propios deseos. Haciendose cargo, impidiendo el truco de la victimización y sabiendo que los riesgos y los errores con siempre parcialmente inevitables.
Cuando de repente me doy cuenta de que tengo tres hijos, y recuerdo sus caritas, sus palabras, sus gestitos y actitudes, siento que el fondo de la existencia es más lindo. El horizonte es más cálido. ¿Cómo llegué a tanto?
Los chicos, ya lo dije, son carne de fotos. Este es el menor, Félix. Y poner estas fotos es un acto de justicia, porque es al que menos bola le doy. Estoy más enganchado con los grandes, con los que ya se puede charlar y hacer programas. Pero Félix es una belleza llena de fuerza y con una buena onda increíble.
Verlo asi me sabe a Gloria. Y la Gloria, concepto religioso que también es un concepto vital, se me conecta con Bach, por eso, aquí abajo, una de las obras de Bach que más difruté en mi vida: La pasión según San Mateo (Goretti). Es la música de estas imágenes. Prendan el video y después miren las fotos. Una persona nueva frente al mundo. Frente a un mundo increíble y sensacional. (Yo no creo en dios, pero sí en Bach, y en Félix).
domingo, 18 de octubre de 2009
LA MADRE, LA MEJOR OBRA DE DIOS
Dios que estaba ocupado en crear a las madres, llevaba ya seis días trabajando horas extraordinarias, cuando un ángel se le presentó y le dijo:“TE AFANAS DEMASIADO SEÑOR”.
El Señor repuso: pero no te das cuenta que esta criatura tiene que ser lavable de pies a cabeza, sin ser de plástico y que tiene que llevar cien piezas movibles, todas reemplazables funcionar a base de café negro y de las sobras de comida, que tiene que poseer un regazo capaz de desaparecer cuando se ponga de pie, un beso capaz de curar todo, desde una pierna rota hasta un amor frustrado y tener seis pares de manos
Y el ángel confundido observó: ¿Seis pares de manos Señor? ¡Eso no es posible! no son las manos el problema, agregó el Señor, sino los tres pares de ojos
¿Y eso es para el modelo normal? Preguntó el ángel.
Y el Señor le explicó: uno para ver a través de la puerta siempre que pregunte ¿niños, que están haciendo ahí adentro? Aunque ya lo sepa muy bien; otro detrás de la cabeza para ver lo que más le
valiera ignorar, pero que precisa saber; y desde luego los de adelante, para mirar a un niño en apuros y decirle, sin pronunciar siquiera una palabra: “te entiendo hijo y te quiero mucho”.
El ángel le tiró de la manga y advirtió mansamente: vale más que te vayas a la cama señor, mañana será otro día.
... No puedo... y además creo que me falta poco. dijo el Señor agregando:
ya hice una que se cura por si sola cuando enferma; que es capaz de alimentar a una familia con un poco de frijol y de persuadir a un niño de cuatro años que se esté quieto mientras lo baña.
Lentamente, el ángel dio la vuelta en torno a uno de los modelos maternales diciendo: me parece demasiado delicada, comentó con un suspiro.
Pero es muy resistente aseguró Dios emocionado, no tienes idea de lo que es capaz de hacer y sobrellevar.
¿Podrá pensar? preguntó el ángel.
Claro, y razonar también, respondió el Señor.
Por último el ángel se inclinó y pasó un dedo por la mejilla del modelo, diciendo: ¡tiene una fuga!
y dijo Dios: no es una fuga, es una lágrima.
¿Y... para qué sirve? Dijo el ángel.
Para expresar gozo, aflicción, desengaño, pesadumbre, soledad y orgullo.
Eres un genio Señor, comentó el ángel.
Y Dios, con un perfil de tristeza observó y dijo: “yo no se la puse.”
Dios que estaba ocupado en crear a las madres, llevaba ya seis días trabajando horas extraordinarias, cuando un ángel se le presentó y le dijo:“TE AFANAS DEMASIADO SEÑOR”.
El Señor repuso: pero no te das cuenta que esta criatura tiene que ser lavable de pies a cabeza, sin ser de plástico y que tiene que llevar cien piezas movibles, todas reemplazables funcionar a base de café negro y de las sobras de comida, que tiene que poseer un regazo capaz de desaparecer cuando se ponga de pie, un beso capaz de curar todo, desde una pierna rota hasta un amor frustrado y tener seis pares de manos
Y el ángel confundido observó: ¿Seis pares de manos Señor? ¡Eso no es posible! no son las manos el problema, agregó el Señor, sino los tres pares de ojos
¿Y eso es para el modelo normal? Preguntó el ángel.
Y el Señor le explicó: uno para ver a través de la puerta siempre que pregunte ¿niños, que están haciendo ahí adentro? Aunque ya lo sepa muy bien; otro detrás de la cabeza para ver lo que más le
valiera ignorar, pero que precisa saber; y desde luego los de adelante, para mirar a un niño en apuros y decirle, sin pronunciar siquiera una palabra: “te entiendo hijo y te quiero mucho”.
El ángel le tiró de la manga y advirtió mansamente: vale más que te vayas a la cama señor, mañana será otro día.
... No puedo... y además creo que me falta poco. dijo el Señor agregando:
ya hice una que se cura por si sola cuando enferma; que es capaz de alimentar a una familia con un poco de frijol y de persuadir a un niño de cuatro años que se esté quieto mientras lo baña.
Lentamente, el ángel dio la vuelta en torno a uno de los modelos maternales diciendo: me parece demasiado delicada, comentó con un suspiro.
Pero es muy resistente aseguró Dios emocionado, no tienes idea de lo que es capaz de hacer y sobrellevar.
¿Podrá pensar? preguntó el ángel.
Claro, y razonar también, respondió el Señor.
Por último el ángel se inclinó y pasó un dedo por la mejilla del modelo, diciendo: ¡tiene una fuga!
y dijo Dios: no es una fuga, es una lágrima.
¿Y... para qué sirve? Dijo el ángel.
Para expresar gozo, aflicción, desengaño, pesadumbre, soledad y orgullo.
Eres un genio Señor, comentó el ángel.
Y Dios, con un perfil de tristeza observó y dijo: “yo no se la puse.”
Etiquetas:
LA MADRE,
LA MEJOR OBRA DE DIOS
sábado, 17 de octubre de 2009
NANAS PARA MI MADRE
Quiero dormir de nuevo, en tu regazo,
que tus nanas cantes bajito
y me merzas, muy despacio.
Que me sienta protegido
por tu sonrisa, tus mimos
y tus inmensos abrazos.
Que tus besos sonoros
resuenen sobre mi cara,
y me digas: “-Bunas noches,
que duermas bien, hasta mañana.”
Hoy seré yo quien te merza
te acurruque y cante nanas,
dándote los buenos días
con la primera luz de la mañana.
Estrellaré mis besos dulces
los más dulces sobre tu cara.
Acompañados de un
“mamá te quiero”
y serán mis brazos
tu tierna almohada.
Por que
hoy seré yo quien te merza
te acurruque y cante nanas.
que tus nanas cantes bajito
y me merzas, muy despacio.
Que me sienta protegido
por tu sonrisa, tus mimos
y tus inmensos abrazos.
Que tus besos sonoros
resuenen sobre mi cara,
y me digas: “-Bunas noches,
que duermas bien, hasta mañana.”
Hoy seré yo quien te merza
te acurruque y cante nanas,
dándote los buenos días
con la primera luz de la mañana.
Estrellaré mis besos dulces
los más dulces sobre tu cara.
Acompañados de un
“mamá te quiero”
y serán mis brazos
tu tierna almohada.
Por que
hoy seré yo quien te merza
te acurruque y cante nanas.
viernes, 16 de octubre de 2009
Madres ejemplares
Beata Ana maria taigi
Nació en Sena de Toscana. Vivió en humilde sencillez, atendiendo a un hogar pobre y con siete hijos, viéndose obligada en varias ocasiones a sostener la casa con sus labores de costura, cuando su esposo perdió su trabajo. Fue una mujer de luces extraordinarias y rodeada de maravillosos carismas y dones extraordinarios.
El Cardenal Pedicini refiere a su declaración jurada acerca de los portentos que él presenció en esa mujer extraordinaria, y que pueden ser consultados en el proceso de su beatificación.
Dice el citado Cardenal que Ana María Taigi veía los pensamientos más secretos de las personas presentes o ausentes; los acontecimientos de los siglos pasados, y la vida que llevaban los más importantes personajes.
Podría decirse que este don era omnisciente, era el conocimiento de todas las cosa en Dios, en la medida que la inteligencia humana es capaz de conocerlo en esta vida. Y agrega el Cardenal: "Me siento impotente para descubrir las maravillas de quien fui confidente durante 30 años".
El decreto de beatificación la señala como: "Prodigio único en los fastos de la Santidad
Santas Felicidad y Perpetua (año 203) Todos los Recursos Estas dos santas murieron martirizadas en Cartago (África) el 7 de marzo del año 203.
Perpetua era una joven madre, de 22 años, que tenía un niñito de pocos meses. Pertenecía a una familia rica y muy estimada por toda la población. Mientras estaba en prisión, por petición de sus compañeros mártires, fue escribiendo el diario de todo lo que le iba sucediendo.
--------------------------------------------------------------------------------
Felicidad era una esclava de Perpetua. Era también muy joven y en la prisión dio a luz una niña, que después los cristianos se encargaron de criar muy bien.
Las acompañaron en su martirio unos esclavos que fueron apresados junto a ellas, y su catequista, el diácono Sáturo, que las había instruido en la religión y las había preparado para el bautismo. A Sáturo no lo habían apresado, pero él se presentó voluntariamente.
Los antiguos documentos que narran el martirio de estas dos santas, eran inmensamente estimados en la antigüedad, y San Agustín dice que se leían en las iglesias con gran provecho para los oyentes. Esos documentos narran lo siguiente.
El año 202 el emperador Severo mandó que los que siguieran siendo cristianos y no quisieran adorar a los falsos dioses tenían que morir.
Perpetua estaba celebrando una reunión religiosa en su casa de Cartago cuando llegó la policía del emperador y la llevó prisionera, junto con su esclava Felicidad y los esclavos Revocato, Saturnino y Segundo.
Dice Perpetua en su diario: "Nos echaron a la cárcel y yo quedé consternada porque nunca había estado en un sitio tan oscuro. El calor era insoportable y estábamos demasiadas personas en un subterráneo muy estrecho. Me parecía morir de calor y de asfixia y sufría por no poder tener junto a mí al niño que era tan de pocos meses y que me necesitaba mucho. Yo lo que más le pedía a Dios era que nos concediera un gran valor para ser capaces de sufrir y luchar por nuestra santa religión".
Afortunadamente al día siguiente llegaron dos diáconos católicos y dieron dinero a los carceleros para que pasaran a los presos a otra habitación menos sofocante y oscura que la anterior, y fueron llevados a una sala a donde por lo menos entraba la luz del sol,y no quedaban tan apretujados e incómodos. Y permitieron que le llevaran al niño a Perpetua, el cual se estaba secando de pena y acabamiento. Ella dice en su diario: "Desde que tuve a mi pequeñín junto a mí, y a aquello no me parecía una cárcel sino un palacio, y me sentía llena de alegría. Y el niño también recobró su alegría y su vigor". Las tías y la abuelita se encargaron después de su crianza y de su educación.
El jefe del gobierno de Cartago llamó a juicio a Perpetua y a sus servidores. La noche anterior Perpetua tuvo una visión en la cual le fue dicho que tendrían que subir por una escalera muy llena de sufrimientos, pero que al final de tan dolorosa pendiente, estaba un Paraíso Eterno que les esperaba. Ella narró a sus compañeros la visión que había tenido y todos se entusiasmaron y se propusieron permanecer fieles en la fe hasta el fin.
Primero pasaron los esclavos y el díacono. Todos proclamaron ante las autoridades que ellos eran cristianos y que preferían morir antes que adorar a los falsos dioses.
Luego llamaron a Perpetua. El juez le rogaba que dejara la religión de Cristo y que se pasara a la religión pagana y que así salvaría su vida. Y le recordaba que ella era una mujer muy joven y de familia rica. Pero Perpetua proclamó que estaba resuelta a ser fiel hasta la muerte, a la religión de Cristo Jesús. Entonces llegó su padre (el único de la familia que no era cristiano) y de rodillas le rogaba y le suplicaba que no persistiera en llamarse cristiana. Que aceptara la religión del emperador. Que lo hiciera por amor a su padre y a su hijito. Ella se conmovía intensamente pero terminó diciéndole: ¿Padre, cómo se llama esa vasija que hay ahí en frente? "Una bandeja", respondió él. Pues bien: "A esa vasija hay que llamarla bandeja, y no pocillo ni cuchara, porque es una bandeja. Y yo que soy cristiana, no me puedo llamar pagana, ni de ninguna otra religión, porque soy cristiana y lo quiero ser para siempre".
Y añade el diario escrito por Perpetua: "Mi padre era el único de mi familia que no se alegraba porque nosotros íbamos a ser mártires por Cristo".
El juez decretó que los tres hombres serían llevados al circo y allí delante de la muchedumbre serían destrozados por las fieras el día de la fiesta del emperador, y que las dos mujeres serían echadas amarradas ante una vaca furiosa para que las destrozara. Pero había un inconveniente: que Felicidad iba a ser madre, y la ley prohibía matar a la que ya iba a dar a luz. Y ella sí deseaba ser martirizada por amor a Cristo. Entonces los cristianos oraron con fe, y Felicidad dio a luz una linda niña, la cual le fue confiada a cristianas fervorosas, y así ella pudo sufrir el martirio. Un carcelero se burlaba diciéndole: "Ahora se queja por los dolores de dar a luz. ¿Y cuando le lleguen los dolores del martirio qué hará? Ella le respondió: "Ahora soy débil porque la que sufre es mi pobre naturaleza. Pero cuando llegue el martirio me acompañará la gracia de Dios, que me llenará de fortaleza".
A los condenados a muerte se les permitía hacer una Cena de Despedida. Perpetua y sus compañeros convirtieron su cena final en una Cena Eucarística. Dos santos diáconos les llevaron la comunión, y después de orar y de animarse unos a otros se abrazaron y se despidieron con el beso de la paz. Todos estaban a cual de animosos, alegremente dispuestos a entregar la vida por proclamar su fe en Jesucristo.
A los esclavos los echaron a las fieras que los destrozaron y ellos derramaron así valientemente su sangre por nuestra religión.
Antes de llevarlos a la plaza los soldados querían que los hombres entraran vestidos de sacerdotes de los falsos dioses y las mujeres vestidas de sacerdotisas de las diosas de los paganos. Pero Perpetua se opuso fuertemente y ninguno quiso colocarse vestidos de religiones falsas.
El diácono Sáturo había logrado convertir al cristianismo a uno de los carceleros, llamado Pudente, y le dijo: "Para que veas que Cristo sí es Dios, te anuncio que a mí me echarán a un oso feroz, y esa fiera no me hará ningún daño". Y así sucedió: lo amarraron y lo acercaron a la jaula de un oso muy agresivo. El feroz animal no le quiso hacer ningún daño, y en cambio sí le dio un tremendo mordisco al domador que trataba de hacer que se lanzara contra el santo diácono. Entonces soltaron a un leopardo y éste de una dentellada destrozó a Sáturo. Cuando el diácono estaba moribundo, untó con su sangre un anillo y lo colocó en el dedo de Pudente y este aceptó definitivamente volverse cristiano.
A Perpetua y Felicidad las envolvieron dentro de una malla y las colocaron en la mitad de la plaza, y soltaron una vaca bravísima, la cual las corneó sin misericordia. Perpetua únicamente se preocupaba por irse arreglando los vestidos de manera que no diera escándalo a nadie por parecer poco cubierta. Y se arreglaba también los cabellos para no aparecer despeinada como una llorona pagana. La gente emocionada al ver la valentía de estas dos jóvenes madres, pidió que las sacaran por la puerta por donde llevaban a los gladiadores victoriosos. Perpetua, como volviendo de un éxtasis, preguntó: ¿Y dónde está esa tal vaca que nos iba a cornear?
Pero luego ese pueblo cruel pidió que las volvieran a traer y que les cortaran la cabeza allí delante de todos. Al saber esta noticia, las dos jóvenes valientes se abrazaron emocionadas, y volvieron a la plaza. A Felicidad le cortaron la cabeza de un machetazo, pero el verdugo que tenía que matar a Perpetua estaba muy nervioso y equivocó el golpe. Ella dio un grito de dolor, pero extendió bien su cabeza sobre el cepo y le indicó al verdugo con la mano, el sitio preciso de su cuello donde debía darle el machetazo. Así esta mujer valerosa hasta el último momento demostró que si moría mártir era por su propia voluntad y con toda generosidad.
Estas dos mujeres, la una rica e instruida y la otra humilde y sencilla sirvienta, jóvenes esposas y madres, que en la flor de la vida prefirieron renunciar a los goces de un hogar, con tal de permanecer fieles a la religión de Jesucristo, ¿qué nos enseñarán a nosotros? Sacrificaron un medio siglo que les podía quedar de vida en esta tierra y llevan más de 17 siglos gozando en el Paraíso eterno.
Santa Mónica Madre de San Agustín (año 387) Todos los Recursos Santa Mónica: Sigue rogando por las madres y por sus hijos, por las esposas y sus maridos y por todos los pobres pecadores que necesitamos convertirnos.
Mónica significa dedicada a la oración y a la vida espiritual.
Santa Mónica es famosa por haber sido la madre de San Agustín y por haber logrado la conversión de su hijo.
Mónica nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332. Sus padres encomendaron la formación de sus hijas a una mujer muy religiosa pero de muy fuerte disciplina.
Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad (como su nombre lo indica) pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamado Patricio. Este era un buen trabajador, pero terriblemente malgeniado, y además mujeriego, jugador y sin religión ni gusto por lo espiritual.
La hizo sufrir lo que no está escrito y por treinta años ella tuvo que aguantar los tremendos estallidos de ira de su marido que gritaba por el menor disgusto, pero éste jamás se atrevió a levantar la mano contra ella.
Tuvieron tres hijos: dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por docenas de años.
Fórmula para no pelear
En aquella región del norte de África, donde las personas eran sumamente agresivas, las demás esposas le preguntaban a Mónica porqué su esposo era uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, pero no la golpeaba nunca, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondió: "Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando el grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto la pelea, pues....no peleamos". Esta fórmula se ha hecho célebre en el mundo y ha servido a millones de mujeres para mantener la paz en la casa.
Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande con los pobres, nunca se oponía a que ella se dedicara a estas buenas obras. y quizás por eso mismo logró su conversión. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo lo hiciera la suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado la vida a la pobre Mónica. Un año después de su bautismo, murió santamente Patricio, dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor.
Patricio y Mónica se habían dado cuenta de que su hijo mayor era extraordinariamente inteligente, y por eso lo enviaron a la capital del estado, la ciudad de Cartago, a estudiar filosofía, literatura y oratoria. Pero Agustín tuvo la desgracia de que su padre no se interesaba por sus progresos espirituales. Solo le importaba que sacara buenas notas, que brillara en las fiestas sociales y que sobresaliera en los ejercicios físicos, pero acerca de la salvación de su alma, no se interesaba ni le ayudaba en nada. Y esto fue fatal para él, pues fue cayendo de mal en peor en pecados y errores.
Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez peores, de que el joven llevaba una vida poco santa. En una enfermedad, ante el temor a la muerte, se hizo instruir acerca de la religión y propuso hacerse católico, pero al ser sanado de la enfermedad abandonó el propósito de hacerlo. Finalmente, se hizo socio de una secta llamada de los Maniqueos, que afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino el Diablo. Mónica que era bondadosa pero no cobarde, ni floja, al volver su hijo de vacaciones y empezar a oírle mil barbaridades contra la verdadera religión, lo echó sin más de la casa y le cerró las puertas, porque bajo su techo no quería albergar a enemigos de Dios.
Una visión
Pero sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en el que vio que ella estaba en un bosque llorando por la pérdida espiritual de su hijo y que en ese momento se le acercaba un personaje muy resplandeciente y le decía :"tu hijo volverá contigo " y enseguida vio a Agustín junto a ella. Le narró al muchacho el sueño tenido y él dijo, lleno de orgullo, que eso significaba que ella se iba a volver maniqueísta como él. Pero ella le respondió: "En el sueño no me dijeron, mamá ira a donde su hijo, sino tu hijo volverá contigo". Esta hábil respuesta impresionó mucho a su hijo, quien más tarde la consideraba como una inspiración del cielo. Esto sucedió en el año 437.
Faltaban 9 años para que Agustín se convirtiera.
Por muchos siglos ha sido muy comentada la bella respuesta que un obispo le dio a Mónica cuando ella le contó que llevaba años y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes y amigos por la conversión de Agustín. El obispo le respondió : "Esté tranquila, es imposible que se pierda el Hijo de tantas lágrimas". Esta admirable respuesta y lo que había oído en el sueño, la llenaban de consuelo y esperanza, a pesar de que Agustín no daba la menor señal de arrepentimiento.
Cuando tenía 29 años, el joven decidió ir a Roma a dar clases. Ya era todo un doctor. Mamá se propuso irse con él para librarlo de todos los peligros morales. Pero Agustín le hizo una jugada tramposa ( de la cual se arrepintió mucho más tarde ) Al llegar junto al mar le dijo a Mónica que se fuera a rezar a un templo, mientras iba a visitar a un amigo, y lo que hizo fue subirse al barco y salir rumbo a Roma, dejándola sola, pero Mónica no era mujer débil para dejarse derrotar tan fácilmente. Tomó otro barco y se dirigió a Roma.
La conversión del hijo
En Milán; Mónica se encontró con el Santo más famoso de la época, San Ambrosio, arzobispo de esa ciudad. En él se encontró un verdadero padre lleno de bondad y de sabiduría que la fue guiando con prudentes consejos. Además, Agustín se quedó impresionado por su enorme sabiduría y la poderosa personalidad de San Ambrosio y empezó a escucharle con profundo cariño y a cambiar sus ideas y entusiasmarse por la fe católica.
Y sucedió que en el año 387, Agustín, al leer unas frases de San Pablo sintió una impresión extraordinaria y se propuso cambiar de vida. Envió lejos a la mujer con la cual vivía en unión libre, dejó sus vicios y malas costumbres. Se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar.
Agustín, ya convertido, dispuso volver con su madre y su hermano, a su tierra, en el Africa, y se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que anhelaba es esta vida, que era ver la conversión de su hijo. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, por la noche al ver el cielo estrellado platicando con Agustín acerca de como serán las alegrías que tendrían en el cielo ambos se emocionaban comentando y meditando los goces celestiales que los podían esperar. En determinado momento exclamó entusiasmada: "¿Y a mí que más me puede amarrar a la tierra ? Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano católico. Todo lo que deseaba lo he conseguido de Dios". Poco después le invadió una fiebre, y en pocos días se agravó y murió. Lo único que pidió a sus dos hijos es que no dejaran de rezar por el descanso de su alma. Murió en el año 387 a los 55 años de edad.
Miles de madres y de esposas se han encomendado en todos estos siglos a Santa Mónica, para que les ayude a convertir a sus esposos e hijos, y han conseguido conversiones admirables.
Santa Rita de Casia (1381-1457)
Todos los Recursos Por siglos Santa Rita de Casia (1381-1457) ha sido una de las Santas más populares en la Iglesia Católica. Ella es conocida como la "Santa de lo Imposible" por sus impresionantes respuestas a las oraciones, como también por los notables sucesos de su propia vida.
Santa Rita quería ser monja, pero por obedecer a sus padres, se casó. Su esposo le causo muchos sufrimientos, pero ella devolvió su crueldad con oración y bondad. Con el tiempo él se convirtió, llegando a ser considerado y temeroso de Dios. Pero Santa Rita tuvo que soportar un gran dolor cuando su esposo fue asesinado.
Santa Rita descubrió después que sus dos hijos estaban pensando en vengar el asesinato del padre. Ella temía que pusieran sus deseos en efecto de acuerdo con la maliciosa costumbre de la venganza. Con un amor heroico por sus almas, ella le suplicó a Dios que se los llevara de esta vida antes de permitirlos cometer este gran pecado. No mucho tiempo más tarde ambos murieron después de prepararse para encontrarse con Dios.
Sin su esposo e hijos, Santa Rita se entregó a la oración, penitencia y obras de caridad. Después de un tiempo ella aplicó para ser admitida al Convento Agustiniano en Casia.
Ella no fue aceptada, pero después de orarle a sus tres especiales santos patronos - San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino - milagrosamente entró al convento y fue permitida a quedarse. Esto sucedió alrededor del año 1411.
En el convento, la vida de Santa Rita fue marcada por su gran caridad y severas penitencias. Sus oraciones obtuvieron para otros, curas notables, liberación del demonio y otros favores especiales de Dios para que ella pudiera compartir en el dolor de Su Corona de Espinas, Nuestro Señor dio a Santa Rita una herida de espina en su frente. Fue muy dolorosa y expelía un olor desagradable, pero ella lo consideraba una gracia divina. Ella oraba "Oh amado Jesús, aumenta mi paciencia en la medida que aumentan mis sufrimientos". La herida duró por el resto de su vida.
Santa Rita falleció un 22 de mayo de 1457 a la edad de 76 años. La gente se agolpó al convento a pagar sus últimos respetos. Innumerables milagros tuvieron lugar a través de su intercesión, y la devoción hacia ella se extendió a lo largo y a lo ancho. El cuerpo de Santa Rita fue conservado perfecto por varios siglos, y a veces daba una fragancia dulce. En la ceremonia de beatificación, el cuerpo de la Santa se elevó y abrió sus ojos.
Dios ha escuchado las oraciones de Santa Rita por otros en innumerables ocasiones, y ciertamente ella estará feliz de interceder una vez más, a nombre de aquellos que le ruegan a ella ahora - para continuar percibiendo la verdad de su gran nombre.
Santa Isabel de Hungría (1207-1231)* Todos los Recursos Sobre la dura corteza espiritual de la Edad Media, hendida por la gracia de Dios, brotó una de las flores más delicadas de la Cristiandad: Santa Isabel de Hungría. Nació en el año 1207 en uno de los castillos -Saróspatak o Posonio- de su padre, Andrés II, rey de Hungría, que la hubo de su primera mujer, Gertrudis, hija de Bertoldo IV, el cual llevaba en sus venas sangre de Bela I, también rey de Hungría, por lo que la princesita Isabel vino a ser el más preciado florón de la estirpe real húngara.
Abrió la princesita sus ojos a la luz en un ambiente de lujo y abundancia que, por divino contraste, fue despertando en su sensible corazón ansias de evangélica pobreza. Desde su privilegiado puesto en la corte descendía, desde muy niña, para buscar a los menesterosos, y los regalos que recibía de sus padres pasaban muy pronto a manos de los pobres. En balde la vestían conforme a su rango principesco, porque aprovechaba el menor descuido para quitarse las sedas y brocados, dárselos a los pobres y volver a palacio con los harapos de la más miserable de sus amiguitas.
Conforme a las costumbres de la época, fue prometida en su más tierna edad a Luis, hijo de Herman I, margrave de Turingia. Este compromiso matrimonial tenía, sin duda, la finalidad política de afianzar la alianza de ambos países contra el rey Felipe de Suabia.
Un buen día de primavera -1213-, cuando los campos se desperezaban del gélido sueño invernal, se presentó en el castillo de Posonio una embajada turingia para recoger a la prometida de su príncipe heredero. El rey de Hungría, entonces en la cumbre del poder y riqueza de la dinastía, dotó generosamente a su hija diciendo a los emisarios:
«Saludo a vuestro señor y ruego se contente de momento con estas pobres prendas, que, si Dios me da vida, completaré con mayores riquezas». Y revistiendo con palabras tan modestas su jactanciosa exhibición, hizo sacar un cúmulo de tesoros que dejaron admirados a los compromisarios, poco acostumbrados a tales galas en la abrupta y dura comarca de Turingia. El matrimonio tuvo lugar en el año 1221, es decir, al cumplir Isabel sus catorce años, en Wartburg de Turingia. Y de esta manera la princesa, nacida en un país lleno de sol y de abundancia como era Hungría, vino a parar a la dura y pobre tierra germánica.
La pobreza del pueblo estimuló más aún la caridad de la princesa Isabel. Todo le parecía poco para remediar a los necesitados: la plata de sus arcas, las alhajas que trajo como dote y hasta sus propios alimentos y vestidos. En cuanto podía, aprovechando las sombras de la noche, dejaba el palacio y visitaba una a una las chozas de los vasallos más pobres para llevar a los enfermos y a los niños, bajo su manto, un cántaro de leche o una hogaza de pan. Y hasta el propio manto lo entregó un día crudísimo de invierno a una pobre mendiga que temblaba de frío a la vera del camino, y cuál no sería su asombro que, al tender el armiño sobre la chepa de la anciana, vio transfigurarse aquélla en la adorable imagen de Jesucristo.
Por mucho que escondiera sus mercedes no es raro que éstas llegasen a herir a los espíritus envidiosos y mezquinos. No faltó quien acusó a la princesa ante el propio duque de estar dilapidando los caudales públicos y dejar exhaustos los graneros y almacenes. El margrave Luis quería a su esposa con delirio, pero no pudo resistir, sin duda, el acoso de sus intendentes y les pidió una prueba de su acusación.
-- Espera un poco -le dijeron- y verás salir a la señora con la faltriquera llena.
Efectivamente, poco tuvo que esperar el duque para ver a su mujer que salía, como a hurtadillas, de palacio cerrando cautelosamente la puerta. Violentamente la detuvo y la preguntó con dureza:
-- ¿Qué llevas en la falda?
-- Nada..., son rosas -contestó Isabel tratando de disculparse, sin recordar que estaba en pleno invierno-.
Y, al extender el delantal, rosas eran y no mendrugos de pan lo que Isabel llevaba, porque el Señor quiso salir fiador de la palabra de su sierva.
Parece que su suegra, la duquesa viuda Sofía, no miraba a Isabel con buenos ojos, tal vez porque las mercedes que aquélla hacía eran una acusación a su egoísmo o, simplemente, porque creyera que el cariño de Isabel, en el corazón de Luis, había desplazado al suyo. Con más o menos pasión aprovechaba cualquier oportunidad para desvirtuar a Isabel ante los ojos de su marido. Según cuenta la leyenda, volvió en cierta ocasión el margrave Luis de un largo viaje y, ansioso de abrazar a su esposa, fue a buscarla a la alcoba conyugal. Salió a su encuentro la duquesa Sofía, que había escuchado tras de la puerta voces extrañas en la alcoba, y le previno diciendo:
-- Ahora verás, hijo mío, hasta dónde llega la fidelidad de tu esposa.
Forzó la puerta el celoso marido y, al tirar de la cobertura del lecho, vio en él tendida la imagen de Cristo crucificado, en la que se había transfigurado un pobre leproso que Isabel había acostado en su lecho para curarle las llagas.
El celo de los pobres, en los que ella veía siempre la imagen trasunta de Cristo, fue espiritualizando cada vez más su vida. Su alma generosa se asomaba a sus ojos negros y profundos, que brillaban como candelas de amor en las sombrías casuchas de los pobres de Wartburgo. Por muy severas que fuesen sus penitencias, Isabel las recubría con cariño y donaire para no perder el encanto natural ante los ojos de su enamorado esposo. Pero no pudo, en cambio, conciliar su espíritu franciscano con la frivolidad de la vida cortesana.
Bajo la influencia de su confesor, extremadamente severo, Conrado de Marburgo, que la prohibió incluso probar ciertos manjares, Isabel vino a ser una viviente acusación contra una corte un tanto licenciosa, que empezó a conspirar contra la princesa extranjera.
Mientras su marido fue su amparo, nada tuvo que temer la princesa Isabel, pero llegó un día en que en los oídos del príncipe Luis sonó, como llamada irresistible, el clarín convocando a cruzada en nombre de Federico II. Isabel no quiso ser un obstáculo en el camino del príncipe cristiano que ofrecía su lanza para rescatar el Santo Sepulcro. Ya su padre, el rey Andrés II, había regresado sobreviviente de la quinta cruzada, y cada vez era más difícil vencer la desilusión y la indiferencia de los reyes y de los pueblos cristianos por coronar tan caballerosa empresa. El noble corazón de Luis se creyó, sin duda, más obligado a dar ejemplo y, dejando sola a su esposa, partió con sus caballeros, con propósito de embarcarse en Otranto para unirse a la cruzada. Pocos meses después, Isabel recibía, de manos de un emisario turingio, la cruz de su marido, que había muerto víctima de una epidemia.
Así, pues, a los veinte años -1227- la princesa Isabel quedó viuda y desamparada en una corte extranjera y hostil, y fue entonces cuando realmente empezó su calvario. Su cuñado Herman, queriendo desplazar a los hijos de Luis de la herencia del Ducado, acusó a Isabel de prodigalidad, y en verdad que ella había volcado hasta el fondo de su arca para remediar la miseria del pueblo en el temible «año del hambre» que Europa entera atravesaba. Las acusaciones de Herman encontraron eco en la corte, y la princesa Isabel, expulsada de palacio, tuvo que buscar refugio con sus tres hijos y la compañía de dos sirvientas en Marburgo, la patria de su madre. En tan difícil situación la socorrieron sus tíos, la abadesa Mectildis de Kitzingen y el obispo de Bamberg, que ya había abandonado el proyecto que tuvo de casarla de nuevo.
El pontífice Gregorio IV nombró a Conrado de Marburgo su «defensor». Los buenos oficios que éste desplegó consiguieron, por fin, que la princesa fuese indemnizada con una importante suma y se le asignasen unas posesiones en la villa de Marburgo. Pero Isabel ya nada tenía que la ligase al mundo, y solemnemente, en la iglesia de los Frailes Menores de Eisenach, renunció a sus bienes, vistió el hábito gris de la Tercera Orden y se consagró enteramente y de por vida a practicar heroicamente la caridad. Años después -1228-29- emprendió la construcción del hospital de Marburgo, cuya capilla puso bajo la advocación del Padre Seráfico, San Francisco de Asís, recientemente canonizado.
Por aquel entonces regresaban los cruzados de los Santos Lugares ardiendo en fiebres y con sus carnes maceradas por la lepra, y a ellos dedicaba Isabel sus más amorosos cuidados, en recuerdo, sin duda, de su marido, muerto muy lejos del alcance de sus manos.
Isabel, firme en su propósito de dedicar su vida a los pobres y enfermos, buscando en ellos al propio Jesucristo, rechazó una y otra vez la llamada de su padre, el rey de Hungría, que, valiéndose de nobles emisarios y hasta de la autoridad episcopal, trataba de convencerla de que regresase a su país. En cambio, acudió solícita a la llamada de su Señor, y a los veinticuatro años -1231- subió al cielo a recibir el premio merecido por haber aplicado el agua a tantos labios sedientos, curado tantas heridas ulceradas y consolado tantos corazones oprimidos.
La fama de su santidad quedó bien patente en el entierro, que conmovió toda la comarca. Poco después de su muerte, las jerarquías religiosas de tres países y Conrado de Turingia, gran maestre que fue de la Orden Teutónica, promovieron en la Santa Sede la declaración de sus heroicas virtudes, y el proceso terminó con la solemne ceremonia de la canonización el 27 de mayo de 1235 en Perusa, todavía en vida de su padre, Andrés II de Hungría. Su festividad fue fijada para el 19 de noviembre [pero, en la actualidad, se celebra el 17 del mismo mes]. Unos meses más tarde fue colocada la primera piedra de la catedral gótica de Marburgo y en ella se rindió el primer testimonio de veneración a la santa princesa por el emperador Federico II al frente de su pueblo.
Santa Isabel de Hungría ha sido erigida como Patrona de la Tercera Orden Franciscana y son muchas las congregaciones religiosas dedicadas a la caridad que llevan su nombre, y más de setenta los templos que la tienen por Patrona.
*Javier Martín Artajo, Santa Isabel de Hungría, en Año Cristiano, Tomo IV, Madrid, Ed. Católica (BAC 186), 1960, pp. 414-418
Santa Luisa de Marillac (1591-1660) Todos los Recursos Santa Luisa, nacida el año 1591, era hija de una familia noble. Huérfana de madre muy pronto, su padre le proporcionó una formación extraordinaria en todas las ramas del saber. Era también sumamente piadosa y ejemplar.
A los quince años quiso entrar en un convento de capuchinas, pero la disuadieron por su delicada salud. Muere entonces su padre, y a instancias de sus parientes se casó con el señor Le Gras. Se lee en el proceso de beatificación: "Fue un dechado de esposa cristiana. Con su bondad y dulzura logró ablandar a su marido, que era de carácter poco llevadero, dando el ejemplo de un matrimonio ideal en que todo era común, hasta la oración".
Tuvieron un hijo al que Luisa le tenía un amor sin límites. Esta experiencia maternal le serviría mucho para la futura fundación. Quedó viuda a los treinta y cuatro años. El señor Le Gras murió santamente en sus brazos. Desde entonces decidió entregarse totalmente a Dios y a las buenas obras.
Francia estaba enredada en guerras de religión en el siglo XVI. Pero en el XVII surge con fuerza una pléyade de santos, que realizan una gran tarea: Francisco de Sales, Juana Francisca, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac.
Luisa se dirigía con Francisco de Sales, que la encaminó a Vicente de Paúl. Vicente había empezado ya sus ingentes obras de misericordia, como las Caridades, asociaciones al servicio de los pobres.
Luisa pondrá en ellas el toque maternal y femenino, todo su corazón. Recorría los pueblos, reanimaba las cofradías, visitaba a los enfermos y todo quedaba renovado.
Hacían falta más brazos para atender a tantas necesidades. La miseria imperaba en ciertas regiones, donde, según informe al Parlamento "los aldeanos se ven obligados a pacer la hierba a manera de las bestias".
Vicente y Luisa no descansan. Amplían su radio de acción. Otras muchas jóvenes se unen a Luisa para atender a tantos necesitados. Después de un tiempo de noviciado, Luisa y sus compañeras pronuncian sus votos, en la fiesta de la Anunciación de 1634, fecha en que luego renovarán sus votos en todo el mundo las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.
A partir de entonces la bola de nieve se convierte en alud arrollador. Se multiplican las obras en favor de "sus señores los pobres", como gustan llamarlos. Visita a hospitales. Acogida de niños expósitos. Atención a las regiones en guerra. Se extienden a Flandes y Polonia, y luego a todo el mundo. Asilos para pobres. Establecimientos para locos y enfermos mentales. No hay dolencia sin remedio para Luisa y sus compañeras.
A principios de 1655 quedaba canónicamente erigida la Congregación de las Hijas de la Caridad. San Vicente les leyó las Reglas y les dijo: "De hoy en adelante, llevaréis el nombre de Hijas de la Caridad. Conservad este título, que es el más hermoso que podéis tener". Contrariamente a lo que ha ocurrido a otras comunidades, también nacidas para atender a los pobres, las Hijas de la Caridad han permanecido fieles a su carisma.
La actividad desarrollada por Santa Luisa era sobrehumana, a pesar de su débil constitución. Cayó agotada en el surco del trabajo el 15 de marzo de 1660. Vicente, también enfermo, no pudo acompañarla a la hora de la muerte. Le envió este recado: "Usted va delante, pronto la volveré a ver en el cielo". Vicente, cargado de buenas obras, no tardaría en acompañarla.
Los venerables restos de Santa Luisa de Marillac reposan en París, en la casa madre de la Congregación, en la misma capilla de las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa a Santa Catalina Labouré. Su fiesta se celebra cada 15 de marzo.
Santa Gianna Beretta Molla (1922-1962)
Todos los Recursos "La tendremos que someter a una intervención quirúrgica, o de lo contrario su vida está en riesgo mortal". Quizá estas fueron las palabras del médico que atendió a Gianna Beretta, una italiana, quien estando enferma de cáncer, decidió seguir adelante con el embarazo de su cuarto hijo antes que someterse a una operación que la pudo haber salvado, a costa de la vida del no nacido.
Transcurridos 31 años, el Papa Juan Pablo II beatificó el 24 de abril de 1994 y luego de 10 años la canonizó el 16 de mayo del 2004, convirtiéndola en un símbolo de la defensa de la vida.
¿Quién fue?
Gianna fue la séptima de trece hijos, de una familia de clase media de Lombardía (al norte de Italia), estudió medicina y se especializó en pediatría, profesión que compaginó con su tarea de madre de familia. Quienes la conocían dicen que fue una mujer activa y llena de energía, que conducía su propio vehículo algo poco común en esos días, esquiaba, tocaba el piano y disfrutaba yendo con su esposo a los conciertos en el conservatorio de Milán.
El esposo de Gianna, el ingeniero Pietro Molla, recordó hace algunos años a su esposa como una persona completamente normal, pero con una indiscutible confianza en la Providencia.
Según el ingeniero Molla, el último gesto heroico de Gianna fue una consecuencia coherente de una vida gastada día a día en la búsqueda del cumplimiento del Plan de Dios. "Cuando se dio cuenta de la terrible consecuencia de su gestación y el crecimiento de un gran fibroma recuerda el esposo de Gianna su primera reacción, razonada, fue pedir que se salvara el niño que tenía en su seno".
Su oblación
El ingeniero Molla manifestó que "le habían aconsejado una intervención quirúrgica. Esto le habría salvado la vida con toda seguridad. El aborto terapéutico y la extirpación del fibroma, le habrían permitido más adelante tener otros niños". "Gianna eligió la solución que era más arriesgada para ella".
El anciano viudo de la beata señaló que en aquella época era previsible un parto después de una operación que extirpara solo el fibroma, pero ello sería muy peligroso para la madre, "y esto mi esposa como médico lo sabía muy bien".
Gianna falleció el 28 de abril de 1962, con 39 años de edad, una semana después de haber dado a luz.
El último requisito se cumplió el 21 de diciembre, cuando el Papa aprobó un milagro atribuido a la intercesión de Gianna.
El milagro
La protagonista del milagro, ocurrido el 9 de noviembre de 1977 en un hospital brasileño, fue una joven parturienta quien se curó de una septicemia (infección generalizada del organismo). Las religiosas del hospital habían pasado la noche encomendando su curación a la intercesión de Gianna, cuya figura les era conocida porque el promotor del hospital era un hermano de la beata, médico y misionero capuchino en ese país. El Papa aprobó el decreto que reconocía sus virtudes heroicas y la beatificó.
--------------------------------------------------------------------------------
El esposo de Gianna Beretta narra sus experiencias
"Al buscar entre los recuerdos de Gianna algo para ofrecerle a la priora de las Carmelitas descalzas de Milán, recuerda el esposo de la beata Gianna Beretta, encontré en un libro de oraciones una pequeña imagen en la que, al dorso, Gianna había escrito de su puño y letra estas pocas palabras: "Señor, haz que la luz que se ha encendido en mi alma no se apague jamás".
Con ésta y otras anécdotas, combinadas con emotivas reflexiones, Pietro Molla reveló los perfiles desconocidos de su esposa Gianna Beretta, fallecida en 1962, beatificada el 24 de abril de 1994 y canonizada el 16 de mayo del 2004 por el Papa Juan Pablo II. En una emotiva entrevista concedida a la periodista Giuliana Peluchi, Pietro dibujó un perfil de Gianna que definió con una sola frase: "Mi esposa era una santa normal".
Peluchi, autora de un libro sobre la vida de Giannna, recibió una repentina llamada de Pietro Molla, con quien se había reunido en numerosas
ocasiones para elaborar la biografía de la "madre coraje" que prefirió ofrecer su vida antes de aceptar la operación que le costaría la vida a la niña que llevaba en su vientre.
"Van a beatificar a Gianna", le dijo Pietro, emocionado, por teléfono. La periodista, atónita, solo atinó a pedirle una última entrevista, ya no en busca de datos biográficos, sino para escuchar un testimonio de Pietro sobre la vida de su esposa.
El testimonio
"Jamás creí estar viviendo con una santa. Mi esposa tenía infinita confianza en la Providencia y era una mujer llena de alegría de vivir. Era feliz, amaba a su familia, amaba su profesión de médica, también amaba su casa, la música, la montaña, las flores y todas las cosas bellas que Dios nos ha donado", confesó a la entrevistadora Pietro Molla, mientras sus ojos brillaban de intensa emoción. "Siempre me pareció una mujer completamente normal pero, como me dijo Monseñor Carlo Colombo, la santidad no está solo hecha de signos extraordinarios. Está hecha, sobre todo, de la adhesión cotidiana a los designios inescrutables de Dios", agregó.
Pietro Molla todavía recuerda cuando Monseñor Colombo lo llamó para pedirle introducir la causa de beatificación de Gianna. "Mi respuesta positiva fue muy sufrida. Sentimos que teníamos que exponer algo muy nuestro. La historia de mi esposa y su figura de mujer fueron cada vez más conocidas. A nosotros y a la familia de mi esposa nos seguían llegando numerosas cartas de todas partes del mundo. Nos escribían mujeres alemanas y estadounidenses que llamaban a Gianna "mamá"; que declaraban que en ella encontraban a una amiga y que afirmaban que se dirigían a ella cuando tenían necesidad de ayuda y que la sentían muy cercana."
La oración que Gianna Beretta escribiera en el reverso de aquella imagen pidiendo que la luz de la gracia no se apagase en ella jamás, se hizo, según su esposo, realidad: "ahora veo que esta luz, que ha alegrado durante un tiempo lamentablemente brevísimo mi vida y la de mis hijos, se difunde como una bendición sobre quien la conoció y la amó. Sobre quienes le rezan y se encomiendan a su intercesión ante Dios. Y esto me hace revivir, de manera acongojada, el privilegio que el Señor me concedió de compartir con Gianna una parte de mi vida".
Todas las madres
La pequeña Gianna Emanuella, la bebé por la que Gianna Beretta dio la vida
La Peluchi no puede evitar preguntar a Pietro Molla sobre sus sentimientos respecto de la beatificación de su difunta esposa.
"Mis sentimientos, responde emocionado, tienen múltiples matices, de sorpresa, casi de maravilla, de agradecimiento a Dios y de aceptación jubilosa, ciertamente feliz y singular, de este don de la Divina Providencia, que también considero un reconocimiento a todas las innumerables madres desconocidas, heroicas como Gianna, en su amor materno y en su vida".
Los Molla-Beretta sin embargo, esperan que la beatificación, que ha convertido a Gianna en un estandarte vivo de la santidad en la vida familiar moderna y de la defensa de la vida del no nacido, no cambie su vida cristiana cotidiana.
"Espero, dice Pietro, que Gianna pueda descansar en el cementerio de su localidad natal junto a su hija Mariolina y junto a las demás mamás que la llamaban con ternura "nuestra doctora", junto a las muchas mujeres que Gianna curó y a las cuales dio, con amor, su tiempo y profesionalidad".
Los Molla-Beretta seguirán viviendo el ejemplo de santidad sencilla en la vida cotidiana que les dejó Gianna. "Para mí y para mis hijos, Gianna seguirá siendo algo muy íntimo. Una espléndida esposa, una tiernísima madre. Si alguien tiene que hablar, que hable la Iglesia."
Beata Isabella Canori Mora (1774-1825) Todos los Recursos Por un minuto piensa en las personas que viven en tu vecindario. ¿Podrías llamar a alguno santo? Hubo un barrio en Italia donde efectivamente una santa vivía en la casa contigua. La beata Isabella Canori Mora quien llevó su vida de madre y esposa a la plena conformación con Cristo en la cotidianeidad y en la adversidad de tener un esposo que la maltrataba.
Quién fue
Nació en Roma el 21 de noviembre de 1774. Hija de Tommaso y Teresa Primoli, en el seno de una familia de posición acomodada, profundamente cristiana y diligente en la educación de sus hijos.
Estudió con las Hermanas Agustinas de Cascia (1785-88), donde destacó por su inteligencia, una profunda vida interior y su espíritu de penitencia. De regreso a Roma, tuvo una vida tranquila hasta que en 1796 -cuando tenía 21 años- se casó con el joven abogado romano Cristóforo Mora.
Para ella, el matrimonio fue una decisión reflexionada, madura, pero después de algunos meses, la fragilidad psicológica de Cristóforo comprometió la serenidad de la familia.
Convirtió a una mujer de mal vivir en su amante y a medida que pasaba el tiempo, humilló y abusó de su esposa en distintas formas, no ejerció más la abogacía, y gastó tanto dinero en sus aventuras que terminó llevando a su esposa e hijas a la extrema pobreza y una creciente deuda.
A la violencia física y psicológica de su esposo, Isabella respondió siempre con absoluta fidelidad. Nunca puso excusas, conveniencias o intereses para justificar un abandono de su hogar, para ella sólo primaba el código de fidelidad de amor y rendición total.
Elizabeth trató a su marido con paciencia gentil, ofreciendo penitencias y oraciones por su conversión. Nunca pensó en separarse de él, a pesar de los consejos de familiares y amigos. En vez de esto, siempre amó, apoyó y perdonó a su esposo esperando su conversión.
En 1801 sufrió una misteriosa enfermedad que la puso al borde de la muerte. Se curó de forma inexplicable y tuvo su primera experiencia mística.
Esta es una vidente italiana de las tribulaciones de los últimos tiempos de la Iglesia, que fue favorecida con los dones de la visión y de la profecía.
El Señor le hizo alcanzar la madurez para recibir las visiones y las ilustraciones sobre el destino de la Iglesia. Recibió en forma clara los estigmas de la pasión de Cristo, y en sus visiones vio las tremendas batallas que tendrá que sostener la Iglesia en los últimos tiempos bajo el poder de las tinieblas.
Tuvo cuatro hijos, pero los dos primeros murieron a los días de nacer. Con el abandono de su esposo, fue forzada a vivir trabajando con sus propias manos para seguir al cuidado de sus hijas Marianna y Luciana. Dedicó mucho tiempo a la oración, los pobres y los enfermos.
Su hogar pronto se convirtió en un punto de referencia para mucha gente en busca de ayuda material y espiritual. Se dedicó especialmente a cuidar de las familias en necesidad. Para ella, la familia implicaba dar un espacio a cada persona, un lugar que dé frutos de vida, fe, solidaridad y responsabilidad.
La familia, para ella, era el templo en el que recibía al "al amado Señor, Jesús de Nazaret" y a todos los que se dirigían a ella. A través de la auto negación, Elizabeth ofrecía su vida por la paz y la santidad de la Iglesia, la conversión de su esposo y la salvación de los pecadores.
En 1807 Elizabeth se unió a la Orden terciaria Trinitaria.
Respondió con dedicación a la vocación al matrimonio y la consagración secular. Sus admirables virtudes humanas y cristianas así como la fama de su santidad se difundieron a través de Roma, Albano y Marino, donde ganó fama de santidad.
En 5 de febrero de 1825, mientras era asistida por sus dos hijas, Isabella falleció. Fue enterrada en Roma en la iglesia trinitaria de San Carlino alle Quattro Fontane. Poco después de su muerte, como ella misma predijo, su esposo se convirtió uniéndose a la Orden Terciaria Trinitaria y después se ordenó sacerdote de los franciscanos conventuales. Murió el 9 de setiembre de 1845 y fue enterrado en la iglesia de los franciscanos conventuales de Sezze.
Fue beatificada junto al joven mártir Zaire Isidore Bakanja, y a otra madre italiana santa, Gianna Beretta Molla, por el Papa Juan Pablo II el 24 de abril de 1994, en el Año Mundial de la Familia. Su fiesta se celebra cada 4 de febrero.
--------------------------------------------------------------------------------
Algunas visiones de Isabella Canori
En una visión del 25 de marzo de 1816 vio:
"A los miserables que cada día con mayor orgullo y desfachatez, de palabra y de obra, con incredulidad y apostasía, van pisoteando la santa religión y la divina ley. Se sirven de las palabras de la Sagrada Escritura y del Evangelio, corrompiendo su verdadero sentido para respaldar así sus perversas intenciones y sus torcidos principios".
El 15 de octubre de 1818 tuvo otra visión terrible:
"De repente, dice, le fue mostrado el mundo. Lo veía todo en revolución, sin orden ni justicia. Los siete vicios capitales (soberbia, lujuria, ira, envidia, pereza, guía y avaricia) eran llevados en triunfo, y por todas partes se veía reinar la injusticia, el fraude, el libertinaje y toda clase de iniquidades. Vio también Sacerdotes despreciando la Santa Ley de Dios y cómo se cubría el Cielo de nubes negras; se levantaba un tremendo huracán y en el mayor desconcierto se mataban los hombres unos a otros. En castigo de los soberbios que con impía presunción intentaban demoler la Iglesia desde los cimientos, permitía Dios a los poderes de las tinieblas abandonar los abismos del infierno . . ."
El triunfo de la Iglesia:
En 1821 oyó al Señor hablar del triunfo de la Iglesia, pues ésta saldría renovada de aquellas tormentas, encendida en el primitivo celo de la Gloria de Dios, y que sería recordada universalmente por los pueblos. Vendrá la reforma de la Iglesia . . . "y la restauración de todas las cosas no se verificará sin un profundo trastorno de todo el mundo, de todas las poblaciones".
<
Nació en Sena de Toscana. Vivió en humilde sencillez, atendiendo a un hogar pobre y con siete hijos, viéndose obligada en varias ocasiones a sostener la casa con sus labores de costura, cuando su esposo perdió su trabajo. Fue una mujer de luces extraordinarias y rodeada de maravillosos carismas y dones extraordinarios.
El Cardenal Pedicini refiere a su declaración jurada acerca de los portentos que él presenció en esa mujer extraordinaria, y que pueden ser consultados en el proceso de su beatificación.
Dice el citado Cardenal que Ana María Taigi veía los pensamientos más secretos de las personas presentes o ausentes; los acontecimientos de los siglos pasados, y la vida que llevaban los más importantes personajes.
Podría decirse que este don era omnisciente, era el conocimiento de todas las cosa en Dios, en la medida que la inteligencia humana es capaz de conocerlo en esta vida. Y agrega el Cardenal: "Me siento impotente para descubrir las maravillas de quien fui confidente durante 30 años".
El decreto de beatificación la señala como: "Prodigio único en los fastos de la Santidad
Santas Felicidad y Perpetua (año 203) Todos los Recursos Estas dos santas murieron martirizadas en Cartago (África) el 7 de marzo del año 203.
Perpetua era una joven madre, de 22 años, que tenía un niñito de pocos meses. Pertenecía a una familia rica y muy estimada por toda la población. Mientras estaba en prisión, por petición de sus compañeros mártires, fue escribiendo el diario de todo lo que le iba sucediendo.
--------------------------------------------------------------------------------
Felicidad era una esclava de Perpetua. Era también muy joven y en la prisión dio a luz una niña, que después los cristianos se encargaron de criar muy bien.
Las acompañaron en su martirio unos esclavos que fueron apresados junto a ellas, y su catequista, el diácono Sáturo, que las había instruido en la religión y las había preparado para el bautismo. A Sáturo no lo habían apresado, pero él se presentó voluntariamente.
Los antiguos documentos que narran el martirio de estas dos santas, eran inmensamente estimados en la antigüedad, y San Agustín dice que se leían en las iglesias con gran provecho para los oyentes. Esos documentos narran lo siguiente.
El año 202 el emperador Severo mandó que los que siguieran siendo cristianos y no quisieran adorar a los falsos dioses tenían que morir.
Perpetua estaba celebrando una reunión religiosa en su casa de Cartago cuando llegó la policía del emperador y la llevó prisionera, junto con su esclava Felicidad y los esclavos Revocato, Saturnino y Segundo.
Dice Perpetua en su diario: "Nos echaron a la cárcel y yo quedé consternada porque nunca había estado en un sitio tan oscuro. El calor era insoportable y estábamos demasiadas personas en un subterráneo muy estrecho. Me parecía morir de calor y de asfixia y sufría por no poder tener junto a mí al niño que era tan de pocos meses y que me necesitaba mucho. Yo lo que más le pedía a Dios era que nos concediera un gran valor para ser capaces de sufrir y luchar por nuestra santa religión".
Afortunadamente al día siguiente llegaron dos diáconos católicos y dieron dinero a los carceleros para que pasaran a los presos a otra habitación menos sofocante y oscura que la anterior, y fueron llevados a una sala a donde por lo menos entraba la luz del sol,y no quedaban tan apretujados e incómodos. Y permitieron que le llevaran al niño a Perpetua, el cual se estaba secando de pena y acabamiento. Ella dice en su diario: "Desde que tuve a mi pequeñín junto a mí, y a aquello no me parecía una cárcel sino un palacio, y me sentía llena de alegría. Y el niño también recobró su alegría y su vigor". Las tías y la abuelita se encargaron después de su crianza y de su educación.
El jefe del gobierno de Cartago llamó a juicio a Perpetua y a sus servidores. La noche anterior Perpetua tuvo una visión en la cual le fue dicho que tendrían que subir por una escalera muy llena de sufrimientos, pero que al final de tan dolorosa pendiente, estaba un Paraíso Eterno que les esperaba. Ella narró a sus compañeros la visión que había tenido y todos se entusiasmaron y se propusieron permanecer fieles en la fe hasta el fin.
Primero pasaron los esclavos y el díacono. Todos proclamaron ante las autoridades que ellos eran cristianos y que preferían morir antes que adorar a los falsos dioses.
Luego llamaron a Perpetua. El juez le rogaba que dejara la religión de Cristo y que se pasara a la religión pagana y que así salvaría su vida. Y le recordaba que ella era una mujer muy joven y de familia rica. Pero Perpetua proclamó que estaba resuelta a ser fiel hasta la muerte, a la religión de Cristo Jesús. Entonces llegó su padre (el único de la familia que no era cristiano) y de rodillas le rogaba y le suplicaba que no persistiera en llamarse cristiana. Que aceptara la religión del emperador. Que lo hiciera por amor a su padre y a su hijito. Ella se conmovía intensamente pero terminó diciéndole: ¿Padre, cómo se llama esa vasija que hay ahí en frente? "Una bandeja", respondió él. Pues bien: "A esa vasija hay que llamarla bandeja, y no pocillo ni cuchara, porque es una bandeja. Y yo que soy cristiana, no me puedo llamar pagana, ni de ninguna otra religión, porque soy cristiana y lo quiero ser para siempre".
Y añade el diario escrito por Perpetua: "Mi padre era el único de mi familia que no se alegraba porque nosotros íbamos a ser mártires por Cristo".
El juez decretó que los tres hombres serían llevados al circo y allí delante de la muchedumbre serían destrozados por las fieras el día de la fiesta del emperador, y que las dos mujeres serían echadas amarradas ante una vaca furiosa para que las destrozara. Pero había un inconveniente: que Felicidad iba a ser madre, y la ley prohibía matar a la que ya iba a dar a luz. Y ella sí deseaba ser martirizada por amor a Cristo. Entonces los cristianos oraron con fe, y Felicidad dio a luz una linda niña, la cual le fue confiada a cristianas fervorosas, y así ella pudo sufrir el martirio. Un carcelero se burlaba diciéndole: "Ahora se queja por los dolores de dar a luz. ¿Y cuando le lleguen los dolores del martirio qué hará? Ella le respondió: "Ahora soy débil porque la que sufre es mi pobre naturaleza. Pero cuando llegue el martirio me acompañará la gracia de Dios, que me llenará de fortaleza".
A los condenados a muerte se les permitía hacer una Cena de Despedida. Perpetua y sus compañeros convirtieron su cena final en una Cena Eucarística. Dos santos diáconos les llevaron la comunión, y después de orar y de animarse unos a otros se abrazaron y se despidieron con el beso de la paz. Todos estaban a cual de animosos, alegremente dispuestos a entregar la vida por proclamar su fe en Jesucristo.
A los esclavos los echaron a las fieras que los destrozaron y ellos derramaron así valientemente su sangre por nuestra religión.
Antes de llevarlos a la plaza los soldados querían que los hombres entraran vestidos de sacerdotes de los falsos dioses y las mujeres vestidas de sacerdotisas de las diosas de los paganos. Pero Perpetua se opuso fuertemente y ninguno quiso colocarse vestidos de religiones falsas.
El diácono Sáturo había logrado convertir al cristianismo a uno de los carceleros, llamado Pudente, y le dijo: "Para que veas que Cristo sí es Dios, te anuncio que a mí me echarán a un oso feroz, y esa fiera no me hará ningún daño". Y así sucedió: lo amarraron y lo acercaron a la jaula de un oso muy agresivo. El feroz animal no le quiso hacer ningún daño, y en cambio sí le dio un tremendo mordisco al domador que trataba de hacer que se lanzara contra el santo diácono. Entonces soltaron a un leopardo y éste de una dentellada destrozó a Sáturo. Cuando el diácono estaba moribundo, untó con su sangre un anillo y lo colocó en el dedo de Pudente y este aceptó definitivamente volverse cristiano.
A Perpetua y Felicidad las envolvieron dentro de una malla y las colocaron en la mitad de la plaza, y soltaron una vaca bravísima, la cual las corneó sin misericordia. Perpetua únicamente se preocupaba por irse arreglando los vestidos de manera que no diera escándalo a nadie por parecer poco cubierta. Y se arreglaba también los cabellos para no aparecer despeinada como una llorona pagana. La gente emocionada al ver la valentía de estas dos jóvenes madres, pidió que las sacaran por la puerta por donde llevaban a los gladiadores victoriosos. Perpetua, como volviendo de un éxtasis, preguntó: ¿Y dónde está esa tal vaca que nos iba a cornear?
Pero luego ese pueblo cruel pidió que las volvieran a traer y que les cortaran la cabeza allí delante de todos. Al saber esta noticia, las dos jóvenes valientes se abrazaron emocionadas, y volvieron a la plaza. A Felicidad le cortaron la cabeza de un machetazo, pero el verdugo que tenía que matar a Perpetua estaba muy nervioso y equivocó el golpe. Ella dio un grito de dolor, pero extendió bien su cabeza sobre el cepo y le indicó al verdugo con la mano, el sitio preciso de su cuello donde debía darle el machetazo. Así esta mujer valerosa hasta el último momento demostró que si moría mártir era por su propia voluntad y con toda generosidad.
Estas dos mujeres, la una rica e instruida y la otra humilde y sencilla sirvienta, jóvenes esposas y madres, que en la flor de la vida prefirieron renunciar a los goces de un hogar, con tal de permanecer fieles a la religión de Jesucristo, ¿qué nos enseñarán a nosotros? Sacrificaron un medio siglo que les podía quedar de vida en esta tierra y llevan más de 17 siglos gozando en el Paraíso eterno.
Santa Mónica Madre de San Agustín (año 387) Todos los Recursos Santa Mónica: Sigue rogando por las madres y por sus hijos, por las esposas y sus maridos y por todos los pobres pecadores que necesitamos convertirnos.
Mónica significa dedicada a la oración y a la vida espiritual.
Santa Mónica es famosa por haber sido la madre de San Agustín y por haber logrado la conversión de su hijo.
Mónica nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332. Sus padres encomendaron la formación de sus hijas a una mujer muy religiosa pero de muy fuerte disciplina.
Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad (como su nombre lo indica) pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamado Patricio. Este era un buen trabajador, pero terriblemente malgeniado, y además mujeriego, jugador y sin religión ni gusto por lo espiritual.
La hizo sufrir lo que no está escrito y por treinta años ella tuvo que aguantar los tremendos estallidos de ira de su marido que gritaba por el menor disgusto, pero éste jamás se atrevió a levantar la mano contra ella.
Tuvieron tres hijos: dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por docenas de años.
Fórmula para no pelear
En aquella región del norte de África, donde las personas eran sumamente agresivas, las demás esposas le preguntaban a Mónica porqué su esposo era uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, pero no la golpeaba nunca, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondió: "Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando el grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto la pelea, pues....no peleamos". Esta fórmula se ha hecho célebre en el mundo y ha servido a millones de mujeres para mantener la paz en la casa.
Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande con los pobres, nunca se oponía a que ella se dedicara a estas buenas obras. y quizás por eso mismo logró su conversión. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo lo hiciera la suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado la vida a la pobre Mónica. Un año después de su bautismo, murió santamente Patricio, dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor.
Patricio y Mónica se habían dado cuenta de que su hijo mayor era extraordinariamente inteligente, y por eso lo enviaron a la capital del estado, la ciudad de Cartago, a estudiar filosofía, literatura y oratoria. Pero Agustín tuvo la desgracia de que su padre no se interesaba por sus progresos espirituales. Solo le importaba que sacara buenas notas, que brillara en las fiestas sociales y que sobresaliera en los ejercicios físicos, pero acerca de la salvación de su alma, no se interesaba ni le ayudaba en nada. Y esto fue fatal para él, pues fue cayendo de mal en peor en pecados y errores.
Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez peores, de que el joven llevaba una vida poco santa. En una enfermedad, ante el temor a la muerte, se hizo instruir acerca de la religión y propuso hacerse católico, pero al ser sanado de la enfermedad abandonó el propósito de hacerlo. Finalmente, se hizo socio de una secta llamada de los Maniqueos, que afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino el Diablo. Mónica que era bondadosa pero no cobarde, ni floja, al volver su hijo de vacaciones y empezar a oírle mil barbaridades contra la verdadera religión, lo echó sin más de la casa y le cerró las puertas, porque bajo su techo no quería albergar a enemigos de Dios.
Una visión
Pero sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en el que vio que ella estaba en un bosque llorando por la pérdida espiritual de su hijo y que en ese momento se le acercaba un personaje muy resplandeciente y le decía :"tu hijo volverá contigo " y enseguida vio a Agustín junto a ella. Le narró al muchacho el sueño tenido y él dijo, lleno de orgullo, que eso significaba que ella se iba a volver maniqueísta como él. Pero ella le respondió: "En el sueño no me dijeron, mamá ira a donde su hijo, sino tu hijo volverá contigo". Esta hábil respuesta impresionó mucho a su hijo, quien más tarde la consideraba como una inspiración del cielo. Esto sucedió en el año 437.
Faltaban 9 años para que Agustín se convirtiera.
Por muchos siglos ha sido muy comentada la bella respuesta que un obispo le dio a Mónica cuando ella le contó que llevaba años y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes y amigos por la conversión de Agustín. El obispo le respondió : "Esté tranquila, es imposible que se pierda el Hijo de tantas lágrimas". Esta admirable respuesta y lo que había oído en el sueño, la llenaban de consuelo y esperanza, a pesar de que Agustín no daba la menor señal de arrepentimiento.
Cuando tenía 29 años, el joven decidió ir a Roma a dar clases. Ya era todo un doctor. Mamá se propuso irse con él para librarlo de todos los peligros morales. Pero Agustín le hizo una jugada tramposa ( de la cual se arrepintió mucho más tarde ) Al llegar junto al mar le dijo a Mónica que se fuera a rezar a un templo, mientras iba a visitar a un amigo, y lo que hizo fue subirse al barco y salir rumbo a Roma, dejándola sola, pero Mónica no era mujer débil para dejarse derrotar tan fácilmente. Tomó otro barco y se dirigió a Roma.
La conversión del hijo
En Milán; Mónica se encontró con el Santo más famoso de la época, San Ambrosio, arzobispo de esa ciudad. En él se encontró un verdadero padre lleno de bondad y de sabiduría que la fue guiando con prudentes consejos. Además, Agustín se quedó impresionado por su enorme sabiduría y la poderosa personalidad de San Ambrosio y empezó a escucharle con profundo cariño y a cambiar sus ideas y entusiasmarse por la fe católica.
Y sucedió que en el año 387, Agustín, al leer unas frases de San Pablo sintió una impresión extraordinaria y se propuso cambiar de vida. Envió lejos a la mujer con la cual vivía en unión libre, dejó sus vicios y malas costumbres. Se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar.
Agustín, ya convertido, dispuso volver con su madre y su hermano, a su tierra, en el Africa, y se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que anhelaba es esta vida, que era ver la conversión de su hijo. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, por la noche al ver el cielo estrellado platicando con Agustín acerca de como serán las alegrías que tendrían en el cielo ambos se emocionaban comentando y meditando los goces celestiales que los podían esperar. En determinado momento exclamó entusiasmada: "¿Y a mí que más me puede amarrar a la tierra ? Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano católico. Todo lo que deseaba lo he conseguido de Dios". Poco después le invadió una fiebre, y en pocos días se agravó y murió. Lo único que pidió a sus dos hijos es que no dejaran de rezar por el descanso de su alma. Murió en el año 387 a los 55 años de edad.
Miles de madres y de esposas se han encomendado en todos estos siglos a Santa Mónica, para que les ayude a convertir a sus esposos e hijos, y han conseguido conversiones admirables.
Santa Rita de Casia (1381-1457)
Todos los Recursos Por siglos Santa Rita de Casia (1381-1457) ha sido una de las Santas más populares en la Iglesia Católica. Ella es conocida como la "Santa de lo Imposible" por sus impresionantes respuestas a las oraciones, como también por los notables sucesos de su propia vida.
Santa Rita quería ser monja, pero por obedecer a sus padres, se casó. Su esposo le causo muchos sufrimientos, pero ella devolvió su crueldad con oración y bondad. Con el tiempo él se convirtió, llegando a ser considerado y temeroso de Dios. Pero Santa Rita tuvo que soportar un gran dolor cuando su esposo fue asesinado.
Santa Rita descubrió después que sus dos hijos estaban pensando en vengar el asesinato del padre. Ella temía que pusieran sus deseos en efecto de acuerdo con la maliciosa costumbre de la venganza. Con un amor heroico por sus almas, ella le suplicó a Dios que se los llevara de esta vida antes de permitirlos cometer este gran pecado. No mucho tiempo más tarde ambos murieron después de prepararse para encontrarse con Dios.
Sin su esposo e hijos, Santa Rita se entregó a la oración, penitencia y obras de caridad. Después de un tiempo ella aplicó para ser admitida al Convento Agustiniano en Casia.
Ella no fue aceptada, pero después de orarle a sus tres especiales santos patronos - San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino - milagrosamente entró al convento y fue permitida a quedarse. Esto sucedió alrededor del año 1411.
En el convento, la vida de Santa Rita fue marcada por su gran caridad y severas penitencias. Sus oraciones obtuvieron para otros, curas notables, liberación del demonio y otros favores especiales de Dios para que ella pudiera compartir en el dolor de Su Corona de Espinas, Nuestro Señor dio a Santa Rita una herida de espina en su frente. Fue muy dolorosa y expelía un olor desagradable, pero ella lo consideraba una gracia divina. Ella oraba "Oh amado Jesús, aumenta mi paciencia en la medida que aumentan mis sufrimientos". La herida duró por el resto de su vida.
Santa Rita falleció un 22 de mayo de 1457 a la edad de 76 años. La gente se agolpó al convento a pagar sus últimos respetos. Innumerables milagros tuvieron lugar a través de su intercesión, y la devoción hacia ella se extendió a lo largo y a lo ancho. El cuerpo de Santa Rita fue conservado perfecto por varios siglos, y a veces daba una fragancia dulce. En la ceremonia de beatificación, el cuerpo de la Santa se elevó y abrió sus ojos.
Dios ha escuchado las oraciones de Santa Rita por otros en innumerables ocasiones, y ciertamente ella estará feliz de interceder una vez más, a nombre de aquellos que le ruegan a ella ahora - para continuar percibiendo la verdad de su gran nombre.
Santa Isabel de Hungría (1207-1231)* Todos los Recursos Sobre la dura corteza espiritual de la Edad Media, hendida por la gracia de Dios, brotó una de las flores más delicadas de la Cristiandad: Santa Isabel de Hungría. Nació en el año 1207 en uno de los castillos -Saróspatak o Posonio- de su padre, Andrés II, rey de Hungría, que la hubo de su primera mujer, Gertrudis, hija de Bertoldo IV, el cual llevaba en sus venas sangre de Bela I, también rey de Hungría, por lo que la princesita Isabel vino a ser el más preciado florón de la estirpe real húngara.
Abrió la princesita sus ojos a la luz en un ambiente de lujo y abundancia que, por divino contraste, fue despertando en su sensible corazón ansias de evangélica pobreza. Desde su privilegiado puesto en la corte descendía, desde muy niña, para buscar a los menesterosos, y los regalos que recibía de sus padres pasaban muy pronto a manos de los pobres. En balde la vestían conforme a su rango principesco, porque aprovechaba el menor descuido para quitarse las sedas y brocados, dárselos a los pobres y volver a palacio con los harapos de la más miserable de sus amiguitas.
Conforme a las costumbres de la época, fue prometida en su más tierna edad a Luis, hijo de Herman I, margrave de Turingia. Este compromiso matrimonial tenía, sin duda, la finalidad política de afianzar la alianza de ambos países contra el rey Felipe de Suabia.
Un buen día de primavera -1213-, cuando los campos se desperezaban del gélido sueño invernal, se presentó en el castillo de Posonio una embajada turingia para recoger a la prometida de su príncipe heredero. El rey de Hungría, entonces en la cumbre del poder y riqueza de la dinastía, dotó generosamente a su hija diciendo a los emisarios:
«Saludo a vuestro señor y ruego se contente de momento con estas pobres prendas, que, si Dios me da vida, completaré con mayores riquezas». Y revistiendo con palabras tan modestas su jactanciosa exhibición, hizo sacar un cúmulo de tesoros que dejaron admirados a los compromisarios, poco acostumbrados a tales galas en la abrupta y dura comarca de Turingia. El matrimonio tuvo lugar en el año 1221, es decir, al cumplir Isabel sus catorce años, en Wartburg de Turingia. Y de esta manera la princesa, nacida en un país lleno de sol y de abundancia como era Hungría, vino a parar a la dura y pobre tierra germánica.
La pobreza del pueblo estimuló más aún la caridad de la princesa Isabel. Todo le parecía poco para remediar a los necesitados: la plata de sus arcas, las alhajas que trajo como dote y hasta sus propios alimentos y vestidos. En cuanto podía, aprovechando las sombras de la noche, dejaba el palacio y visitaba una a una las chozas de los vasallos más pobres para llevar a los enfermos y a los niños, bajo su manto, un cántaro de leche o una hogaza de pan. Y hasta el propio manto lo entregó un día crudísimo de invierno a una pobre mendiga que temblaba de frío a la vera del camino, y cuál no sería su asombro que, al tender el armiño sobre la chepa de la anciana, vio transfigurarse aquélla en la adorable imagen de Jesucristo.
Por mucho que escondiera sus mercedes no es raro que éstas llegasen a herir a los espíritus envidiosos y mezquinos. No faltó quien acusó a la princesa ante el propio duque de estar dilapidando los caudales públicos y dejar exhaustos los graneros y almacenes. El margrave Luis quería a su esposa con delirio, pero no pudo resistir, sin duda, el acoso de sus intendentes y les pidió una prueba de su acusación.
-- Espera un poco -le dijeron- y verás salir a la señora con la faltriquera llena.
Efectivamente, poco tuvo que esperar el duque para ver a su mujer que salía, como a hurtadillas, de palacio cerrando cautelosamente la puerta. Violentamente la detuvo y la preguntó con dureza:
-- ¿Qué llevas en la falda?
-- Nada..., son rosas -contestó Isabel tratando de disculparse, sin recordar que estaba en pleno invierno-.
Y, al extender el delantal, rosas eran y no mendrugos de pan lo que Isabel llevaba, porque el Señor quiso salir fiador de la palabra de su sierva.
Parece que su suegra, la duquesa viuda Sofía, no miraba a Isabel con buenos ojos, tal vez porque las mercedes que aquélla hacía eran una acusación a su egoísmo o, simplemente, porque creyera que el cariño de Isabel, en el corazón de Luis, había desplazado al suyo. Con más o menos pasión aprovechaba cualquier oportunidad para desvirtuar a Isabel ante los ojos de su marido. Según cuenta la leyenda, volvió en cierta ocasión el margrave Luis de un largo viaje y, ansioso de abrazar a su esposa, fue a buscarla a la alcoba conyugal. Salió a su encuentro la duquesa Sofía, que había escuchado tras de la puerta voces extrañas en la alcoba, y le previno diciendo:
-- Ahora verás, hijo mío, hasta dónde llega la fidelidad de tu esposa.
Forzó la puerta el celoso marido y, al tirar de la cobertura del lecho, vio en él tendida la imagen de Cristo crucificado, en la que se había transfigurado un pobre leproso que Isabel había acostado en su lecho para curarle las llagas.
El celo de los pobres, en los que ella veía siempre la imagen trasunta de Cristo, fue espiritualizando cada vez más su vida. Su alma generosa se asomaba a sus ojos negros y profundos, que brillaban como candelas de amor en las sombrías casuchas de los pobres de Wartburgo. Por muy severas que fuesen sus penitencias, Isabel las recubría con cariño y donaire para no perder el encanto natural ante los ojos de su enamorado esposo. Pero no pudo, en cambio, conciliar su espíritu franciscano con la frivolidad de la vida cortesana.
Bajo la influencia de su confesor, extremadamente severo, Conrado de Marburgo, que la prohibió incluso probar ciertos manjares, Isabel vino a ser una viviente acusación contra una corte un tanto licenciosa, que empezó a conspirar contra la princesa extranjera.
Mientras su marido fue su amparo, nada tuvo que temer la princesa Isabel, pero llegó un día en que en los oídos del príncipe Luis sonó, como llamada irresistible, el clarín convocando a cruzada en nombre de Federico II. Isabel no quiso ser un obstáculo en el camino del príncipe cristiano que ofrecía su lanza para rescatar el Santo Sepulcro. Ya su padre, el rey Andrés II, había regresado sobreviviente de la quinta cruzada, y cada vez era más difícil vencer la desilusión y la indiferencia de los reyes y de los pueblos cristianos por coronar tan caballerosa empresa. El noble corazón de Luis se creyó, sin duda, más obligado a dar ejemplo y, dejando sola a su esposa, partió con sus caballeros, con propósito de embarcarse en Otranto para unirse a la cruzada. Pocos meses después, Isabel recibía, de manos de un emisario turingio, la cruz de su marido, que había muerto víctima de una epidemia.
Así, pues, a los veinte años -1227- la princesa Isabel quedó viuda y desamparada en una corte extranjera y hostil, y fue entonces cuando realmente empezó su calvario. Su cuñado Herman, queriendo desplazar a los hijos de Luis de la herencia del Ducado, acusó a Isabel de prodigalidad, y en verdad que ella había volcado hasta el fondo de su arca para remediar la miseria del pueblo en el temible «año del hambre» que Europa entera atravesaba. Las acusaciones de Herman encontraron eco en la corte, y la princesa Isabel, expulsada de palacio, tuvo que buscar refugio con sus tres hijos y la compañía de dos sirvientas en Marburgo, la patria de su madre. En tan difícil situación la socorrieron sus tíos, la abadesa Mectildis de Kitzingen y el obispo de Bamberg, que ya había abandonado el proyecto que tuvo de casarla de nuevo.
El pontífice Gregorio IV nombró a Conrado de Marburgo su «defensor». Los buenos oficios que éste desplegó consiguieron, por fin, que la princesa fuese indemnizada con una importante suma y se le asignasen unas posesiones en la villa de Marburgo. Pero Isabel ya nada tenía que la ligase al mundo, y solemnemente, en la iglesia de los Frailes Menores de Eisenach, renunció a sus bienes, vistió el hábito gris de la Tercera Orden y se consagró enteramente y de por vida a practicar heroicamente la caridad. Años después -1228-29- emprendió la construcción del hospital de Marburgo, cuya capilla puso bajo la advocación del Padre Seráfico, San Francisco de Asís, recientemente canonizado.
Por aquel entonces regresaban los cruzados de los Santos Lugares ardiendo en fiebres y con sus carnes maceradas por la lepra, y a ellos dedicaba Isabel sus más amorosos cuidados, en recuerdo, sin duda, de su marido, muerto muy lejos del alcance de sus manos.
Isabel, firme en su propósito de dedicar su vida a los pobres y enfermos, buscando en ellos al propio Jesucristo, rechazó una y otra vez la llamada de su padre, el rey de Hungría, que, valiéndose de nobles emisarios y hasta de la autoridad episcopal, trataba de convencerla de que regresase a su país. En cambio, acudió solícita a la llamada de su Señor, y a los veinticuatro años -1231- subió al cielo a recibir el premio merecido por haber aplicado el agua a tantos labios sedientos, curado tantas heridas ulceradas y consolado tantos corazones oprimidos.
La fama de su santidad quedó bien patente en el entierro, que conmovió toda la comarca. Poco después de su muerte, las jerarquías religiosas de tres países y Conrado de Turingia, gran maestre que fue de la Orden Teutónica, promovieron en la Santa Sede la declaración de sus heroicas virtudes, y el proceso terminó con la solemne ceremonia de la canonización el 27 de mayo de 1235 en Perusa, todavía en vida de su padre, Andrés II de Hungría. Su festividad fue fijada para el 19 de noviembre [pero, en la actualidad, se celebra el 17 del mismo mes]. Unos meses más tarde fue colocada la primera piedra de la catedral gótica de Marburgo y en ella se rindió el primer testimonio de veneración a la santa princesa por el emperador Federico II al frente de su pueblo.
Santa Isabel de Hungría ha sido erigida como Patrona de la Tercera Orden Franciscana y son muchas las congregaciones religiosas dedicadas a la caridad que llevan su nombre, y más de setenta los templos que la tienen por Patrona.
*Javier Martín Artajo, Santa Isabel de Hungría, en Año Cristiano, Tomo IV, Madrid, Ed. Católica (BAC 186), 1960, pp. 414-418
Santa Luisa de Marillac (1591-1660) Todos los Recursos Santa Luisa, nacida el año 1591, era hija de una familia noble. Huérfana de madre muy pronto, su padre le proporcionó una formación extraordinaria en todas las ramas del saber. Era también sumamente piadosa y ejemplar.
A los quince años quiso entrar en un convento de capuchinas, pero la disuadieron por su delicada salud. Muere entonces su padre, y a instancias de sus parientes se casó con el señor Le Gras. Se lee en el proceso de beatificación: "Fue un dechado de esposa cristiana. Con su bondad y dulzura logró ablandar a su marido, que era de carácter poco llevadero, dando el ejemplo de un matrimonio ideal en que todo era común, hasta la oración".
Tuvieron un hijo al que Luisa le tenía un amor sin límites. Esta experiencia maternal le serviría mucho para la futura fundación. Quedó viuda a los treinta y cuatro años. El señor Le Gras murió santamente en sus brazos. Desde entonces decidió entregarse totalmente a Dios y a las buenas obras.
Francia estaba enredada en guerras de religión en el siglo XVI. Pero en el XVII surge con fuerza una pléyade de santos, que realizan una gran tarea: Francisco de Sales, Juana Francisca, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac.
Luisa se dirigía con Francisco de Sales, que la encaminó a Vicente de Paúl. Vicente había empezado ya sus ingentes obras de misericordia, como las Caridades, asociaciones al servicio de los pobres.
Luisa pondrá en ellas el toque maternal y femenino, todo su corazón. Recorría los pueblos, reanimaba las cofradías, visitaba a los enfermos y todo quedaba renovado.
Hacían falta más brazos para atender a tantas necesidades. La miseria imperaba en ciertas regiones, donde, según informe al Parlamento "los aldeanos se ven obligados a pacer la hierba a manera de las bestias".
Vicente y Luisa no descansan. Amplían su radio de acción. Otras muchas jóvenes se unen a Luisa para atender a tantos necesitados. Después de un tiempo de noviciado, Luisa y sus compañeras pronuncian sus votos, en la fiesta de la Anunciación de 1634, fecha en que luego renovarán sus votos en todo el mundo las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.
A partir de entonces la bola de nieve se convierte en alud arrollador. Se multiplican las obras en favor de "sus señores los pobres", como gustan llamarlos. Visita a hospitales. Acogida de niños expósitos. Atención a las regiones en guerra. Se extienden a Flandes y Polonia, y luego a todo el mundo. Asilos para pobres. Establecimientos para locos y enfermos mentales. No hay dolencia sin remedio para Luisa y sus compañeras.
A principios de 1655 quedaba canónicamente erigida la Congregación de las Hijas de la Caridad. San Vicente les leyó las Reglas y les dijo: "De hoy en adelante, llevaréis el nombre de Hijas de la Caridad. Conservad este título, que es el más hermoso que podéis tener". Contrariamente a lo que ha ocurrido a otras comunidades, también nacidas para atender a los pobres, las Hijas de la Caridad han permanecido fieles a su carisma.
La actividad desarrollada por Santa Luisa era sobrehumana, a pesar de su débil constitución. Cayó agotada en el surco del trabajo el 15 de marzo de 1660. Vicente, también enfermo, no pudo acompañarla a la hora de la muerte. Le envió este recado: "Usted va delante, pronto la volveré a ver en el cielo". Vicente, cargado de buenas obras, no tardaría en acompañarla.
Los venerables restos de Santa Luisa de Marillac reposan en París, en la casa madre de la Congregación, en la misma capilla de las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa a Santa Catalina Labouré. Su fiesta se celebra cada 15 de marzo.
Santa Gianna Beretta Molla (1922-1962)
Todos los Recursos "La tendremos que someter a una intervención quirúrgica, o de lo contrario su vida está en riesgo mortal". Quizá estas fueron las palabras del médico que atendió a Gianna Beretta, una italiana, quien estando enferma de cáncer, decidió seguir adelante con el embarazo de su cuarto hijo antes que someterse a una operación que la pudo haber salvado, a costa de la vida del no nacido.
Transcurridos 31 años, el Papa Juan Pablo II beatificó el 24 de abril de 1994 y luego de 10 años la canonizó el 16 de mayo del 2004, convirtiéndola en un símbolo de la defensa de la vida.
¿Quién fue?
Gianna fue la séptima de trece hijos, de una familia de clase media de Lombardía (al norte de Italia), estudió medicina y se especializó en pediatría, profesión que compaginó con su tarea de madre de familia. Quienes la conocían dicen que fue una mujer activa y llena de energía, que conducía su propio vehículo algo poco común en esos días, esquiaba, tocaba el piano y disfrutaba yendo con su esposo a los conciertos en el conservatorio de Milán.
El esposo de Gianna, el ingeniero Pietro Molla, recordó hace algunos años a su esposa como una persona completamente normal, pero con una indiscutible confianza en la Providencia.
Según el ingeniero Molla, el último gesto heroico de Gianna fue una consecuencia coherente de una vida gastada día a día en la búsqueda del cumplimiento del Plan de Dios. "Cuando se dio cuenta de la terrible consecuencia de su gestación y el crecimiento de un gran fibroma recuerda el esposo de Gianna su primera reacción, razonada, fue pedir que se salvara el niño que tenía en su seno".
Su oblación
El ingeniero Molla manifestó que "le habían aconsejado una intervención quirúrgica. Esto le habría salvado la vida con toda seguridad. El aborto terapéutico y la extirpación del fibroma, le habrían permitido más adelante tener otros niños". "Gianna eligió la solución que era más arriesgada para ella".
El anciano viudo de la beata señaló que en aquella época era previsible un parto después de una operación que extirpara solo el fibroma, pero ello sería muy peligroso para la madre, "y esto mi esposa como médico lo sabía muy bien".
Gianna falleció el 28 de abril de 1962, con 39 años de edad, una semana después de haber dado a luz.
El último requisito se cumplió el 21 de diciembre, cuando el Papa aprobó un milagro atribuido a la intercesión de Gianna.
El milagro
La protagonista del milagro, ocurrido el 9 de noviembre de 1977 en un hospital brasileño, fue una joven parturienta quien se curó de una septicemia (infección generalizada del organismo). Las religiosas del hospital habían pasado la noche encomendando su curación a la intercesión de Gianna, cuya figura les era conocida porque el promotor del hospital era un hermano de la beata, médico y misionero capuchino en ese país. El Papa aprobó el decreto que reconocía sus virtudes heroicas y la beatificó.
--------------------------------------------------------------------------------
El esposo de Gianna Beretta narra sus experiencias
"Al buscar entre los recuerdos de Gianna algo para ofrecerle a la priora de las Carmelitas descalzas de Milán, recuerda el esposo de la beata Gianna Beretta, encontré en un libro de oraciones una pequeña imagen en la que, al dorso, Gianna había escrito de su puño y letra estas pocas palabras: "Señor, haz que la luz que se ha encendido en mi alma no se apague jamás".
Con ésta y otras anécdotas, combinadas con emotivas reflexiones, Pietro Molla reveló los perfiles desconocidos de su esposa Gianna Beretta, fallecida en 1962, beatificada el 24 de abril de 1994 y canonizada el 16 de mayo del 2004 por el Papa Juan Pablo II. En una emotiva entrevista concedida a la periodista Giuliana Peluchi, Pietro dibujó un perfil de Gianna que definió con una sola frase: "Mi esposa era una santa normal".
Peluchi, autora de un libro sobre la vida de Giannna, recibió una repentina llamada de Pietro Molla, con quien se había reunido en numerosas
ocasiones para elaborar la biografía de la "madre coraje" que prefirió ofrecer su vida antes de aceptar la operación que le costaría la vida a la niña que llevaba en su vientre.
"Van a beatificar a Gianna", le dijo Pietro, emocionado, por teléfono. La periodista, atónita, solo atinó a pedirle una última entrevista, ya no en busca de datos biográficos, sino para escuchar un testimonio de Pietro sobre la vida de su esposa.
El testimonio
"Jamás creí estar viviendo con una santa. Mi esposa tenía infinita confianza en la Providencia y era una mujer llena de alegría de vivir. Era feliz, amaba a su familia, amaba su profesión de médica, también amaba su casa, la música, la montaña, las flores y todas las cosas bellas que Dios nos ha donado", confesó a la entrevistadora Pietro Molla, mientras sus ojos brillaban de intensa emoción. "Siempre me pareció una mujer completamente normal pero, como me dijo Monseñor Carlo Colombo, la santidad no está solo hecha de signos extraordinarios. Está hecha, sobre todo, de la adhesión cotidiana a los designios inescrutables de Dios", agregó.
Pietro Molla todavía recuerda cuando Monseñor Colombo lo llamó para pedirle introducir la causa de beatificación de Gianna. "Mi respuesta positiva fue muy sufrida. Sentimos que teníamos que exponer algo muy nuestro. La historia de mi esposa y su figura de mujer fueron cada vez más conocidas. A nosotros y a la familia de mi esposa nos seguían llegando numerosas cartas de todas partes del mundo. Nos escribían mujeres alemanas y estadounidenses que llamaban a Gianna "mamá"; que declaraban que en ella encontraban a una amiga y que afirmaban que se dirigían a ella cuando tenían necesidad de ayuda y que la sentían muy cercana."
La oración que Gianna Beretta escribiera en el reverso de aquella imagen pidiendo que la luz de la gracia no se apagase en ella jamás, se hizo, según su esposo, realidad: "ahora veo que esta luz, que ha alegrado durante un tiempo lamentablemente brevísimo mi vida y la de mis hijos, se difunde como una bendición sobre quien la conoció y la amó. Sobre quienes le rezan y se encomiendan a su intercesión ante Dios. Y esto me hace revivir, de manera acongojada, el privilegio que el Señor me concedió de compartir con Gianna una parte de mi vida".
Todas las madres
La pequeña Gianna Emanuella, la bebé por la que Gianna Beretta dio la vida
La Peluchi no puede evitar preguntar a Pietro Molla sobre sus sentimientos respecto de la beatificación de su difunta esposa.
"Mis sentimientos, responde emocionado, tienen múltiples matices, de sorpresa, casi de maravilla, de agradecimiento a Dios y de aceptación jubilosa, ciertamente feliz y singular, de este don de la Divina Providencia, que también considero un reconocimiento a todas las innumerables madres desconocidas, heroicas como Gianna, en su amor materno y en su vida".
Los Molla-Beretta sin embargo, esperan que la beatificación, que ha convertido a Gianna en un estandarte vivo de la santidad en la vida familiar moderna y de la defensa de la vida del no nacido, no cambie su vida cristiana cotidiana.
"Espero, dice Pietro, que Gianna pueda descansar en el cementerio de su localidad natal junto a su hija Mariolina y junto a las demás mamás que la llamaban con ternura "nuestra doctora", junto a las muchas mujeres que Gianna curó y a las cuales dio, con amor, su tiempo y profesionalidad".
Los Molla-Beretta seguirán viviendo el ejemplo de santidad sencilla en la vida cotidiana que les dejó Gianna. "Para mí y para mis hijos, Gianna seguirá siendo algo muy íntimo. Una espléndida esposa, una tiernísima madre. Si alguien tiene que hablar, que hable la Iglesia."
Beata Isabella Canori Mora (1774-1825) Todos los Recursos Por un minuto piensa en las personas que viven en tu vecindario. ¿Podrías llamar a alguno santo? Hubo un barrio en Italia donde efectivamente una santa vivía en la casa contigua. La beata Isabella Canori Mora quien llevó su vida de madre y esposa a la plena conformación con Cristo en la cotidianeidad y en la adversidad de tener un esposo que la maltrataba.
Quién fue
Nació en Roma el 21 de noviembre de 1774. Hija de Tommaso y Teresa Primoli, en el seno de una familia de posición acomodada, profundamente cristiana y diligente en la educación de sus hijos.
Estudió con las Hermanas Agustinas de Cascia (1785-88), donde destacó por su inteligencia, una profunda vida interior y su espíritu de penitencia. De regreso a Roma, tuvo una vida tranquila hasta que en 1796 -cuando tenía 21 años- se casó con el joven abogado romano Cristóforo Mora.
Para ella, el matrimonio fue una decisión reflexionada, madura, pero después de algunos meses, la fragilidad psicológica de Cristóforo comprometió la serenidad de la familia.
Convirtió a una mujer de mal vivir en su amante y a medida que pasaba el tiempo, humilló y abusó de su esposa en distintas formas, no ejerció más la abogacía, y gastó tanto dinero en sus aventuras que terminó llevando a su esposa e hijas a la extrema pobreza y una creciente deuda.
A la violencia física y psicológica de su esposo, Isabella respondió siempre con absoluta fidelidad. Nunca puso excusas, conveniencias o intereses para justificar un abandono de su hogar, para ella sólo primaba el código de fidelidad de amor y rendición total.
Elizabeth trató a su marido con paciencia gentil, ofreciendo penitencias y oraciones por su conversión. Nunca pensó en separarse de él, a pesar de los consejos de familiares y amigos. En vez de esto, siempre amó, apoyó y perdonó a su esposo esperando su conversión.
En 1801 sufrió una misteriosa enfermedad que la puso al borde de la muerte. Se curó de forma inexplicable y tuvo su primera experiencia mística.
Esta es una vidente italiana de las tribulaciones de los últimos tiempos de la Iglesia, que fue favorecida con los dones de la visión y de la profecía.
El Señor le hizo alcanzar la madurez para recibir las visiones y las ilustraciones sobre el destino de la Iglesia. Recibió en forma clara los estigmas de la pasión de Cristo, y en sus visiones vio las tremendas batallas que tendrá que sostener la Iglesia en los últimos tiempos bajo el poder de las tinieblas.
Tuvo cuatro hijos, pero los dos primeros murieron a los días de nacer. Con el abandono de su esposo, fue forzada a vivir trabajando con sus propias manos para seguir al cuidado de sus hijas Marianna y Luciana. Dedicó mucho tiempo a la oración, los pobres y los enfermos.
Su hogar pronto se convirtió en un punto de referencia para mucha gente en busca de ayuda material y espiritual. Se dedicó especialmente a cuidar de las familias en necesidad. Para ella, la familia implicaba dar un espacio a cada persona, un lugar que dé frutos de vida, fe, solidaridad y responsabilidad.
La familia, para ella, era el templo en el que recibía al "al amado Señor, Jesús de Nazaret" y a todos los que se dirigían a ella. A través de la auto negación, Elizabeth ofrecía su vida por la paz y la santidad de la Iglesia, la conversión de su esposo y la salvación de los pecadores.
En 1807 Elizabeth se unió a la Orden terciaria Trinitaria.
Respondió con dedicación a la vocación al matrimonio y la consagración secular. Sus admirables virtudes humanas y cristianas así como la fama de su santidad se difundieron a través de Roma, Albano y Marino, donde ganó fama de santidad.
En 5 de febrero de 1825, mientras era asistida por sus dos hijas, Isabella falleció. Fue enterrada en Roma en la iglesia trinitaria de San Carlino alle Quattro Fontane. Poco después de su muerte, como ella misma predijo, su esposo se convirtió uniéndose a la Orden Terciaria Trinitaria y después se ordenó sacerdote de los franciscanos conventuales. Murió el 9 de setiembre de 1845 y fue enterrado en la iglesia de los franciscanos conventuales de Sezze.
Fue beatificada junto al joven mártir Zaire Isidore Bakanja, y a otra madre italiana santa, Gianna Beretta Molla, por el Papa Juan Pablo II el 24 de abril de 1994, en el Año Mundial de la Familia. Su fiesta se celebra cada 4 de febrero.
--------------------------------------------------------------------------------
Algunas visiones de Isabella Canori
En una visión del 25 de marzo de 1816 vio:
"A los miserables que cada día con mayor orgullo y desfachatez, de palabra y de obra, con incredulidad y apostasía, van pisoteando la santa religión y la divina ley. Se sirven de las palabras de la Sagrada Escritura y del Evangelio, corrompiendo su verdadero sentido para respaldar así sus perversas intenciones y sus torcidos principios".
El 15 de octubre de 1818 tuvo otra visión terrible:
"De repente, dice, le fue mostrado el mundo. Lo veía todo en revolución, sin orden ni justicia. Los siete vicios capitales (soberbia, lujuria, ira, envidia, pereza, guía y avaricia) eran llevados en triunfo, y por todas partes se veía reinar la injusticia, el fraude, el libertinaje y toda clase de iniquidades. Vio también Sacerdotes despreciando la Santa Ley de Dios y cómo se cubría el Cielo de nubes negras; se levantaba un tremendo huracán y en el mayor desconcierto se mataban los hombres unos a otros. En castigo de los soberbios que con impía presunción intentaban demoler la Iglesia desde los cimientos, permitía Dios a los poderes de las tinieblas abandonar los abismos del infierno . . ."
El triunfo de la Iglesia:
En 1821 oyó al Señor hablar del triunfo de la Iglesia, pues ésta saldría renovada de aquellas tormentas, encendida en el primitivo celo de la Gloria de Dios, y que sería recordada universalmente por los pueblos. Vendrá la reforma de la Iglesia . . . "y la restauración de todas las cosas no se verificará sin un profundo trastorno de todo el mundo, de todas las poblaciones".
<
Etiquetas:
madres ejemplares
La madre de todas las madres
La influencia de una madre es poderosa para bien o para mal. Ésta ha sido una verdad aceptada a través de los tiempos. Las escrituras del Antiguo Testamento reportan un refrán popular que decía: “Cual la madre, tal la hija” (Ezequiel 16:44). El presidente Abraham Lincoln dijo en una ocasión: “Todo lo que soy, o puedo llegar a ser, se lo debo a mi madre”. Napoleón Bonaparte, el gran guerrero francés, también estaba consciente del papel de una madre cuando afirmó: “El destino futuro de un niño, es siempre el trabajo de la madre”. Aunque toda regla tiene sus excepciones, yo creo que este principio es válido en la mayoría de los casos. Somos en gran medida el reflejo de nuestra madre. No es mera casualidad que la madre de Adolfo Hitler haya sido una prostituta.
María, la madre de Jesús, es un ejemplo claro de la influencia que ejerce una buena madre. Jesús era Dios hecho hombre, pero ese hombre primero fue un niño y, como tal, necesitó del amor, del cuidado y de la dirección de María y ella cumplió cabalmente su papel. Jesús fue un niño y un adolescente ejemplar. Estoy seguro que en muchas cosas Jesús reflejaba la influencia de su madre. En María vemos algunas virtudes que toda madre debe buscar para el bienestar de su familia. La primera de ellas es la sumisión que mostró a la voluntad de Dios. De acuerdo a Lucas 1:28-33, el ángel Gabriel se le apareció y le anunció que había sido escogida para concebir del Espíritu Santo al Hijo de Dios. María podía haberse negado. Su capacidad de decisión estaba intacta. Desde luego que como ser humano, María tenía que considerar ciertos aspectos de aquel anuncio sorprendente. ¿Por qué ella y no alguien más? ¿qué pensaría José, su prometido cuando le dijera que estaba embarazada sin haberse aún casado? ¿qué diría la gente? ¿y qué significaba eso de concebir por obra y gracia del Espíritu Santo? Hay que considerar, además, que María era una jovencita de unos 13 o 14 años. Sin embargo, a pesar de que no entendía todo lo que le estaba pasando ni las implicaciones de aquel llamado de Dios a ser la madre de su hijo divino, su respuesta fue de total sumisión: “Aquí está la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). María no opuso resistencia. Podemos, pues, concluir que tal vez la virtud básica para ser una madre ejemplar sea la sumisión a la voluntad de Dios aún cuando no la entendamos por completo y aún cuando esta obediencia implique riesgos y dificultades.
Una segunda virtud que vemos en María como madre es que fue una mujer dispuesta al sufrimiento a causa de su vocación. Toda madre al ver a su niño pequeño dormido en la cuna, ha sentido cierta intranquilidad, cierta inquietud del corazón de pensar qué le aguardará el futuro. Cuando María llevó al niño Jesús al Templo, Simeón le dijo, entre otras cosas: “Una espada traspasará tu misma alma, para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones” (Lucas 2:35). Aunque no podía imaginar todos los detalles, María sabía de antemano que su hijo estaba destinado al sufrimiento. En efecto, aquel niño se haría hombre, sería crucificado por los pecados de la humanidad y el corazón de su madre sería destrozado. La vocación de madre parece que por definición implica sufrimiento y las buenas madres están dispuestas a pagar el precio.
Finalmente, María también fue obediente al llamado misionero de Dios. En la realización del primer milagro de Jesús en las bodas de Caná, la madre de Jesús jugó un papel protagónico. Ella sabía del llamado de su hijo, confiaba en su poder y se atrevió a empujarlo a realizar el milagro: “Haced todo lo que él os diga”, dijo. (Juan 2:5) La última vez que la Biblia se refiere a ella, la encontramos entre los discípulos que esperaban la llegada del Espíritu Santo en el aposento alto de Jerusalén. “Todos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:14). María no es sólo la madre sino también la discípula del Hijo de Dios, la que promueve su causa, la que sin duda, tendrá un papel activo en la vida de las primeras comunidades cristianas. Toda la familia está allí. Toda la familia será cristiana.
María es un ejemplo de maternidad exitosa. ¡Qué diferentes serían nuestras familias con madres como ella! En el marco de las presentes festividades católicas relativas a la Virgen María, se me ocurre que tal vez la mejor forma de honrar su memoria sea simplemente imitarla en éstas y otras virtudes no mencionadas aquí por razones de espacio. María es la madre que todo hijo quisiera tener.
¡QUÉ MADRE!
María es un ejemplo de madre que todo hijo quisiera tener, dada su vocación de madre exitosa y prueba de ello fue el sufrimiento con el que siempre acompañó a su hijo Jesucristo. También María fue obediente al llamado misionero de Dios. Definitivamente, la Madre de Jesús, constituirá por siempre un ejemplo de maternidad para las mujeres.
MADRE EJEMPLAR
El éxito o el fracaso de un hijo o hija depende, en gran medida, del tipo de madre que haya tenido. María es el ejemplo clásico de una maternidad exitosa. Ella fue una mujer sumisa y obediente a la voluntad de Dios, estuvo dispuesta al sufrimiento y al sacrificio por causa de su hijo y participó fielmente en su ministerio. Las madres de hoy pueden honrar la memoria de María imitando éstas y otras de sus virtudes y así criar hijos de los cuales puedan sentirse orgullosas.
María, la madre de Jesús, es un ejemplo claro de la influencia que ejerce una buena madre. Jesús era Dios hecho hombre, pero ese hombre primero fue un niño y, como tal, necesitó del amor, del cuidado y de la dirección de María y ella cumplió cabalmente su papel. Jesús fue un niño y un adolescente ejemplar. Estoy seguro que en muchas cosas Jesús reflejaba la influencia de su madre. En María vemos algunas virtudes que toda madre debe buscar para el bienestar de su familia. La primera de ellas es la sumisión que mostró a la voluntad de Dios. De acuerdo a Lucas 1:28-33, el ángel Gabriel se le apareció y le anunció que había sido escogida para concebir del Espíritu Santo al Hijo de Dios. María podía haberse negado. Su capacidad de decisión estaba intacta. Desde luego que como ser humano, María tenía que considerar ciertos aspectos de aquel anuncio sorprendente. ¿Por qué ella y no alguien más? ¿qué pensaría José, su prometido cuando le dijera que estaba embarazada sin haberse aún casado? ¿qué diría la gente? ¿y qué significaba eso de concebir por obra y gracia del Espíritu Santo? Hay que considerar, además, que María era una jovencita de unos 13 o 14 años. Sin embargo, a pesar de que no entendía todo lo que le estaba pasando ni las implicaciones de aquel llamado de Dios a ser la madre de su hijo divino, su respuesta fue de total sumisión: “Aquí está la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). María no opuso resistencia. Podemos, pues, concluir que tal vez la virtud básica para ser una madre ejemplar sea la sumisión a la voluntad de Dios aún cuando no la entendamos por completo y aún cuando esta obediencia implique riesgos y dificultades.
Una segunda virtud que vemos en María como madre es que fue una mujer dispuesta al sufrimiento a causa de su vocación. Toda madre al ver a su niño pequeño dormido en la cuna, ha sentido cierta intranquilidad, cierta inquietud del corazón de pensar qué le aguardará el futuro. Cuando María llevó al niño Jesús al Templo, Simeón le dijo, entre otras cosas: “Una espada traspasará tu misma alma, para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones” (Lucas 2:35). Aunque no podía imaginar todos los detalles, María sabía de antemano que su hijo estaba destinado al sufrimiento. En efecto, aquel niño se haría hombre, sería crucificado por los pecados de la humanidad y el corazón de su madre sería destrozado. La vocación de madre parece que por definición implica sufrimiento y las buenas madres están dispuestas a pagar el precio.
Finalmente, María también fue obediente al llamado misionero de Dios. En la realización del primer milagro de Jesús en las bodas de Caná, la madre de Jesús jugó un papel protagónico. Ella sabía del llamado de su hijo, confiaba en su poder y se atrevió a empujarlo a realizar el milagro: “Haced todo lo que él os diga”, dijo. (Juan 2:5) La última vez que la Biblia se refiere a ella, la encontramos entre los discípulos que esperaban la llegada del Espíritu Santo en el aposento alto de Jerusalén. “Todos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:14). María no es sólo la madre sino también la discípula del Hijo de Dios, la que promueve su causa, la que sin duda, tendrá un papel activo en la vida de las primeras comunidades cristianas. Toda la familia está allí. Toda la familia será cristiana.
María es un ejemplo de maternidad exitosa. ¡Qué diferentes serían nuestras familias con madres como ella! En el marco de las presentes festividades católicas relativas a la Virgen María, se me ocurre que tal vez la mejor forma de honrar su memoria sea simplemente imitarla en éstas y otras virtudes no mencionadas aquí por razones de espacio. María es la madre que todo hijo quisiera tener.
¡QUÉ MADRE!
María es un ejemplo de madre que todo hijo quisiera tener, dada su vocación de madre exitosa y prueba de ello fue el sufrimiento con el que siempre acompañó a su hijo Jesucristo. También María fue obediente al llamado misionero de Dios. Definitivamente, la Madre de Jesús, constituirá por siempre un ejemplo de maternidad para las mujeres.
MADRE EJEMPLAR
El éxito o el fracaso de un hijo o hija depende, en gran medida, del tipo de madre que haya tenido. María es el ejemplo clásico de una maternidad exitosa. Ella fue una mujer sumisa y obediente a la voluntad de Dios, estuvo dispuesta al sufrimiento y al sacrificio por causa de su hijo y participó fielmente en su ministerio. Las madres de hoy pueden honrar la memoria de María imitando éstas y otras de sus virtudes y así criar hijos de los cuales puedan sentirse orgullosas.
Un ejemplo de Madres a seguir
Hoy, Día de las Madres, quiero desde mi posición de ministro evangélico ofrecer un modestísimo homenaje a María, a quien considero, justa y apropiadamente, la Madre de todas las madres.
María es un modelo de cómo una madre tiene que afrontar el proceso de la concepción. Ella sufrió situaciones difíciles, tanto en el ámbito familiar como social; pero se apegó, no a los convencionalismos vigentes, sino al palpitante fruto de su vientre. Hoy día, cuando la práctica despiadada del aborto convierte a muchas madres en asesinas de sus propios hijos, debiera toda mujer que sepa que en su interior se desarrolla el milagro de una vida nueva, mirar con devoción hacia María, tratando con respetuosa humildad de seguir los caminos que ella con su ejemplo nos señalara. Cuando María supo que había sido escogida por Dios para ser madre, sin medir riesgos ni enumerar objeciones, aceptó la bendición que corona la vida de toda mujer. Ser madre es el gran regalo de Dios, es una preferencia del cielo. Es crear vida. Cuando con los ojos del corazón miramos a María pobre, solitaria, alojada bajo un techo de ramas, pero engalanada con el canto de los ángeles, aprendemos que la verdadera felicidad no está en los pañales bordados de oro ni en las suntuosas y palaciegas habitaciones. La verdadera felicidad es una madre pura que besa a un hijo santo.
María es de manera particular, para nosotros los desterrados, una personalidad muy cercana. Cuando llegó la hora de la decisión, con tal de salvaguardar la vida de su hijo, emprendió la peligrosa ruta del destierro. Es símbolo de la madre que en bien del fruto de sus entrañas, asume privaciones, incomodidades y sacrificios. Hoy día nos hace falta muchas madres que estén dispuestas a huir con sus hijos de los medios contaminados, peligrosos y perjudiciales que atentan contra la dignidad de sus deberes maternales. Los hijos del destierro son también hijos de la Patria. Eso lo aprendemos de la joven virgen que no se apartó jamás del Dios que la había tocado con la varita mágica de la maternidad.
María también afrontó la experiencia de ver a su hijo emprendiendo sus propios caminos. Recordamos el incidente del niño Jesús en el templo, participando de conversaciones aparentemente vedadas para su edad, con funcionarios y líderes religiosos. María y José le hallaron después de una ansiosa búsqueda, y Jesús de forma directa les hizo claro que estaba actuando en cumplimiento de la voluntad de su Padre de los cielos. María “guardaba estas cosas en su corazón” y supo aceptar la realidad de que pronto la hora llegaría en que su Hijo emprendería las tareas propias de su llamado. Una madre no es dueña de su hijo, sino que debe ser sabia para pavimentar con amor y seguridad el sendero que éste escoja para sus pasos. En ese trámite María es un ejemplo que no puede ignorarse. Ella había sido advertida de que “una espada atravesaría su corazón”; pero a sabiendas de que era santa la misión de su hijo, lo dejó partir, no sin dolor; pero sí con mucha esperanza.
En el evangelio según San Juan se narra la historia de las bodas de Caná. Estaban unidos, juntas las manos, madre e hijo en la hora de la alegría, la recreación y la familiaridad. En estos tiempos los hijos no se hacen acompañar de sus padres en celebraciones públicas; por lo que este ejemplo de Jesús y María gozando de una fiesta familiar es un reto a las familias de hoy.
En las bodas de Caná María apuntó hacia el señorío de su hijo. Cuando se le acercaron los mayordomos para decirle preocupados que el vino estaba al terminarse, ella simplemente apuntó su índice hacia Jesús, y dijo con devota nobleza: “Hagan lo que El os mande”. María encarnaba -y encarna-, una grandeza peculiar; pero al mismo tiempo fue consciente de la función especial y única que su Hijo representaba para el mundo y la eternidad, y así lo anunció con celestial tono en su voz. Sus conexiones con el Espíritu Santo, desde el principio, le dibujaron la ruta a seguir.
Finalmente tenemos en el Evangelio el cuadro patético de María frente a la cruz en la que martirizaban a su hijo. Allí, en el Calvario, no estaban quienes recibieron de manos del Señor, pan y milagros. No estaban en el Gólgota amigos ni seguidores; pero cubriendo con su presencia la ausencia cobarde de todos, estaba María, la madre. Este cuadro de una madre que llora ante del dolor de su hijo es quizás uno de los cuadros más conmovedores de todas Las Escrituras.
Cuando los hijos sufren, la madre siente herida su propia alma. Cuando lloran los hijos, los rostros de las madres arden también en lágrimas. María, al pie de la cruz, es el símbolo eterno y universal de la madre abnegada, haciendo suyo el dolor que rasga las carnes del fruto de su vientre.
Bella es, sin embargo, la conclusión del Evangelio: ¡María gozando el triunfo de su hijo en la conmovedora victoria de la Resurrección! Porque así son las madres: se les ilumina el rostro con los triunfos de los hijos, se les enciende de cielo el corazón con la grandeza de sus criaturas.
Queremos hoy, Día de las Madres, tener entre nosotros madres como María.
Madres que disfruten el privilegio de la maternidad con fidelidad abnegada.
Madres que por el bienestar de sus hijos estén dispuestas a sacrificar placeres, comodidades y tranquilidad.
Madres que acepten con respeto admirador la hora en que sus hijos emprendan la ruta que les ha asignado Dios.
Madres que lloren con sus hijos, aliviando con sus propias lágrimas los dolores de éstos.
Queremos entre nosotros madres como María, que cumplan junto a sus hijos el inquieto recorrido de la vida. Madres que sepan que la muerte no separa a los que se aman, y que más allá de una tumba que se cierra, hay un bendito encuentro con la Resurrección.
¡Feliz y bendecido Día de las Madres!.
María es un modelo de cómo una madre tiene que afrontar el proceso de la concepción. Ella sufrió situaciones difíciles, tanto en el ámbito familiar como social; pero se apegó, no a los convencionalismos vigentes, sino al palpitante fruto de su vientre. Hoy día, cuando la práctica despiadada del aborto convierte a muchas madres en asesinas de sus propios hijos, debiera toda mujer que sepa que en su interior se desarrolla el milagro de una vida nueva, mirar con devoción hacia María, tratando con respetuosa humildad de seguir los caminos que ella con su ejemplo nos señalara. Cuando María supo que había sido escogida por Dios para ser madre, sin medir riesgos ni enumerar objeciones, aceptó la bendición que corona la vida de toda mujer. Ser madre es el gran regalo de Dios, es una preferencia del cielo. Es crear vida. Cuando con los ojos del corazón miramos a María pobre, solitaria, alojada bajo un techo de ramas, pero engalanada con el canto de los ángeles, aprendemos que la verdadera felicidad no está en los pañales bordados de oro ni en las suntuosas y palaciegas habitaciones. La verdadera felicidad es una madre pura que besa a un hijo santo.
María es de manera particular, para nosotros los desterrados, una personalidad muy cercana. Cuando llegó la hora de la decisión, con tal de salvaguardar la vida de su hijo, emprendió la peligrosa ruta del destierro. Es símbolo de la madre que en bien del fruto de sus entrañas, asume privaciones, incomodidades y sacrificios. Hoy día nos hace falta muchas madres que estén dispuestas a huir con sus hijos de los medios contaminados, peligrosos y perjudiciales que atentan contra la dignidad de sus deberes maternales. Los hijos del destierro son también hijos de la Patria. Eso lo aprendemos de la joven virgen que no se apartó jamás del Dios que la había tocado con la varita mágica de la maternidad.
María también afrontó la experiencia de ver a su hijo emprendiendo sus propios caminos. Recordamos el incidente del niño Jesús en el templo, participando de conversaciones aparentemente vedadas para su edad, con funcionarios y líderes religiosos. María y José le hallaron después de una ansiosa búsqueda, y Jesús de forma directa les hizo claro que estaba actuando en cumplimiento de la voluntad de su Padre de los cielos. María “guardaba estas cosas en su corazón” y supo aceptar la realidad de que pronto la hora llegaría en que su Hijo emprendería las tareas propias de su llamado. Una madre no es dueña de su hijo, sino que debe ser sabia para pavimentar con amor y seguridad el sendero que éste escoja para sus pasos. En ese trámite María es un ejemplo que no puede ignorarse. Ella había sido advertida de que “una espada atravesaría su corazón”; pero a sabiendas de que era santa la misión de su hijo, lo dejó partir, no sin dolor; pero sí con mucha esperanza.
En el evangelio según San Juan se narra la historia de las bodas de Caná. Estaban unidos, juntas las manos, madre e hijo en la hora de la alegría, la recreación y la familiaridad. En estos tiempos los hijos no se hacen acompañar de sus padres en celebraciones públicas; por lo que este ejemplo de Jesús y María gozando de una fiesta familiar es un reto a las familias de hoy.
En las bodas de Caná María apuntó hacia el señorío de su hijo. Cuando se le acercaron los mayordomos para decirle preocupados que el vino estaba al terminarse, ella simplemente apuntó su índice hacia Jesús, y dijo con devota nobleza: “Hagan lo que El os mande”. María encarnaba -y encarna-, una grandeza peculiar; pero al mismo tiempo fue consciente de la función especial y única que su Hijo representaba para el mundo y la eternidad, y así lo anunció con celestial tono en su voz. Sus conexiones con el Espíritu Santo, desde el principio, le dibujaron la ruta a seguir.
Finalmente tenemos en el Evangelio el cuadro patético de María frente a la cruz en la que martirizaban a su hijo. Allí, en el Calvario, no estaban quienes recibieron de manos del Señor, pan y milagros. No estaban en el Gólgota amigos ni seguidores; pero cubriendo con su presencia la ausencia cobarde de todos, estaba María, la madre. Este cuadro de una madre que llora ante del dolor de su hijo es quizás uno de los cuadros más conmovedores de todas Las Escrituras.
Cuando los hijos sufren, la madre siente herida su propia alma. Cuando lloran los hijos, los rostros de las madres arden también en lágrimas. María, al pie de la cruz, es el símbolo eterno y universal de la madre abnegada, haciendo suyo el dolor que rasga las carnes del fruto de su vientre.
Bella es, sin embargo, la conclusión del Evangelio: ¡María gozando el triunfo de su hijo en la conmovedora victoria de la Resurrección! Porque así son las madres: se les ilumina el rostro con los triunfos de los hijos, se les enciende de cielo el corazón con la grandeza de sus criaturas.
Queremos hoy, Día de las Madres, tener entre nosotros madres como María.
Madres que disfruten el privilegio de la maternidad con fidelidad abnegada.
Madres que por el bienestar de sus hijos estén dispuestas a sacrificar placeres, comodidades y tranquilidad.
Madres que acepten con respeto admirador la hora en que sus hijos emprendan la ruta que les ha asignado Dios.
Madres que lloren con sus hijos, aliviando con sus propias lágrimas los dolores de éstos.
Queremos entre nosotros madres como María, que cumplan junto a sus hijos el inquieto recorrido de la vida. Madres que sepan que la muerte no separa a los que se aman, y que más allá de una tumba que se cierra, hay un bendito encuentro con la Resurrección.
¡Feliz y bendecido Día de las Madres!.
Etiquetas:
ejemplo de madre
MADRE MIA
LA BENDICIÓN DE SER MADRE
Dios bendice las madres,
las mas hermosas mujeres
porque en sus vidas nos alientan
los mas puros quereres.
Las que sienten el peso
de los deberes del día
y se entregan en martirios,
con su amor y simpatía.
Las que cantaron al oído
tantas canciones de cuna
y como hijo enseñaron
su viviente gran fortuna…
Dios bendice las madres
que se entregan a diario
por el dolor de los hijos
en el cotidiano Calvario…
Las que hicieron otras vidas,
en sus benditas entrañas
y nos entregaron sus almas
con un amor que no engaña...
Las que dieron al hijo,
como flor, sus consejos
y a sus hijos aun miman
hasta cuando llegan a viejos…
Dios bendice las madres,
en su santo derroche
de cariño sin tacha,
de pasión sin reproche…
Las que tienden la mano
de bondad para el acto
y renueva esperanzas con
su amor el contacto…
Las que impregnan el alma
de una fe tan intensa
que se hicieron muy dignas
con su eterna recompensa…
Dios bendice las madres,
las que santas y tiernas,
por su amor se merecen
ser queridas... madres eternas...
Dios bendice las madres,
las mas hermosas mujeres
porque en sus vidas nos alientan
los mas puros quereres.
Las que sienten el peso
de los deberes del día
y se entregan en martirios,
con su amor y simpatía.
Las que cantaron al oído
tantas canciones de cuna
y como hijo enseñaron
su viviente gran fortuna…
Dios bendice las madres
que se entregan a diario
por el dolor de los hijos
en el cotidiano Calvario…
Las que hicieron otras vidas,
en sus benditas entrañas
y nos entregaron sus almas
con un amor que no engaña...
Las que dieron al hijo,
como flor, sus consejos
y a sus hijos aun miman
hasta cuando llegan a viejos…
Dios bendice las madres,
en su santo derroche
de cariño sin tacha,
de pasión sin reproche…
Las que tienden la mano
de bondad para el acto
y renueva esperanzas con
su amor el contacto…
Las que impregnan el alma
de una fe tan intensa
que se hicieron muy dignas
con su eterna recompensa…
Dios bendice las madres,
las que santas y tiernas,
por su amor se merecen
ser queridas... madres eternas...
jueves, 15 de octubre de 2009
Reflexiones de una madre
Reflexiones de una madre tras una noche de insomnio
Por Eva Mª Ruiz Mora: persona, mujer, madre y trabajadora.
Jueves 15 de noviembre de 2007
Supongo que existen muchas formas de ser ciega como tantas otras de ser sorda. Yo como tantas mujeres y hombres de esta época que nos ha tocado vivir, la mayoría de las veces soy ciega por no querer ver la realidad y otras sorda por no querer oír a mi conciencia.
Pero después de tres noches de insomnio, tres noches en las que el cansancio no deja salir a la fuerza, que controla mis pensamientos y decide en que pensar y en que no, no me ha queda más remedio que rendirme a la evidencia y dejar entrar al sentimiento de culpa;
Culpa por pensar que mi pequeña se hace grande y yo apenas tengo tiempo para darme cuenta,
Culpa de no estar cuando está triste y necesita que la abracen,
Culpa de no estar cuando está alegre y no reir con ella,
Culpa de querer engañar a la culpa con caprichos y malcrianzas,
Culpa de no llenar su vacío con un hermano o hermana,
Culpa de las tantísimas horas que, no solo yo estoy sin ella, sino que ella está sin mí,
Culpa de hacer de los abuelos y abuelas padres y madres,
Culpa de que dentro de unos años, como tanto otros “niños y niñas llaveros”, entre en casa con sus propias llaves y solo la reciba la soledad. Nadie para darle la bienvenida, nadie para preguntarle que tal el día, nadie para ayudarle a hacer sus deberes, nadie para decirle cuanto tiempo puede pasar jugando con la videoconsola o que programas de televisión puede ver y cuales no,
Culpa,…
Y aunque la mayoría de las veces estoy tan ciega como sorda, siempre hay una nube negra que invade mi corazón que, cuando escucho a alguien decir que la juventud no tiene valores o cuando leo en la prensa un artículo sobre la violencia en las escuelas, entonces la culpa se convierte en miedo. Miedo a que mi pequeña no aprenda a distinguir el bien del mal y miedo a no lograr la confianza suficiente para que mi niña busque en su madre una aliada para superar cualquier vicisitud.
Y cuando llega la culpa y el miedo decido que algo debe cambiar y al buscar soluciones, siempre la encuentro en la renuncia. Renuncia a una parte o al total de mi jornada de trabajo, renuncia a una parte o al total de mi independencia económica y personal, de una jubilación decente, de mi autorrealización, y de ser el ejemplo de mujer libre e independiente que quiero ser para mi niña.
Y cuando me doy cuenta que, la renuncia a mi empleo y a mi yo como persona no puede ser la solución, también me doy cuenta que, la no renuncia al empleo significa la renuncia a mi yo como persona y como madre y la renuncia de mi hija a su madre y a ser educada en un entorno familiar. Y entonces vuelve la culpa y el miedo.
Tal vez mañana, si logro dormir esta noche, y consigo no dejar entrar a la culpa, tome conciencia de que yo no soy la culpable de está situación, tan común en tantas familias. Y que la responsabilidad social de los trabajadores y trabajadoras también la tienen las empresas, y que son ellas las que, tal vez, debieran asumir la culpa de los efectos de la no conciliación de la vida familiar, personal y laboral. Y, tal vez, ellas tuviesen que renunciar, renunciar NO a los beneficios, NO a la eficacia NI a la eficiencia de mi trabajo, No la consecución de objetivos, solo renunciar al derecho de organizar MI tiempo.
Y entonces tal vez en mis noches de insomnio en vez de dejar entrar a los pensamiento de culpa y temores, tendré que dejar pasar los pensamientos y estrategias de organización de MI tiempo.
Y entonces tal vez, desaparezca el insomnio, no me sienta tan cansada y pueda ser más eficiente en mi trabajo.
Y entonces tal vez, desaparezca la culpa.
Por Eva Mª Ruiz Mora: persona, mujer, madre y trabajadora.
Jueves 15 de noviembre de 2007
Supongo que existen muchas formas de ser ciega como tantas otras de ser sorda. Yo como tantas mujeres y hombres de esta época que nos ha tocado vivir, la mayoría de las veces soy ciega por no querer ver la realidad y otras sorda por no querer oír a mi conciencia.
Pero después de tres noches de insomnio, tres noches en las que el cansancio no deja salir a la fuerza, que controla mis pensamientos y decide en que pensar y en que no, no me ha queda más remedio que rendirme a la evidencia y dejar entrar al sentimiento de culpa;
Culpa por pensar que mi pequeña se hace grande y yo apenas tengo tiempo para darme cuenta,
Culpa de no estar cuando está triste y necesita que la abracen,
Culpa de no estar cuando está alegre y no reir con ella,
Culpa de querer engañar a la culpa con caprichos y malcrianzas,
Culpa de no llenar su vacío con un hermano o hermana,
Culpa de las tantísimas horas que, no solo yo estoy sin ella, sino que ella está sin mí,
Culpa de hacer de los abuelos y abuelas padres y madres,
Culpa de que dentro de unos años, como tanto otros “niños y niñas llaveros”, entre en casa con sus propias llaves y solo la reciba la soledad. Nadie para darle la bienvenida, nadie para preguntarle que tal el día, nadie para ayudarle a hacer sus deberes, nadie para decirle cuanto tiempo puede pasar jugando con la videoconsola o que programas de televisión puede ver y cuales no,
Culpa,…
Y aunque la mayoría de las veces estoy tan ciega como sorda, siempre hay una nube negra que invade mi corazón que, cuando escucho a alguien decir que la juventud no tiene valores o cuando leo en la prensa un artículo sobre la violencia en las escuelas, entonces la culpa se convierte en miedo. Miedo a que mi pequeña no aprenda a distinguir el bien del mal y miedo a no lograr la confianza suficiente para que mi niña busque en su madre una aliada para superar cualquier vicisitud.
Y cuando llega la culpa y el miedo decido que algo debe cambiar y al buscar soluciones, siempre la encuentro en la renuncia. Renuncia a una parte o al total de mi jornada de trabajo, renuncia a una parte o al total de mi independencia económica y personal, de una jubilación decente, de mi autorrealización, y de ser el ejemplo de mujer libre e independiente que quiero ser para mi niña.
Y cuando me doy cuenta que, la renuncia a mi empleo y a mi yo como persona no puede ser la solución, también me doy cuenta que, la no renuncia al empleo significa la renuncia a mi yo como persona y como madre y la renuncia de mi hija a su madre y a ser educada en un entorno familiar. Y entonces vuelve la culpa y el miedo.
Tal vez mañana, si logro dormir esta noche, y consigo no dejar entrar a la culpa, tome conciencia de que yo no soy la culpable de está situación, tan común en tantas familias. Y que la responsabilidad social de los trabajadores y trabajadoras también la tienen las empresas, y que son ellas las que, tal vez, debieran asumir la culpa de los efectos de la no conciliación de la vida familiar, personal y laboral. Y, tal vez, ellas tuviesen que renunciar, renunciar NO a los beneficios, NO a la eficacia NI a la eficiencia de mi trabajo, No la consecución de objetivos, solo renunciar al derecho de organizar MI tiempo.
Y entonces tal vez en mis noches de insomnio en vez de dejar entrar a los pensamiento de culpa y temores, tendré que dejar pasar los pensamientos y estrategias de organización de MI tiempo.
Y entonces tal vez, desaparezca el insomnio, no me sienta tan cansada y pueda ser más eficiente en mi trabajo.
Y entonces tal vez, desaparezca la culpa.
Etiquetas:
reflexiones de una madre
Se cuenta la historia de un águila que había construido su nido en lo alto de un peñasco. Cierto día cuando volaba en torno de su nido, el águila vio a su aguilucho recién nacido que se agarraba desesperadamente del borde del nido, tratando con todas sus fuerzas de sostenerse e impedir así una caída al abismo, lo que sería fatalmente su fin.
Como era imposible alcanzar el peñasco antes que su cría cayera, el águila descendió con la velocidad de un rayo debajo de su hijito y abrió sus fuertes alas para interrumpir su caída. Con su cría agarrada a ella el águila planeó entonces con seguridad de vuelta al nido.
Moisés, antes de su muerte, dando su bendición al pueblo, les aseguró que Dios no los abandonaría y por eso dijo: “El Dios eterno es tu protector y por debajo tuyo extiende sus brazos eternos”. (Deuteronomio 33.27).
Aun hoy podemos confiar en esta promesa. Así como el águila extendió sus alas para interrumpir la caída de su cría, así Dios extiende sus brazos para interrumpir la caída de cada uno de sus hijos. A veces Dios llega a permitir que caigamos de nuestro nido (sufrimientos, pérdidas, desilusiones, problemas familiares, etc.), para mostrar cuán débiles e impotentes somos, para sentir cuán dependientes somos de su protección.
Sólo que Dios no quiere que lleguemos hasta el suelo y nos invita a través del salmista: “Entrega tu camino al Señor, confía en él y el resto él lo hará” n (Sl 37.5)
Creo en las promesas de Dios porque yo creo en un Dios vivo. Creo que Dios no perdió su poder, sino que continúa extendiendp sus brazos para ampararme.Creo en aquella promesa bíblica: “Vengan a mi todos ustedes que estan cansados de cargar sus pesadas cargas y yo los aliviaré” (Mateo 11.29).
Creo en la ayuda de Dios ¿Y tú?
Como era imposible alcanzar el peñasco antes que su cría cayera, el águila descendió con la velocidad de un rayo debajo de su hijito y abrió sus fuertes alas para interrumpir su caída. Con su cría agarrada a ella el águila planeó entonces con seguridad de vuelta al nido.
Moisés, antes de su muerte, dando su bendición al pueblo, les aseguró que Dios no los abandonaría y por eso dijo: “El Dios eterno es tu protector y por debajo tuyo extiende sus brazos eternos”. (Deuteronomio 33.27).
Aun hoy podemos confiar en esta promesa. Así como el águila extendió sus alas para interrumpir la caída de su cría, así Dios extiende sus brazos para interrumpir la caída de cada uno de sus hijos. A veces Dios llega a permitir que caigamos de nuestro nido (sufrimientos, pérdidas, desilusiones, problemas familiares, etc.), para mostrar cuán débiles e impotentes somos, para sentir cuán dependientes somos de su protección.
Sólo que Dios no quiere que lleguemos hasta el suelo y nos invita a través del salmista: “Entrega tu camino al Señor, confía en él y el resto él lo hará” n (Sl 37.5)
Creo en las promesas de Dios porque yo creo en un Dios vivo. Creo que Dios no perdió su poder, sino que continúa extendiendp sus brazos para ampararme.Creo en aquella promesa bíblica: “Vengan a mi todos ustedes que estan cansados de cargar sus pesadas cargas y yo los aliviaré” (Mateo 11.29).
Creo en la ayuda de Dios ¿Y tú?
Dios y las madres
Dios estaba muy ocupado en crear a las madres, llevaba ya seis días trabajando horas extraordinarias, cuando un ángel se le presentó y dijo: Te afanas demasiado Señor. Entonces Dios le contestó: Acaso no has leído las especificaciones que debe llenar esta criatura: Tiene que ser lavable de pies a cabeza, pero sin ser de plástico; llevar 180 piezas movibles, todas reemplazables, funcionar a base de café negro y de las sobras de la comida, poseer un regazo que desaparezca cuando se ponga de pie, un beso capaz de cubrir todo, desde una pierna rota, hasta un amor frustrado, y seis pares de manos... Y el ángel confundido observó: ¿Seis pares de manos? ¡Eso es imposible!No son las manos el problema (agregó el señor), sino los tres pares de ojos ¿Y éso es para el modelo normal? (inquirió el ángel) El Creador asintió: Uno para ver a través de la puerta siempre que pregunte: "¡Niños! ¿qué andan haciendo allá adentro?" aunque ya lo sepa muy bien, otro detrás de la cabeza para ver lo que más le valiera ignorar, pero que precisa saber, y desde luego, los de adelante, para mirar a un niño en apuros y decirle, sin pronunciar siquiera palabra: "Ya te entiendo hijo, y te quiero mucho" El ángel le tiró de la manga y advirtió mansamente: Vale más que te vayas a la cama Señor, mañana será otro día. -No puedo. Y además me falta poco. Ya hice una que se cura por si sola cuando enferma, que es capaz de alimentar a una familia de seis personas con sólo medio kilo de carne molida, y de persuadir a un chiquillo de nueve años para que se esté quieto bajo la ducha. Lentamente el ángel dio la vuelta en torno a uno de los modelos maternales. Me parece demasiado delicada (comentó con un suspiro). -¡Pero es muy resistente! (aseguró Dios emocionado) no tienes idea de lo que es capaz de hacer y sobrellevar. ¿Podrá pensar? -¡Claro ! y también transigir. Por último el ángel se inclinó y pasó un dedo por la mejilla de la modelo... ¡Tiene una fuga! -No es una fuga, es una lágrima.
-¿Y para qué sirve? -Para expresar gozo, aflicción, desengaño, pesadumbre, soledad y orgullo. -¡Eres un genio Señor ! Y Dios con perfil de tristeza observó: Yo no se la puse...
(Autor desconocido)
-¿Y para qué sirve? -Para expresar gozo, aflicción, desengaño, pesadumbre, soledad y orgullo. -¡Eres un genio Señor ! Y Dios con perfil de tristeza observó: Yo no se la puse...
(Autor desconocido)
Etiquetas:
Dios y las madres
Madre
Porque puedo reconstruir paso a paso mis primeros años
con todas esas fotografías clasificadas con tanto cuidado.
¿Cuánto amor puede caber en el placer con que muestras siempre
ese rostro lloroso, embadurnado de chocolate?.
Por pedirme perdón en las ocasiones
en que habías sido injusta o cuando te equivocabas.
Así aprendí que se necesita tanta valentía
para aceptar los errores como para corregirlos.
Por haber comenzado a aplaudir en aquel festival,
disimulando que yo,
para mi horror, había olvidado por completo cómo continuaba mi poesía.
Porque siempre has sabido cómo preguntarme qué me pasa,
hasta conseguir que mis preocupaciones se aligeren al compartirlas contigo.
Porque me has hecho sentir que ninguna meta que me proponga alcanzar es imposible.
Y porque realmente lo crees.
Tu confianza en mí ha sido el mejor curso de superación personal.
Tantas son las vocaciones ocultas de una madre:
Es la enfermera que no retrocede ante la sangre de ninguna herida;
el médico que adivina si es dolor
presagia una enfermedad o una tarea difícil en la escuela;
el mejor abogado para defendernos de maestros
y entrenadores ciegos a nuestra excelencia;
la psicóloga que calma nuestros miedos;
el veterinario que cura nuestra mascota...
y se ocupa de ella;
y también el filósofo que nos explica los eternos enigmas de la vida...
~Anónimo
con todas esas fotografías clasificadas con tanto cuidado.
¿Cuánto amor puede caber en el placer con que muestras siempre
ese rostro lloroso, embadurnado de chocolate?.
Por pedirme perdón en las ocasiones
en que habías sido injusta o cuando te equivocabas.
Así aprendí que se necesita tanta valentía
para aceptar los errores como para corregirlos.
Por haber comenzado a aplaudir en aquel festival,
disimulando que yo,
para mi horror, había olvidado por completo cómo continuaba mi poesía.
Porque siempre has sabido cómo preguntarme qué me pasa,
hasta conseguir que mis preocupaciones se aligeren al compartirlas contigo.
Porque me has hecho sentir que ninguna meta que me proponga alcanzar es imposible.
Y porque realmente lo crees.
Tu confianza en mí ha sido el mejor curso de superación personal.
Tantas son las vocaciones ocultas de una madre:
Es la enfermera que no retrocede ante la sangre de ninguna herida;
el médico que adivina si es dolor
presagia una enfermedad o una tarea difícil en la escuela;
el mejor abogado para defendernos de maestros
y entrenadores ciegos a nuestra excelencia;
la psicóloga que calma nuestros miedos;
el veterinario que cura nuestra mascota...
y se ocupa de ella;
y también el filósofo que nos explica los eternos enigmas de la vida...
~Anónimo
Dia de la madre
La madre o mamá, en el contexto biológico es aquel ser de sexo femenino que ha tenido descendencia. El enlace maternal describe los sentimientos que una madre tiene por sus hijos.
En el caso de los mamíferos como el ser humano, la madre gesta a su hijo (primeramente llamado embrión y luego feto) en la matriz hasta que el feto esté suficientemente desarrollado para nacer. La madre entra en labor de parto y da a luz.
En organismo asexuados, madre también puede significar padre, en el caso de los organismos unicelulares que se reproducen por división, la madre es una célula que se divide para producir células "hijas".
Comúnmente la madre cumple un rol muy importante dentro del desarrollo de los niños, el título de madre también puede ser dado a aquella mujer que cumpla este papel sin estar emparentada biológicamente con el niño o niña. Mayormente esto ocurre con mujeres que han adoptado niños o con mujeres casadas con hombres que previamente habían engendrado descendencia. El término también se puede referir a una persona a la cual se le identifica con el estereotipo de madre.
Anualmente se da la celebración del Día de la Madre en muchas partes del mundo. En la confesión católica la Virgen María es considerada como la "Madre de Dios", por creer que su hijo lo era.
Mamá, mami, mamita, ma, son expresiones típicamente familiares utilizadas para referirse a una madre (Mamita suele usarse en la parte norteña de México por maridos, como una expresión cariñosa para llamar a sus mujeres. Por ejemplo: ¿Estás lista, Mamita?).
En algunas sociedades el status de madre soltera suele tener connotaciones negativas. Especialmente en América Latina y en los países de la cuenca del Mediterráneo, se ha desarrollado una compleja figura en torno a la madre, en que ésta es al mismo tiempo cabecilla y víctima del entramado social, vinculada directamente con el fenómeno del machismo. En México y otros países latinoamericanos con una fuerte herencia hispana y amerindia, la figura de la madre suele estar asociada, drásticamente, a valores disímbolos (este es uno de los temas centrales de El laberinto de la soledad, de Octavio Paz).
El Día de la Madre o Día de las Madres es una festividad que conmemora a las madres. Se celebra en diferentes fechas del año según el país, como se ve más abajo. El moderno Día de la Madre fue creado por Julia Ward Howe, en 1870, originalmente como un día de madres por la paz, que luego devino en un día para cada familia en honor a su madre y se ha convertido en una fiesta en muchos lugares del mundo.
Antecedentes históricos
Las primeras celebraciones del Día de la Madre se remontan a la antigua Grecia, donde se le rendían honores a Rea, la madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades.
Igualmente los romanos llamaron a esta celebración La Hilaria cuando la adquirieron de los griegos y se celebraba el 15 de marzo en el templo de Cibeles y durante tres días se hacían ofrecimientos.
Los primeros cristianos transformaron estas celebraciones en honor a la Virgen María, la madre de Jesús. En el santoral católico el 8 de diciembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, fecha que se mantiene en la celebración del Día de la Madre en algunos países como Panamá.
En Inglaterra hacia el siglo XVII, tenía lugar un acontecimiento similar, también a la Virgen, que se denominaba Domingo de las Madres. Los niños concurrían a misa y regresaban a sus hogares con regalos para sus progenitoras.
En Estados Unidos, en cambio, la celebración tiene sus orígenes hacia 1870, cuando Julia Ward Howe, autora del Himno de batalla de la República, sugirió que esa fecha fuera dedicada a honrar la paz, y comenzó celebrando cada año encuentros en la ciudad de Boston, Massachusetts en celebración del Día de la Madre.
[editar] Sentido actual
La estadounidense Ana Jarvis de Philadelphia, luego de la muerte de su madre en 1905, decide escribir, a maestros, religiosos, políticos, abogados y otras personalidades, para que la apoyen en su proyecto de celebrar el "Día de la Madre" en el aniversario de la muerte de su madre, el 2do domingo de mayo. Tuvo muchas respuestas y para 1910 ya se celebraba en muchos estados de la Unión. Viendo la joven Jarvis, la gran acogida a su iniciativa, logró que el Congreso de los Estados Unidos presentara un proyecto de ley a favor de la celebración del Día de la Madre.
Finalmente, en 1914, el Congreso de Estados Unidos aprobó la fecha como el Día de la Madre y la declaró fiesta nacional, lo cual fue apoyado por el Presidente Woodrow Wilson. Más tarde otros países se adhirieron a esta iniciativa y pronto Ana pudo ver que más de 40 países del mundo celebraban el Día de la madre en fechas similares.
Sin embargo, la festividad impulsada por Ana Jarvis comenzó a mercantilizarse, de manera tal que se desvirtuaba el origen sentimental de la celebración. Esto motivó a que Ana presentara una demanda, en 1923, para que se eliminara la fecha del calendario de festividades oficiales.
Su reclamo, de gran alcance, provocó que fuera arrestada por disturbios durante una reunión de madres de soldados en lucha, que vendían claveles blancos, el símbolo que Jarvis había impulsado para identificar la fecha. Ana luchó con insistencia contra la idea que ella misma había impulsado, perdiendo todo el apoyo de aquellos que la acompañaron inicialmente.
En el caso de los mamíferos como el ser humano, la madre gesta a su hijo (primeramente llamado embrión y luego feto) en la matriz hasta que el feto esté suficientemente desarrollado para nacer. La madre entra en labor de parto y da a luz.
En organismo asexuados, madre también puede significar padre, en el caso de los organismos unicelulares que se reproducen por división, la madre es una célula que se divide para producir células "hijas".
Comúnmente la madre cumple un rol muy importante dentro del desarrollo de los niños, el título de madre también puede ser dado a aquella mujer que cumpla este papel sin estar emparentada biológicamente con el niño o niña. Mayormente esto ocurre con mujeres que han adoptado niños o con mujeres casadas con hombres que previamente habían engendrado descendencia. El término también se puede referir a una persona a la cual se le identifica con el estereotipo de madre.
Anualmente se da la celebración del Día de la Madre en muchas partes del mundo. En la confesión católica la Virgen María es considerada como la "Madre de Dios", por creer que su hijo lo era.
Mamá, mami, mamita, ma, son expresiones típicamente familiares utilizadas para referirse a una madre (Mamita suele usarse en la parte norteña de México por maridos, como una expresión cariñosa para llamar a sus mujeres. Por ejemplo: ¿Estás lista, Mamita?).
En algunas sociedades el status de madre soltera suele tener connotaciones negativas. Especialmente en América Latina y en los países de la cuenca del Mediterráneo, se ha desarrollado una compleja figura en torno a la madre, en que ésta es al mismo tiempo cabecilla y víctima del entramado social, vinculada directamente con el fenómeno del machismo. En México y otros países latinoamericanos con una fuerte herencia hispana y amerindia, la figura de la madre suele estar asociada, drásticamente, a valores disímbolos (este es uno de los temas centrales de El laberinto de la soledad, de Octavio Paz).
El Día de la Madre o Día de las Madres es una festividad que conmemora a las madres. Se celebra en diferentes fechas del año según el país, como se ve más abajo. El moderno Día de la Madre fue creado por Julia Ward Howe, en 1870, originalmente como un día de madres por la paz, que luego devino en un día para cada familia en honor a su madre y se ha convertido en una fiesta en muchos lugares del mundo.
Antecedentes históricos
Las primeras celebraciones del Día de la Madre se remontan a la antigua Grecia, donde se le rendían honores a Rea, la madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades.
Igualmente los romanos llamaron a esta celebración La Hilaria cuando la adquirieron de los griegos y se celebraba el 15 de marzo en el templo de Cibeles y durante tres días se hacían ofrecimientos.
Los primeros cristianos transformaron estas celebraciones en honor a la Virgen María, la madre de Jesús. En el santoral católico el 8 de diciembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, fecha que se mantiene en la celebración del Día de la Madre en algunos países como Panamá.
En Inglaterra hacia el siglo XVII, tenía lugar un acontecimiento similar, también a la Virgen, que se denominaba Domingo de las Madres. Los niños concurrían a misa y regresaban a sus hogares con regalos para sus progenitoras.
En Estados Unidos, en cambio, la celebración tiene sus orígenes hacia 1870, cuando Julia Ward Howe, autora del Himno de batalla de la República, sugirió que esa fecha fuera dedicada a honrar la paz, y comenzó celebrando cada año encuentros en la ciudad de Boston, Massachusetts en celebración del Día de la Madre.
[editar] Sentido actual
La estadounidense Ana Jarvis de Philadelphia, luego de la muerte de su madre en 1905, decide escribir, a maestros, religiosos, políticos, abogados y otras personalidades, para que la apoyen en su proyecto de celebrar el "Día de la Madre" en el aniversario de la muerte de su madre, el 2do domingo de mayo. Tuvo muchas respuestas y para 1910 ya se celebraba en muchos estados de la Unión. Viendo la joven Jarvis, la gran acogida a su iniciativa, logró que el Congreso de los Estados Unidos presentara un proyecto de ley a favor de la celebración del Día de la Madre.
Finalmente, en 1914, el Congreso de Estados Unidos aprobó la fecha como el Día de la Madre y la declaró fiesta nacional, lo cual fue apoyado por el Presidente Woodrow Wilson. Más tarde otros países se adhirieron a esta iniciativa y pronto Ana pudo ver que más de 40 países del mundo celebraban el Día de la madre en fechas similares.
Sin embargo, la festividad impulsada por Ana Jarvis comenzó a mercantilizarse, de manera tal que se desvirtuaba el origen sentimental de la celebración. Esto motivó a que Ana presentara una demanda, en 1923, para que se eliminara la fecha del calendario de festividades oficiales.
Su reclamo, de gran alcance, provocó que fuera arrestada por disturbios durante una reunión de madres de soldados en lucha, que vendían claveles blancos, el símbolo que Jarvis había impulsado para identificar la fecha. Ana luchó con insistencia contra la idea que ella misma había impulsado, perdiendo todo el apoyo de aquellos que la acompañaron inicialmente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
