domingo, 24 de mayo de 2009


UNA VIDA VIVIDA SIN FE

Voltaire fue, sin duda el ateo de más talento que el mundo ha conocido.

Escribió 250 publicaciones, la mayor parte de ellas contra el Cristianismo.
Es lógico pensar que un hombre tan inteligente debería permanecer
fiel a sus convicciones a la hora de su muerte; pero no fue así.
Se conoce que dejo una declaración firmada en la que pedía a Dios
perdón por sus pecados.

Su amarga queja era que había sido abandonado por Dios y por los
hombres.
Su médico personal y su enfermera, salieron del cuarto porque dijeron
que no podían ver una muerte tan horrible, mientras Voltaire gritaba:

"¡Oh Cristo"!..."¡Oh Jesucristo"!Algunos decían, no hay dudas que
Dios existe, ya que un ateo tan convencido en su lecho de muerte
clamaba por Jesucristo es una evidencia poderosa que Dios es una realidad.

Un hombre de cultura y talento como Voltaire, supo encontrar los
puntos débiles de la religión, pero también halló los puntos fuertes,
aunque pasó por encima de estos despreciándolos,
en su afán de aparecer como un escritor valiente.
Cuando la muerte se acercó a su lecho, no pudo olvidar las verdades
que antes parecían tan lejanas, cuando ya no tenia necesidad de
mantener sus ideas frente al mundo y veía abrirse las puertas de la eternidad.

Cuanto más habría gozado la vida y recibir con serenidad y confianza
la muerte si hubiera tenido fe en el Salvador, aquel que dejando las
glorias maravillosas de los cielos, vino a este mundo para salvarnos
a ti y a mí de esta horrible eternidad sin Dios sin Cristo y sin ninguna esperanza.

Querido cibernauta, busca primeramente a Dios y pídele que te de fe
para comprender la obra maravillosa de Cristo y luego afírmate en la Biblia
que es el testamento que Dios nos dejo para que tengamos una
vida con hermosos resultados aquí en la tierra, pero mas maravilloso
resultado para toda la eternidad con Dios.

"GUSTEMOS LA FE EN LA BIBLIA"

"El que con fe se acerca a Dios, no vuelve con la canasta vacía"

"Fe es lo que da valor a las cosas que no podemos ver"

"Fe es acercarse a Dios"

"Fe es llevar fruto aun en la debilidad"

"Fe es la palabra de aliento para los que están en sufrimiento"

"Fe es la justificación que tenemos para lograr la paz
con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo"

"Fe es lo que recibimos al oír la palabra de Dios"

"Fe es la que debe permanecer en nuestros corazones,
junto con la esperanza y el amor."

"Fe es lo que nos hace caminar confiados en los senderos
espirituales"

"Fe es el escudo o defensa que tenemos los cristianos
para rechazar

"Fe para vivir con gozo y fe para morir en paz"

miércoles, 13 de mayo de 2009


El poder de la oración
Palabras que hacen milagros

La oración es una enorme fuente de poder, a la que se han reconocido grandes logros y curaciones milagrosas. El hecho de que las plegarias funciones refleja nuestra conexión con lo Absoluto y confirma que podemos hablar con Dios de una manera productiva.
Esta comprobado que cuando un santo hindú se pone a meditar, los ejercicios respiratorios que practica ejercen un efecto fisiológico sobre su cuerpo. Con las oraciones ocurre lo mismo. Numerosos experimentos parecen indicar que tienen un efecto benéfico sobre la salud. Sin embargo, en el ámbito científico sigue reinando el escepticismo en torno a este hecho, ya que no se ha encontrado aún una forma de rezar que funcione el cien por cien de las veces, ni se puede predecir con exactitud en que casos sanará la plegaria.

Al psicólogo Lawrence LeShan, que estudió en profundidad la curación a distancia en sus diversas fórmulas, le llamó la atención que, en el caso de la oración, fracasos y milagros iban unidos con frecuencia. Según los estudios de LeShan, las oraciones no parecen no funcionar más que en el veinte porciento de las veces.

Las trampas de Dios

En realidad, la razón más práctica para examinar el papel de la plegaria en las curaciones es precisamente que algunas veces funciona. Y además, el hecho de que en ocasiones no lo haga con todo el poder y previsibilidad requeridas tal vez refleje las deficiencias no de la oración, sino de quienes la practican. Quizá los orantes no están en el estado anímico adecuado, no tienen fe o no piden lo correcto. Tal y como escribió C. S. Lewis: "si Dios hubiese atendido todas mis absurdas plegarias, ¿dónde estaría yo ahora?"

En vista de nuestras limitaciones, quizá el camino más sensato a seguir por un Ser Supremo sea el de frenar los efectos de las plegarias o ignorarlas en su mayor parte. Así reduciría el peligro que éstas podrían suponer si fueran utilizadas por seres imprudentes. Ello explicaría que no exista una fórmula eficaz de rezar.

Pero no es sólo eso; si las plegarias funcionaran siempre nadie moriría. En este sentido cabe citar a numerosos líderes espirituales que han fallecido víctimas de enfermedades dolorosas, nada propias de seres elevados. Santa Bernadette, a quien se le apareció la Virgen en Lourdes, murió de cáncer de huesos y tuberculosis a los 35 años; Krishnamurti, el célebre maestro espiritual, a causa de cáncer de páncreas; Suzuki Roshi, divulgador del budismo Zen, de cáncer de hígado; Ramana Maharshi, el santo más requerido de toda la India de cáncer de estómago, y la lista podría ser más extensa.

Las explicaciones a estas disfunciones en personas tan espirituales son múltiples, pero sea cual fuere la respuesta, su actitud nos lleva replantearnos una suposición muy extendida en la Nueva Era: que la falta de salud y las enfermedades denotan carencia de equilibrio espiritual. El argumento desde luego es falso pues si espiritualidad fuera sinónimo de salud ¿cómo explicar, en la otra cara de la moneda, la existencia de esos pecadores con salud óptima? Nadie tiene la culpa de estar enfermo: "Ni él pecó, ni lo hicieron sus padres, sino que esto es para que se manifiesten las obras de Dios en él", así contestó Jesús cuando los discípulos le preguntaron por un hombre que era ciego de nacimiento (Juan 9: 1-3). Tal vez en su respuesta esté la razón última de porque la oración no puede resultar absolutamente eficaz el cien por cien de los casos. Algunas dolencias tienen quizá un sentido cósmico, invisible a los mortales y tan sólo conocido por la divinidad.

¿Adónde van las oraciones?

La nueva forma en que concebimos actualmente el Universo y la psique humana deja obsoletas las creencias bíblicas sobre la existencia de un Dios que está "afuera" de nosotros y recibe nuestros ruegos como si fuera un satélite de comunicaciones. Hoy intuimos que ese Dios intermediario está íntimamente conectado con nuestra conciencia, por lo que el factor divino de la plegaria es interior y no exterior. Precisamente por ello la oración no siempre necesita ser pensada, puede ser inconsciente o tener lugar, incluso, en sueños.

jueves, 7 de mayo de 2009

Por Que Nos Enamoramos?
Por qué una persona se enamora precisamente de tal o cual persona, Y no de cualquier otra de las miles de parejas potenciales que encuentra, sigue siendo un profundo misterio. El azar, la química y la probabilidad de que dos pequeñas ventanas de receptividad se abran en el preciso momento de conocerse son garantía de impredecibilidad. Pese a todo, la ciencia ha hecho algunos modestos avances en el camino para comprender por qué nos enamoramos y por qué nos desenamoramos.

Contrariamente a los mitos difundidos por las ciencias sociales en el siglo XX, el amor no es un invento de los poetas occidentales de hace unos cuantos siglos. La evidencia apunta a la conclusión opuesta el amor es un universal que cruza fronteras culturales y probablemente haya estado con nosotros desde que se formaron los primeros vínculos a largo plazo entre parejas en los brumosos albores de la historia evolutiva de los humanos. Desde los zulúes de Sudáfrica a los inuits del norte de Alaska, los humanos dicen sufrir las obsesiones de la mente y las pasiones de la emoción que el mundo occidental asocia con el amor.

En un estudio de 168 culturas diferentes, el antropólogo Bill Janko­Wiak halló una fuerte evidencia a favor de la presencia de amor románti­co en casi el noventa por 100 de ellas. Para el diez por 100 restante, la evidencia antropológica era demasiado imprecisa para extraer conclusio­nes definitivas.

Mucha gente en todo el mundo dice también sentirse actualmente enamorada. La socióloga Sue Sprecher y sus colaboradores entrevistarona 1.667 mujeres y hombres de Rusia, Japón y Estados Unidos. Lo que hallaron fue que el 61 por 100 de los hombres rusos y el 73 por 100 de las mujeres rusas decían estar en aquel momento enamorados. Las cifras para los japoneses eran del 41 por 100 de los hombres y el 63 por 100 de las mujeres; y, entre los norteamericanos, el 53 por 100 de los hombres y el 63 por 100 de las mujeres.

Mi propio estudio de las preferencias de emparejamiento de 10.047 individuos de treinta y siete culturas distintas localizadas en seis conti­nentes y cinco islas también reveló la importancia y universalidad del amor. Lo que hallé fue que «el amor y la atracción mutua» era calificado como el más indispensable de los dieciocho atributos que se les daba a elegir para caracterizar a la persona con la que se casarían -y eso por ambos sexos y en todas las culturas. Más allá de las singularidades de las prescripciones culturales, la diversidad de sistemas de emparejamiento, las convulsiones políticas, las dispares condiciones económicas y la multiplicidad de creencias religiosas, los humanos de todo el mundo anhelan el amor.

Las cualidades esenciales que las personas desean en una pareja definen las reglas del juego del emparejamiento en los humanos. Los deseos determinan hacia quién nos sentimos atraídos y qué estrategias son efec­tivas para atraer a la pareja deseada. Las violaciones del deseo crean conflictos y preconizan la disolución conyugal. La satisfacción de los deseos del otro se convierte así en un medio eficaz de conseguir y retener a una pareja, y aumenta la posibilidad de un amor a largo plazo.

El estudio de las treinta y siete culturas ilumina con más claridad que nunca anteriormente cuáles son los componentes del deseo. En todo el mundo la gente busca una pareja que sea amable, comprensiva, inteli­gente, fiable, emocionalmente estable, poco exigente, atractiva y sana. Sin embargo, las culturas difieren enormemente en cuanto a la importan­cia que atribuyen a ciertas cualidades. La virginidad, por ejemplo, es una cualidad virtualmente indispensable en la pareja para casi todos los chi­nos, pero irrelevante para la mayoría de los suecos y holandeses.

Pero lo más sorprendente para los científicos sociales fue el descubrimiento de diferencias universales entre los sexos. Los hombres de todo el mundo dan más importancia a la juventud y al atractivo físico, cualidades reconocidas como importantes signos de fertilidad y futuro potencial reproductor de la mujer. Las mujeres de todo el mundo desean hombres ambiciosos, que gocen de una posición social decente, posean recursos o el potencial para adquirirlos y que sean unos años mayores que ellas. Durante toda la vasta historia evolutiva humana, los hijos de una mujer han sobrevivido y prosperado mejor cuando la mujer ha elegido a un hombre rico en recursos y comprometido a invertirlos en su pareja.

Entonces, ¿es el amor únicamente una fría evaluación de las especificidades de una persona? ¿Acaso no es una emoción que nos ciega hasta la quiebra? Un poco de ambas. La gente no suele enamorarse de personas que carezcan de las cualidades que desean. En un estudio de las respuestas de hombres y mujeres a anuncios personales se halló que era más probable que los hombres iniciaran un contacto con una mujer cuando ésta mencionaba sus atractivos físicos y una edad joven en la descripción de su persona. De otro lado, era más probable que las mujeres iniciaran un contacto con un hombre cuando éste mencionaba unos ingresos razonables y un nivel de educación respetable.

Pero por mucho que a quién acabemos amando siga una implacable lógica utilitaria, es también posible que el amor haya evolucionado para hacemos ciegos a los defectos de la pareja. Hay al menos dos explicaciones científicas para la miopía que produce el amor. Son pocas las per­sonas que posean la lista completa de las cualidades deseadas, y la ma­yoría tenemos que conformamos con menos de lo que desearíamos en un mundo ideal. Por lo general, sólo las personas muy deseables pueden atraer a personas igualmente deseables. Acaso la ley del amor mejor do­cumentada sea la del emparejamiento selectivo, es decir, la tendencia a que las parejas estén formadas por personas que se parecen. Las personas inteligentes y cultas tienden a casarse con personas con las que puedan compartir sus ideas y erudición. Las personas atractivas y seductoras buscan pareja igualmente atractiva. Aunque los opuestos ocasionalmen­te se atraen, en el amor duradero los «8» generalmente se casan con los «8», y los «6», con los «6».

No tiene sentido insistir en los defectos de cuando uno se enamora. De hecho, un estudio reciente señala que la mayoría de las personas manifiestan «ilusión de amante», un exceso de optimismo sobre sus posibi­lidades de éxito marital. Mientras que aproximadamente el cincuenta por 100 de los matrimonios acaban en divorcio, sólo un 11 por 100 de las personas casadas piensa que su propio matrimonio puede acabar en divorcio. En un grupo de edad más joven de individuos solteros, sólo el 12 por 100 piensa que en su futuro matrimonio habrá una probabilidad del cincuenta por 100 de acabar separándose, por bien que entre los que se casan ahora, la probabilidad de divorcio ha aumentado hasta el 64 por 100. Estas cifras quizá reflejen sesgos adaptativos que, aunque desviados de la realidad, aumentan la probabilidad de éxito. De acuerdo con esta explicación, el amor es una emoción que motiva a las personas a perse­verar en las duras y en las maduras, por mucho que a la larga no siempre funcione. En suma, el amor puede cegarnos de dos maneras: primero, permitiendo que nos conformemos con alguien que no se parezca a nues­tra fantasía de la pareja ideal; y segundo, haciéndonos optimistas acerca del futuro de nuestro romance, y aumentando de este modo la probabilidad de que realmente tenga éxito.

El economista evolutivo Robert Frank afirma que el amor es la solución al problema del compromiso. Si nuestra pareja se eligiera por razones racionales, podría dejarnos por las mismas razones racionales al encontrar a otra persona ligeramente más deseable de acuerdo con sus criterios «racionales». Se crea así el problema del compromiso: ¿cómo podemos estar seguros de que una persona seguirá con nosotros? Si nuestra pareja está cegada por un amor incontrolable que no puede evitar ni puede elegir, un amor por nosotros y por nadie más, entonces el compromiso no flaqueará. El amor es más fuerte que la racionalidad. Es la emoción que nos asegura que no dejaremos a nuestra pareja cuando tropece­mos con alguien más deseable, al tiempo que indica a nuestra pareja nuestra intención y determinación de estar siempre con ella.

Es probable que la flecha causal apunte también en sentido opuesto. El amor puede ser la recompensa psicológica que experimentamos cuando el problema del compromiso se resuelve satisfactoriamente. Es el opio del cuerpo y de la mente que nos anuncia que el problema adaptativo de selección de pareja, satisfacción sexual, devoción y fidelidad se ha resuelto con éxito. La explicación científica es que la evolución ha insta­lado en el cerebro humano mecanismos de recompensa que nos impelen a continuar las actividades que conducen al éxito reproductor. La pega es que con el tiempo la droga va perdiendo fuerza. Algunos se suben entonces al tren del hedonismo, a la búsqueda continua del éxtasis que acompaña al amor. Repetir el éxito con nuevas conquistas nos trae de vuelta al delirio, aunque éste nunca llegue a alcanzar la misma intensidad.

El amor puede ser una solución al problema del compromiso o la embriagadora recompensa por haberío resuelto, o ambas cosas. En cual­quier caso, no cabe duda de que el amor es una emoción íntimamente ligada al compromiso. En mis estudios de ciento quince acciones distintas que indican que una persona está realmente enamorada, los actos de compromiso se sitúan al principio de la lista -actos como hablar de matrimonio o expresar el deseo de formar una familia. Los más sobresalientes actos de amor señalan el compromiso de invertir los recursos se­xuales, económicos, emocionales y genéticos en una sola persona.

Desafortunadamente, la historia evolutiva no acaba aquí. Donde existe el deseo de amor, existe el deseo de manipularlo. Los hombres engañan a las mujeres acerca de la intensidad de su amor para conseguir recompensas sexuales a corto plazo. Las mujeres, por su parte, han desarrolla­do por coevolución defensas contra la explotación sexual, por ejemplo imponiendo un largo proceso de cortejo antes de consentir en el sexo, in­tentando detectar el engaño y desarrollando una capacidad superior para interpretar señales no verbales. La carrera armamentista coevolutiva del engaño y la detección del engaño continúa, y no parece tener fin.

Otro problema es que la gente se desenamora tan arrebatadamente como se enamora. No podemos predecir con certeza quién se desenamorará, pero algunos estudios recientes nos dan alguna pista. Así como la satisfacción del deseo es muy importante para enamorarse, las violacio­nes del deseo presagian conflicto. Un hombre elegido en parte por su amabilidad y su energía puede acabar siendo abandonado si se torna cruel y perezoso. Una mujer elegida en parte por su juventud y belleza puede perder a su pareja ante la competencia de un nuevo modelo de be­lleza. Un compañero al principio atento puede tomarse condescendiente. Y la infertilidad de una pareja tras repetidos actos sexuales puede llevar a ambos a buscar una unión más fructífera.

Hay que considerar por último la cruda métrica del mercado de pare­jas. Considérese una joven pareja de profesionales. Si la carrera de la mujer se dispara pero el hombre acaba siendo despedido, su relación se verá sometida a una fuerte tensión porque sus valores de mercado son ahora distintos. Para la mujer, un «9» que hasta entonces había quedado fuera de su alcance queda ahora a su disposición. En la jungla evolutiva del emparejamiento, podemos admirar a una mujer que se mantenga fiel a un marido perdedor, pero quienes lo hicieron ciertamente no son nues­tros antepasados. Los humanos actuales descienden de antepasados que cambiaron su pareja por otra mejor cuando la ganancia potencial supera­ba con creces los múltiples costes que las personas sufren a consecuen­cia de una separación.

Desenamorarse tiene muchas facetas oscuras. El golpe puede ser físicamente peligroso para las mujeres y psicológicamente traumático para ambos sexos. Los hombres que se ven rechazados por la mujer que aman a menudo acaban maltratándola emocionalmente, y a veces físicamente. En nuestros estudios recientes descubrimos que una alarmante proporción de los hombres que son abandonados sin demasiadas contemplacio­nes acaban teniendo fantasías homicidas. Del mismo modo que la evolu­ción ha instalado mecanismos de recompensa que nos inundan de placer cuando nos apareamos con éxito, quizá nos haya equipado también con mecanismos que nos propinan dolor cuando fracasamos en nuestros in­tentos de formar una pareja estable.

DAVID M. Buss
Catedrático de Psicología de la Universidad de Texas
Mirar hacia el pasado para comprender el presente

Durante el Renacimiento se produjo un cambio en la actitud del hombre frente al mundo. Filósofos, científicos, literatos y políticos consideraron que el pasado greco-latino era la perfección en materia de creación humana y buscaron en él elementos que los ayudaran a comprender el mundo y, al mismo tiempo, comprenderse.

En la Italia del siglo XV florecieron ciudades que recordaban por su pujanza a las antiguas ciudades-estado griegas. Esta cultura urbana se diferenciaba claramente del mundo feudal rural. Al comienzo, el “renacer” del interés por la Antigüedad surgió en algunas de esas ciudades, donde la tradición clásica había perdurado. La presencia del pasado greco-latino se manifestó no sólo en los antiguos monumentos arquitectónicos, sino también en el uso y el gusto por la lengua latina.

En esos primeros momentos del Renacimiento, los humanistas fueron hombres de letras que se ocuparon del estudio de las obras antiguas y de la difusión del conocimiento facilitada por la imprenta. Este intento por expandir la cultura los diferenció de los hombres de la Edad Media, que habían conservado el saber, fundamentalmente, en los monasterios.

Los humanistas recuperaron a los antiguos como hombres “modernos”, es decir, comprometidos con los intereses y las preocupaciones del tiempo en que vivían. No tuvieron un solo maestro. Estudiaron a Platón, a quien consideraban por sobre Aristóteles, y a los autores del helenismo, del judaísmo y del cristianismo primitivo.

Los humanistas fueron hombres religiosos, la mayoría de ellos cristianos, que buscaron descubrir en los antiguos la manera de preguntarse sobre el mundo y las cosas. Su búsqueda intelectual se caracterizó por el desarrollo del pensamiento crítico en oposición al pensamiento dogmático.

Con esta nueva mirada sobre el pasado, lograron establecer una síntesis entre la cultura clásica y el cristianismo.

Así como resurgió con gran fuerza el estudio de la cultura greco-latina y de las lenguas griega y latina, los humanistas italianos comenzaron también a escribir en su propia lengua. Ya en el siglo XIV, los italianos Dante, Petrarca y Boccaccio —precursores del Humanismo— habían escrito en italiano. Paralelamente, entre los siglos xv y xvi, los estudiosos españoles, como Antonio de Nebrija y Luis Vives se ocuparon del estudio de su propio idioma y crearon la primera gramática castellana.

El Humanismo: una nueva manera de pensar la sociedad

En Florencia, el Humanismo estuvo estrechamente asociado con los intereses y las preocupaciones de quienes gobernaban la ciudad. Allí inició Nicolás Maquiavelo (1469-1527) sus reflexiones sobre la política. En su obra El Príncipe (escrita en 1513) analizó las distintas formas de gobierno, los modos de llegar al poder y los métodos para conservarlo, recurriendo a ejemplos tomados de la historia antigua. Maquiavelo quería contribuir con sus escritos a lograr la unidad de Italia. Para ello, describió las formas de acción política que consideraba adecuadas a la realidad que lo rodeaba, brindando consejos al “príncipe” para que pudiera sostenerse en el poder.



Vista panorámica de la ciudad de Florencia.

Florencia era la ciudad más rica del norte de Italia gracias a su industria textil, al comercio de productos de lujo y a la actividad bancaria. La ciudad se transformó en el centro del Renacimiento durante su primera etapa. Estaba gobernada por los Médicis, una familia de banqueros que, además, fueron grandes mecenas de intelectuales y artistas. Bajo el gobierno de Lorenzo el Magnífico (1449-1492), Florencia alcanzó su período de mayor brillo. En la fotograffa se observa la cúpula de la catedral —obra maestra de Filippo Brunelleschi—, el campanario construido por Giotto y e] Palacio comunal.

Otro humanista que ejerció una gran influencia en su época fue el holandés Desiderio Erasmo (1467-1536), quien en su sátira Elogio de la Locura (1511) criticó aspectos de la sociedad, particularmente los abusos de la Iglesia. Algunos autores consideran que contribuyó con esas críticas al desarrollo de la Reforma protestante a la que, sin embargo, nunca adhirió.

Otros humanistas describieron sociedades ideales. El inglés Tomás Moro (1478-1535), por ejemplo, realizó en su obra Utopía (1516) una dura crítica a la sociedad de su tiempo.

Una Critica a la Sociedad de Su Tiempo:
Utopía de Tomas Moro

—una isla producto de su imaginación— muestra un mundo que se rebela contra la pobreza y las desigualdades que genera la propiedad. En ella, un gobierno elegido por todos los habitantes distribuye los bienes que producen en conjunto.

“...Cuando traigo a mi memoria la imagen de tantas naciones hoy florecientes, no puedo considerarlas —y que Dios me perdone— sino como un conglomerado de gentes ricas que a la sombra y en nombre de la República, sólo se ocupan de su propio bienestar, discurriendo toda clase de procedimientos y argucias, tanto para seguir, sin temor a perderlo, en posesión de lo que adquirieron por matas artes, como para beneficiarse, al menor costo posible, del trabajo y esfuerzo de los pobres y abusar de ellos. Y así que consiguen con sus maquinaciones se manden observar en nombre de todos y, por lo tanto, en el de los pobres también, ya las ven convertidas en leyes.”



El país de Jauja. Óleo de Pieter Brueghel, siglo XVI.

El Renacimiento también produjo utopías populares. Una de las más conocidas fue la del “país de Jauja”, donde nadie trabaja. En la imagen se observan tres personajes que comparten las delicias de un país donde se vive en forma lujuriosa y las necesidades se satisfacen sin esfuerzo: un militar —representante de la clase noble—, un estudiante —prototipo de la vida urbana y burguesa— y un campesino.

El Misterio de los Estigmas

A Jesús lo clavaron en la cruz por los pies y las manos. Además, le pusieron una corona de espinas y una vez muerto, le clavaron una lanza en el costado. En siglos posteriores se han repetido las noticias de personas vivas con heridas espontáneas que coinciden con una o varias de las llagas de Cristo.

ESTIGMAS: Marca o señal en el cuerpo. En su sentido religioso se refiere al fenómeno de llevar las llagas de la crucifixión de Cristo físicamente. Estas llagas se manifiestan en las manos, pies, el costado y la cabeza de ciertos santos como signo de su participación en la pasión de Cristo.

Los estigmas pueden ser: Visibles o invisibles; sangrientos o no; permanentes, periódicos (generalmente resurgiendo en días o temporadas asociadas con la pasión de Cristo) o transitorios. Los estigmas invisibles pueden causar tanto dolor como los visibles. Los estigmas pueden permanecer muchos años, como el caso del Padre Pío, quien los llevó por 50 años y fue el primer sacerdote que se conoce estigmatizado. (San Francisco tenía las estigmas pero no era sacerdote). Al morir sus estigmas desaparecieron milagrosamente.



Therese Neumann (1898-1962) le aparecieron por primeras vez en 1926, provocando una avalancha de curiosos

LOS ESTIGMAS SAGRADOS:

Los estigmas (del griego stigma. picadura, punto, señal) pueden adoptar diversas formas. Algunos de ellos no pasan de ser hematomas o manchas en la piel, pero en otros casos pueden llegar a causar dolor. Lo más habitual es que sean heridas abiertas que al cabo de un tiempo terminan sanando, pero en algunos casos son permanentes aunque no supuran ni se infectan. El fenómeno de la estigmatización parece estar limitado casi exclusivamente a ios católicos romanos, y afecta en particular a mujeres.

LOS PORTADORES DE LAS HERIDAS

Hasta el momento han sido santificadas 80 de las personas estigmatizadas. Los estigmas por si solos no son motivo de santificación para la Iglesia, que se rige según otros criterios. La autenticidad de los estigmas es cuestionada una y otra vez, sobre todo debido a la poca fiabilidad de las fuentes históricas. En algunos casos se da por sentado que la descripción de los estigmas de una persona es una prueba del vínculo de dicha persona con Jesús.

Uno de los primeros que habló de las «señales de Cristo» fue el apóstol Pablo en su epístola a los Gálatas. No obstante, aunque algunas fuentes posteriores lo afirman, no está del todo claro que se refiriera a los estigmas. En cambio, san Francisco de Asís (hacia 1181-1226) es un caso comprobado de estigmatización.

LAS HIPÓTESIS

Existe una teoría que sostiene que el hombre es capaz de influir sobre su cuerpo a través de su mente. Se tiene noticia de personas que han sido capaces de realizar actos sobrehumanos en situaciones extremas, como levantar objetos pesadísimos. Dado que los estigmas aparecen principalmente entre los católicos, seria lógico pensar que esas personas son tan devotas que su cuerpo se provoca de alguna forma esas heridas. Sin embargo, también se han dado unos cuantos casos de estigmas en no cristianos. Otra posibilidad es que los afectados padezcan una forma peculiar de histeria, es decir, una sobreexcitación que puede provocar distintos síntomas, como hemorragias subcutáneas. Se ha intentado respaldar esta teoría con sesiones de hipnosis y, en efecto, a las personas objeto de estudio les salieron manchas oscuras en los lugares de las llagas de Cristo.

Los estigmas pueden ser don de Dios (como en los santos) o falsificación o causados por el sujeto por problemas mentales. En algunos casos de carácter diabólico. Es por eso que la iglesia ha establecido criterios para determinar la autenticidad de los estigmas.
Algunos criterios: Las llagas están localizadas en los lugares de las cinco llagas de Cristo.

¿HERIDAS AUTENTICAS?

Alrededor de los estigmas también ha habido impostores. Hay quien se contenta con explicar que una vez llevó los estigmas sagrados, pero otros llegan a infligírselos ellos mismos para poder mostrar las cicatrices como prueba. Los casos más extremos están protagonizados por personas que mantuvieron abiertas durante mucho tiempo las heridas que ellos mismos se habían causado, en perjuicio de su salud. A pesar de no ser un fenómeno demasiado frecuente, en fechas recientes se han conocido algunos ejemplos de estigmatización, que, además, han sido documentados por la ciencia. No obstante, todavía no se ha podido ofrecer una explicación del todo convincente.

Fuente: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre
LA GRAN PIRÁMIDE GIZEH
Una edificación ante cuya construcción se hubieran acobardado los ingenieros modernos

La gran pirámide de Gizeh, en Egipto, debía ser el último monumento, un gran monumento, digno del hombre al que conmemorada: el rey Khufu, más conocido por su nombre griego, Keops; uno de los gobernantes más poderosos que haya conocido el mundo antiguo. A lo largo de los terraplenes del Nilo, se elevan alrededor de cuarenta pirámides, pero una de ellas puede ser comparada con la gran pirámide de Gizeh. Este monumento mide más de 137 metros de altura y abarca una superficie cuadrada de unos doscientos treinta metros de lado.

Los bloques de piedra usados en su construcción —2.300.000— fueron cortados con gran precisión y tienen un peso que varía de 2 a 15 toneladas. Los grafos de Napoleón calcularon que contiene piedra suficiente como para construir un muro de 2,73 metros de altura y 91 centímetros de grosor alrededor toda Francia. base de la pirámide es un cuadrado perfecto; los cuatro lados encaran exactitud a los cuatro puntos cardinales. Las esquinas constituyen ángulos os que rozan la perfección.

Todavía hoy, a pesar de la difusión de la fotografía, resulta difícil imaginar imponente es la pirámide sin haberla visto con los propios ojos. Pero O años atrás el monumento era todavía más impresionante: estaba revestida con una reluciente caliza blanca (saqueada desde hace mucho tiempo para utilizada como material de construcción en otras zonas) y coronada por un casquete de oro batido, que medía nueve metros...muchos se preguntan si la gran pirámide es sencillamente una maravilla técnica de la antigüedad o un monumento que posee una significación más profunda, una significación mística. medida que se conocen nuevos aspectos de la antigüedad, surgen pruebas irrefutables de que las civilizaciones pretéritas alcanzaron, frecuentemente, asombrosos niveles de sabiduría científica. Algunas de ellas parecen haber poseído, incluso, conocimientos de los que hoy carecemos.

Por ejemplo: Como se las arreglaron los antiguos egipcios, que ni siquiera habían descubierto rueda, pera levantar la gran pirámide, valiéndose solamente de palancas y rodillos? ¿Cómo pudieron tallar los gigantescos bloques de granito con asombrosa precisión? ¿Cómo pudieron endurecer el bronce de sus herramientas hasta dotarlo de una resistencia que hoy resulta inimitable? ¿Cómo adquirieron la audacia que les permitió acometer un proyecto de tal magnitud Intimidada incluso a los más inquietos y aventurados arquitectos o ingenieros modernos? gran pirámide está asentada sobre una meseta rocosa, a 16 kilómetros de Cairo. Se cree que, antes de levantarla, los egipcios construyeron una base exactamente nivelada, para lo cual debieron edificar un muro de barro alrededor de la meseta. Luego, seguramente inundaron el área cercada. A medida que el agua fue luego gradualmente drenada, aparecieron los sitios salientes, protuberancias, que emparejaron hasta que quedó una vasta superficie plana. Sobre esta base, más profunda que la que sostiene nuestros rascacielos modernos, las cuadrillas de trabajadores comenzaron a arrastrar los gigantes bloques de arenisca, desde las canteras. El material para construir la cobertura de caliza brillante tuvo que ser traído desde más lejos: de las canteras situadas en los terraplenes del Nilo. Las rocas fueron arrastradas en trineos, través de suaves rampas; una vez llevadas al sitio adecuado, los canteros se encargaron de cortarlas con toda exactitud.

La tumba se cavó, como un profundo túnel, en el basamento de roca maciza sobre el que se levantaría la pirámide; ésta fue la tumba que se previó utilizar en el caso de que el emperador muriera antes de que el monumento estuviera terminado. Luego se construyó otra tumba, ya dentro de la pirámide, pero a un nivel inferior a la que debería ser la verdadera cámara funeraria: ésta fue emplazada en el corazón mismo de la pirámide, a unos cuarenta y dos metros sobre el nivel del suelo. A esta cámara mortuoria se llegaba por un pequeño pasadizo, que desembocaba en una majestuosa galería de 7,5 metros de altura.

Dentro del pasadizo fueron emplazados enormes «tapones» de granito. de manera que éste pudiera ser bloqueado para siempre una vez que los sacerdotes hubieran completado los ritos fúnebres dentro de la cámara funeraria. Pero a pesar de todos estos complicados preparativos, parece que jamás se depositó un cadáver en la gran pirámide. Los egiptólogos están divididos en dos grandes grupos: los que creen que os monumentos poseen alguna significación profunda y misteriosa y los que creen que son simples tumbas. Pero, si la gran pirámide es una mera tumba, por qué esa ausencia de un cuerpo sepultado y por qué esa matemática precisa de cada muro, de cada pendiente, corredor y cavidad.

Tal como demuestran las tumbas del Valle de los Reyes —donde los arqueólogos encontraron la tumba de Tutankamon— los cadáveres eran habitualmente enterrados junto con obras de arte y objetos de valor. Cuando los ladrones hacían sus incursiones en las tumbas, robaban lo que encontraban de valioso, difícilmente se llevarían un cadáver. Sin embargo, cuando la gran pirámide fu violada por primera vez, en el año 800 de nuestra era (el violador fue un joven califa de Bagdad, Al Mamun), no se encontró ningún cuerpo eh ella. De hecho, después de penetrar en la pirámide, Al Mamun no se convirtió e un saqueador.

El califa había oído leyendas según las cuales la gran pirámide contenía cartas y mapas astronómicos, el cristal que no se rompía y los metales más puros. Después de una peligrosa y ardua perforación de las grande defensas de granito, llegó finalmente a la cámara mortuoria del rey.

Todo lo que encontró en ella fue un sarcófago vacío y sin tapa y el ataúd de piedra Al califa le parecía imposible, después de haber visto los grandes tapones d roca, inviolados hasta ese momento, que alguien le hubiera precedido en si penetración en el monumento. Investigó en busca de pruebas, tales como un entrada forzada o rastros de saqueo, pero no encontró nada de eso. De manera que se fue, decepcionado y perplejo, preguntándose para qué fines se habían construido el vasto monumento. Desde ese momento, la gran pirámide no volvió a ser perturbada durante siglos, hasta que los científicos y matemáticos británicos y franceses comenzaron a interesarse por ella, en los siglos XVII y XVIII.

En 1683, John Greaves, un estudiante de Oxford, exploró la cámara mortuoria del rey y quedó maravilla do ante la precisión de sus medidas, que no se apartaban de la simetría «n siquiera en una milésima parte de un pie».

Los descubrimientos de Greaves atrajeron la atención de otros universitarios británicos, entre los que se contaba sir Isaac Newton; todos trabajaron empeñosamente para descubrir el secreto de la pirámide, pero fracasaron. En la década de 1830, un aventurero inglés, el coronel Richard Howard Vyse, dirigió un equipo de investigadores; su principal hallazgo fue el de los dos conductos, de 23 centímetros de diámetro, que comunican los frentes norte sur de la pirámide con la cámara mortuoria real. Cuando estos conductos fueron despejados, el clima dentro de la cámara mortuoria permaneció inamovible, a -2°C, cualquiera que fuese la temperatura que reinaba fuera de la pirámide. Se trata de una temperatura ideal para la preservación de los modelos de pesas y medidas científicas que, según las narraciones legendarias acerca de la tumba, habían sido guardados en ella.

Treinta años más tarde, otro inglés, John Taylor —hijo del director y editor del periódico The Observer— realizó otros descubrimientos sin siquiera mover-se de su gabinete. Taylor sometió a un examen crítico todo lo que hasta entonces se sabía acerca de la gran pirámide y escribió su libro- The Great Pyrarnié Why Wes It Built ond Who Built It?; en él llegó a la conclusión de que los egipcios que construyeron la pirámide «sabían que la Tierra era una esfera’. mediante la observación del movimiento de los cuernos celestes en relación a la superficie terrestre, calcularon la circunferencia del planeta. Deseaban dejar para la posteridad el más correcto e imperecedero registro que pudieran conseguir».

Los estudios de Taylor revelaron que la relación entre la altura de la pirámide y su perímetro es la misma que la que existe entre el radio de un círculo y su circunferencia. Esto parece demostrar que los egipcios conocían el valor de Pi, el inapreciable principio matemático que, hasta hace poco, todos creían que se había descubierto 3500 años después del florecimiento de la civilización egipcia. Los análisis de Taylor fueron confirmados por el brillante matemático Charles Piazzl Smyth, que fue astrónomo real de Escocia. A partir de entonces, surgieron a raudales nuevas teorías acerca de las pirámides. Algunas eran realmente Interesantes, otras sólo excéntricas; algunas tenían un profundo sentido místico y religioso, otras se mostraban prácticas y científicas.

Una de las explicaciones que se propusieron consistía en que la gran pirámide había sido diseñada como un reloj gigantesco. En 1853, el físico francés Jean Baptiste Biot dedujo que el ancho y nivelado pavimento que se extiende junto a las caras sur y norte de la gran pirámide eran en realidad una superficie graduada para recibir la sombra del monumento. En invierno, la pirámide proyectaría su sombra sobre el pavimento norte; en verano, el revestimiento de caliza pulida reflejaría el sol sobre el pavimento sur. De esta manera, era posible leer en ellos el día del año y la hora del día. David Davidson, un ingeniero británico de Leeds especialista en estructuras, y su colega de Yorkshire, Moses E. Cotsworth, adoptaron y profundizaron la propuesta de Biot.

Según ellos, los egipcios, utilizando la pirámide, podían medir la duración real del año con una exactitud de milésimas de segundo. Otra de las explicaciones afirmaba que la gran pirámide constituye en realidad un inmenso observatorio astronómico. En el siglo XIX, el astrónomo británico Richard Proctor demostró que uno de los corredores de la gran pirámide, conocido como pasaje descendente, estaba exactamente alineado con la estrella que señala el polo norte de la Tierra. En los días en que la pirámide fue construida, el papel actual de la estrella Polar correspondía a Alfa Draconis, pero el leve desplazamiento del eje de la Tierra a través de los siglos modificó las cosas.

A medida que la gran pirámide se ha movido con la Tierra, el pasaje descendente aparece ahora alineado con la estrella Polar, Proctor conjeturís que las diversas muescas y ranuras que aparecen en el interior de la gran pirámide, en la galería mayor, pudieron haber tenido la función de sostener bancos y plataformas móviles, para que los observadores estudiaran, con sus instrumentos ópticos, el paso de las estrellas a través de la entrada de la galería.

Los miembros del Instituto de Piramidología, de Londres, creen que la gran pirámide profetiza con precisión el futuro de la humanidad. Según este instituto, puede demostrarse, mediante un complicado sistema de mediciones y cálculos matemáticos, que el gran monumento egipcio predijo el éxodo de los judíos desde Egipto, la crucifixión de Cristo, el estallido de la Primera Guerra Mundial (episodio que, según los miembros del instituto, constituyó el comienzo de la desintegración de antiguo orden, tal como profetizaron Daniel y Jesús) y el comienzo del milenio en el otoño de 1979. Esta fecha —postula el instituto -londinense— marca el comienzo de los 1000 años (milenio) en que Cristo reinará sobre la Tierra; esta era terminará con Armagedon y el día del juicio en 2979.

El escritor Peter Tompkins, autor de un exhaustivo estudio sobre los mistes de Gizeh, publicó en 1971 un libro en el que intentaba resolver el enigma e rodea a la gran pirámide. Tompkins asegura que los sacerdotes egipcios metieron al faraón Khufu o Keops una tumba gigantesca. Pero una vez que monarca sancionó y doté de fondos el proyecto, los sacerdotes comenzaron construir no una tumba, sino un inmenso edificio destinado al conocimiento científico. Y, cuando murió, el iluso Khufu no fue enterrado allí.

En colaboración con el doctor Livio Strechini, profesor de historia antigua en Wliliam Paterson College de Nueva Jersey, Tompkins resumió las conquistas científicas de los constructores de las pirámides y llegó a las siguientes conclusiones:

La gran pirámide constituye un centro, cuidadosamente elegido, desde el cual pudo establecerse toda la geografía del mundo antiguo.

El monumento fue utilizado como observatorio, desde el cual se trazaron los mapas y las clasificaciones de las estrellas con una precisión notable.

Los lados y ángulos de la pirámide se utilizaron como medidas base en toda la cartografía antigua.

La estructura de la gran pirámide tuvo en cuenta el valor matemático Pi,

El monumento pudo ser una “biblioteca» práctica del sistema de pesos y medidas vigente en el mundo antiguo

Los constructores conocían la circunferencia exacta de la Tierra y la duración exacta del año (incluyendo unos márgenes de error calculables en la dos mil cuatrocientos veintidós avas parte de un día). Es probable que los egipcios conocieran también la medida de la órbita de la Tierra alrededor el Sol, el peso especifico del planeta, el ciclo de 26 000 años de los equinoccios, la aceleración de la gravedad y la velocidad de la luz. - hecho de que los antiguos egipcios, 3000 años antes del nacimiento de o, hayan podido saber todo esto constituye un enigma. Y, si realmente dan estos conocimientos ¿cómo los consiguieron y por qué fue olvidado ate tantos siglos?.

Para todo aquel que contempla la gran pirámide, resulta evidente que fue construida por una civilización muy avanzada. Y uno no puede menos que preguntarse si esa civilización poseyó también poderes con los que los hombres hoy sólo pueden soñar.

El «poder» de las pirámides

Durante mucho tiempo se ha afirmado que las pirámides generan misteriosas fuerzas, cuya naturaleza no puede explicarse. Se han efectuado numerosas pruebas a fin de demostrar que las estructuras piramidales constituyen imanes para los rayos cósmicos, o que obran como verdaderas centrales de electricidad estática. También existen abundantes relatos acerca de personas que, tras visitar las pirámides, han adquirido el poder de predecir su propio destino. A menudo, los turistas sufren un shock o se desmayan cuando visitan los monumentos del antiguo Egipto.

El 12 de agosto de 1799, Napoleón visitó la cámara mortuoria del faraón en la gran pirámide. Después de un rato, Napoleón pidió a su guía que lo dejara solo. Cuando finalmente salió, el conquistador de Europa se mostraba pálido y perturbado. Cuando le preguntaron qué le habla sucedido, respondió bruscamente: «No quiero referirme nunca más a este asunto.» Luego, en distintas etapas de su vida, él mismo confesarla que habla previsto su futuro mientras permanecía solo en el interior de la gran pirámide. Poco antes de morir, parece que estuvo a punto de revelar su secreto a uno de sus ayudantes.

Pero se interrumpió para decir: «De qué sirve hablar de esto? no me creería.» Pero los casos más extraordinarios que parecen poner de manifiesto el poder de las pirámides han sido protagonizados por gente común, sin mentalidad científica, que nunca han estado en Egipto. Se trata de gente que confiesa haber obtenido notables éxitos utilizando modelos de cartón, metal o plástico construidos a la escala exacta de la gran pirámide. Se afirma que estos modelos tienen el poder de mantener afiladas las hojas de afeitar durante largo tiempo, de conservar frescos los alimentos, de promover sentimientos de paz y de armonía e Incluso de ayudar a predecir el futuro.

En la década de 1850, un francés llamado Bovis visitó la gran pirámide y, entre los habituales desperdicios que dejan los turistas, descubrió el cuerpo de un gato muerto: un cuerpo notablemente bien conservado, como si hubiera sufrido un proceso de momificación. Cuando regresó a Francia, Bovis experimentó con modelos de pirámides, construidas a escala, y comprobó que ayudaban a conservar frescos los alimentos. Cien años después, el ingeniero checoslovaco Karel Drbal leyó las investigaciones de Bovis.

En los países de allende el telón de acero había una aguda escasez de bojas de afeitar, y Drbal quiso averiguar si el poder de las pirámides alcanzaba también a los metales. Construyó un modelo de pirámide y comprobó que las hojas de afeitar que guardaba en el modelo no se desafilaban nunca. Cuando se presentó ‘en la oficina de patentes de Praga, en 1959, los funcionarios no le creyeron. Pero, una vez el jefe de la oficina hubo comprobado la eficacia del procedimiento, Drbal recibió la patente número 91.304. Nadie sabe mediante qué mecanismos operan las pirámides. La única pista al respecto es una vieja leyenda, que data de la Primera Guerra Mundial, según la cual las hojas de afeitar que se dejan a la intemperie, a la luz de la Luna, amanecen desafiladas.

El filo de esas hojas está compuesto de diminutos cristales; y, si la energía generada por los rayos de la Luna puede desafilar una hoja de afeitar, ¿por qué no puede la energía generada por una pirámide ayudar a mantenerla afilada? Para que una pirámide funcione, existen ciertas reglas invariables a -seguir. Debe ser construida de modo que la base y una cara guarden la relación 15,7 a 14,94; y sus caras deben estar alineadas con los cuatro puntos cardinales. La hoja de afeitar debe descansar a 3,33 unidades de altura, y los filos deben orientarse en la dirección este-oeste. Nadie puede explicar cómo funciona el secreto poder de las pirámides, pero hay miles de personas en todo el mundo que juran haber comprobado su eficacia.

Fuente: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre
EL BUQUE FANTASMA LLAMADO "MARY CELESTE"
La tripulación que ha desaparecido sin dejar rastros

Había algo extraño en ese velero de dos mástiles que daba bandazos, sacudido por el oleaje del Atlántico. Al principio no fue fácil discernir qué era lo que tenía de raro, pero sin duda algo no andaba bien en él. La tripulación del bergantín De! Grano, reunida en cubierta, observó el rumbo errático que llevaba el misterioso barco, al que un tiempo antes había visto emerger como una pequeña mancha blanca en el horizonte grisáceo. El Dei Gratia se fue acercando lentamente al velero, hasta que, a primeras horas de la tarde, el capitán David Morehouse tomó un nimbo paralelo y comenzó a observar el extraño aspecto que ofrecía el barco a través de sus catalejos.

Morehouse advirtió que el barco misterioso era, como el suyo, un bergantín sólidamente aparejado; pero éste sólo mantenía desplegadas dos velas; las otras aparecían hechas jirones o estaban recogidas. La enigmática embarcación, empujada por las suaves ráfagas del viento, viraba de izquierda a derecha como si el timonel estuviera borracho.

Pero el capitán Morehouse no tardó en averiguar por qué ese barco no navegaba en línea recta y uniforme: cuando el Dei Gratia se acercó al barco misterioso, el capitán pudo comprobar que no habla nadie al timón, no aparecía nadie en la cubierta y, en general, no se observaban signos de vida. Morehouse hizo señales, pero nadie contestó desde ese velero fantasmal desconocido. Ordenó que se bajara una lancha y que tres hombres trasbordaran; los tres marineros, cuando se hubieron aproximado al velero, gritaron «Ah del barco!... iAh del barco!» Pero no obtuvieron respuesta. En la lancha se desplazaron hasta la popa del velero y leyeron el nombre que allí estaba pintado: Mary Celeste, Nueva York.

La última vez que se había visto al Mary Celeste había sido un mes atrás, el 1 de noviembre de 1872, cuando el barco zarpó de Nueva York con rumbo Génova, portando una carga de 1700 barriles de alcohol en bruto. A bordé estaban el capitán, Benjamin Spooner Briggs —un americano de 37 años— i ¡su primer oficial, Albert Richardson, que comandaban una tripulación compuesta por siete marineros. También viajaban a bordo Sarah, la esposa del capitán, y su pequeña hija de dos años, Sophie. Briggs, un hombre barbudo, honesto y creyente, hacía su primer viaje en el Marv Celeste; anteriormente habla sido, capitán de un barco y luego de una goleta; obtuvo su oportunidad de mandar el Mary Celeste cuando el consorcio dueño del barco le ofrecía tener una participación, la tercera parte del velero que anteriormente ostenta, A el nombre de The Amazon. Los propietarios dieron al velero su nuevo nombre y lo sometieron a reparaciones que en realidad no resultaban imprescindibles. antes de enviarlo hacia el invierno del Atlántico.

El Mary Celeste zarpó del East River de Nueva York y puso proa hacia las Azores, que según el libro de a bordo fueron avistadas el 24 de noviembre. En ese lapso, el tiempo fue bueno y la señora Briggs pudo pasar muchas mañanas en cubierta; por las tardes trabajaba con su máquina de coser o tocaba el armonio (había persuadido a su marido para llevarlo con ellos). Sin embargo, una vez pasadas las Azores, el tiempo empeoré. Soplaba una considerable galerna, algo que no era suficientemente serio como para preocupar a un capitán experimentado. Briggs se limitó a ordenar que se recogieran algunas velas. No cundió el pánico y así lo demuestran las anotaciones del cuaderno de bitácora, que sólo consigna hechos ordinarios. El día siguiente fue 25 de noviembre; por la mañana se anotó en el libro de a bordo la orientación del barco. Y ése fue el último apunte que registraba el libro.

Diez días después, el bote del Dei Gratia atracó a un costado del Mary Celeste. El primer oficial, Oliver Deveau, y el segundo de a bordo, John Wright, subieron al velero y dejaron al tercer marinero atrás, a fin de asegurar la lancha. Deveau y Wright examinaron el barco, y lo que encontraron no hizo más que profundizar el misterio. El viento agitaba libremente el cordaje. El timón oscilaba en silencio; el agua entraba y salía por la puerta de la cocina, que estaba abierta; los marinos encontraron una brújula aplastada; el bote de desembarco había desaparecido Pero bajo las cubiertas, el panorama era aún más extrañamente normal: todo parecía en orden, salvo que no habla persona alguna. En el camarote del capitán estaba el armonio de la señora Briggs, fabricado de palo de rosal; sobre el instrumento aparecía una partitura abierta. La máquina de coser descansaba sobre la mesa; los juguetes de la pequeña Sophie, tiernos polizones, aparecían cuidadosamente ordenados.

En los camarotes de la tripulación, la escena era igualmente normal; la ropa lavada colgaba de una cuerda, donde la habían puesto a secar, y la ropa seca se apilaba sobre las literas en orden, tal como la hablan dejado. En la cocina era evidente que se esto yo preparando el desayuno, aunque sólo la mitad de las raciones parecía había sido servida. Deveau y Wright volvieron a su bergantín e informaron a Morehouse de sus descubrimientos. El capitán sugirió que tal vez el Mary Celeste hubiera sido abandonado por su tripulación durante una tormenta.

Pero Deveau preguntó ¿Por qué, entonces, la botella con jarabe para la tos permaneció abierta sobo la mesa sin derramarse? ¿Y cómo no se rompieron los platos y los adornos encontrados en el camarote del capitán? Un motín, sugirió Morehouse; peo en el Mary Celeste no se encontraron indicios de que se hubiera producido una lucha; y además ¿no era improbable que los amotinados abandonaran el barco junto con sus víctimas? Quizá el barco había comenzado a hacer agol Deveau admitió que en la bodega el agua subía casi a un metro y que en la cubierta yacía abandonada la vara de sondeo. Pero un metro de agua es cantidad normal que se acumula en un viejo barco de casco de madera después de diez días de navegación, y se la podría haber achicado fácilmente bombeándola. Morehouse decidió dejar de lado preguntas que no tenían respuesta y centrarse por entonces en los problemas más importantes: salvar lo que se diera, por ejemplo. De manera que envió al barco a la deriva a algunos de tripulantes que en unas pocas horas de bombeo dejaron la bodega constantemente seca. Al día siguiente, los marineros repararon el aparejo.

El capitán sólo podía utilizar a tres de sus siete tripulantes para conducir a puerto al Mary Celeste. Eligió para esa tarea a Deveau y a los marineros Augustus Anderson y Charles Lund. En lo que constituye una proeza de habilidad náutica, los tres hombres consiguieron conducir al Mary Celeste, a lo largo de 1.100 kilómetros, hasta el que curia su primer puerto de escala, Gibraltar; allí estaba esperándolos el Dei Gratia. Las autoridades británicas de Gibraltar se hicieron cargo del Mary Celeste y ordenaron una investigación. Morehouse, Deveau y sus hombres fueron sometidos a largos interrogatorios. Se supo que bajo la litera del capitán Briggs se había hallado una espada con manchas de sangre: ¿no probaba esto que en el Mary Celeste tuvieron que ocurrir cosas muy graves? Pero una vez que se examinó la espada, quedó claro que sus manchas no eran de sangre.

La investigación comprobó que nueve barriles de alcohol estaban vacíos y que otro estaba abierto: ¿no se habría sublevado la tripulación mediante una borrachera? Deyeau explicó pacientemente a la comisión investigadora que bajo las cubiertas el barco estaba en perfecto orden. ¿No habría cedido Briggs al pánico durante una tormenta y ordenado que se utilizara el bote salvavidas? No habla señales de nada semejante: el camarote del capitán estaba todo lo ordenado que pueda esperarse de la habitación de un caballero; la mesa del desayuno estaba puesta, e incluso el capitán había retirado cuidadosamente las cáscaras de los huevos hervidos, que permanecían intactos en su plato. Pero el problema que más desconcertó a los investigadores lo constituyó el encontrar respuestas convincentes para estas preguntas: ¿Cómo pudo el Mary Celeste mantener el rumbo, sin tripulación, durante diez días y 926 kilómetros?

Cuando el Dei Gratia se emparejó con el misterioso velero, Morehouse navegaba rumbo a un puerto; el Mary Celeste estaba rumbo a estribor. Según la comisión, resultaba inconcebible que el Mary Celeste hubiera navegado un trayecto tan largo con el velamen tal corno lo encontró Morehouse. Alguien hubo abordar el barco durante algunos días, después de la última anotación en el cuaderno de bitácora. Las autoridades de Gibraltar estaban seguras de que el bote salvavidas del Mary Celeste aparecería pronto, para dar respuesta a todas las preguntas. Pero el bote no apareció jamás y, el 10 de marzo de 1873, el tribunal de la comisión Investigadora acordó compensar a Morehouse y a sus hombres con la poco generosa cantidad de 1700 libras, muy escasa si se tiene en cuenta lo que éstos habían salvado del mar al rescatar al Mary Celeste: alrededor del 15% del valor de ese barco de 200 toneladas de carga.

La investigación fue cerrada, pero las discusiones continuaron se afirmó que u los tripulantes del Mary Celeste habían sido capturados por piratas o atrapados por un pulpo gigantesco, o que habían chocado contra un i~ muerto de E fiebre amarilla; algunos supusieron que el capitán habla enloquecido. Sin ¡embargo, la más extraordinaria de las teorías sobre el caso del Manry Celeste fue sugerida cuarenta años más tarde, en 1913. Howard Linford, director de un colegio de Hampstead, Londres, dio a conocer un manuscrito sorprendente que un antiguo empleado del colegio le había ¡dejado en herencia. El empleado se llamaba Abel Fosdyk y en su juventud había realizado numerosos viajes. En el documento que en su lecho de muerte entregó al director del colegio, Fosdyk revelaba que, aunque no quedó registrado oficialmente entre los pasajeros, había sido uno de los hombres que viajó en el Mary Celeste, de cuya tragedia era el único sobreviviente. El manuscrito de Fosdvk dice que durante el viaje el capitán Briggs encontró a su pequeña hija jugando cerca del bauprés, la yerga que sobresale de la proa en los veleros. Entonces ordenó al carpintero que hiciera una plataforma segura, para que la niña pudiera jugar sin peligro en su sitio favorito.

A fin de asegurar la plataforma el carpintero practicó profundas muescas en el casco de madera, debajo del bauprés, a ambos lados de la proa. Ése era el origen de las misteriosas marcas que, ciertamente, fueron observadas en el Mary Celeste. Un día de calma, Briggs —dice el manuscrito— sostuvo con su primer oficial una discusión acerca de la capacidad humana para nadar con la ropa puesta. El excéntrico capitán, en el calor de la discusión, saltó del barco al agua para probar su teoría. Todos los tripulantes y pasajeros se precipitaron hacía la plataforma recién construida, para ver mejor el espectáculo fue entonces cuando las maderas de la plataforma se quebraron arrojando al mar a todos.

Pronto aparecieron los tiburones, que dieron cuenta de todos los pasajeros con excepción de Eosdyk, que se aferré a los restos de la plataforma hasta que las comentes lo arrastraron a la costa de África. Aunque impresionó vivamente a los lectores de todo el mundo, el relato fue rechazado por inverosímil. Así, lo que en verdad sucedió a la tripulación y a los pasajeros del Mary Celeste sigue siendo hasta hoy un misterio.

Veamos qué destino tuvo el barco. Cuando el tribunal de la comisión investigadora de Gibraltar dio por finalizada su labor, el Mary Celeste volvió a estar disponible pero los marineros se. negaban a trabajar en ese barco creían que era un barco maldito. El Mary Celeste cambió de manos diecisiete veces durante los once años siguientes, hasta que en 1884 fue adquirido por un grupo de empresarios de Boston. Los nuevos dueños aseguraron el barco por una gran suma de dinero y lo fletaron rumbo a Haití. Allí, un día claro y con la mar en calma, el capitán puso proa hacia un arrecife de coral, donde el barco se hizo pedazos-El intento de fraude fue descubierto y el capitán y los empresarios tuvieron que comparecer ante un tribunal. Mientras tanto, el viejo casco de madera del Mary Celeste se pudría, invisible, en un remoto arrecife caribeño.

Fuente: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre
EXISTIÓ REALMENTE ROBIN HOOD?
Quien fue realmente este personaje de legendario de la Edad Media?

A principios del Siglo XIV por las profundidades del bosque de Sherwood vagaba un proscripto cuyas hazañas lo convirtieron en el principal héroe popular de su época. Su nombre es hoy conocido como Robin Hood. La historia de sus hazañas ocupan muchos volúmenes Pero es cierta? Existió realmente este hombre?

Algunos historiadores creen que los relatos del héroe-duende están vinculados con el espíritu de los bosques, que forma parte de la mitología pagana. Robin era un nombre que los paganos daban generalmente a los seres sobrenaturales, y el color verde, que era el que distinguía la vestimenta del héroe, es el color tradicional atribuido al espíritu del bosque. También está extendida la teoría según la cual Robin Hood era sencillamente uno de los personajes de las antiguas ceremonias del primer día de mayo, que a través de los años pasó a ser primero una leyenda y luego un presunto personaje histórico.

La doncella Mariann, que comparte las aventuras del héroe, puede ser una derivación de la Reina de mayo en esas mismas celebraciones paganas. Sin embargo, las pruebas documentales indican que entre los siglos XIII y XIV un hombre llamado Robin Hood vivió en Wakefield, en el condado de York; él puede haber sido el proscrito de la romántica leyenda. Robin Hood (cuyo nombre de bautismo era Roberto) nació alrededor de 1290; su padre, Adam Hood, era un guardabosque al servicio de John, conde de Warenne y lord del señorío de Wakefield.

El apellido del guardabosque y de su hijo figura en los antiguos documentos de juzgado con distintas grafías: a veces aparece como Hod, otras como Hode o Hood. El 25 de enero de 1316, según indica un documento, la criada de Robin Hood aparece acusada de robar madera seca y vert (antiguo término inglés que designa a los árboles reservados para dar refugio y alimento o los ciervos) de un viejo robledal. Se la condenó a pagar una multa de dos peñiques. En otros registros judiciales> de 1316, consta que Robin Hood y su esposa Matilde tuvieron que pagar una multa de dos chelines «por permitir que 32 construyera una casa de cinco habitaciones en una parcela vacía perteneciente al señor del condado».

En 1322, el amo del país de Robin era Thomas, conde de Lancaster. El conde convocó a sus súbditos a las armas para rebelarse contra el rey Eduardo II; los súbditos no tenían más opción que la de obedecer incondicionalmente. Robin se unió a las tropas del conde como arquero; la revuelta fue aplastada y Lancaster fue capturado, juzgado por traición y decapitado; sus propiedades fueron confiscadas por el rey y se proscribió a sus seguidores. Robin se ocultó en el bosque de Barnsdale, que en esa época cubría unos 48 kilómetros cuadrados y terminaba uniéndose al bosque de Shem’ood, que ocupaba otros 40 kilómetros cuadrados en el condado de Nottingham. Los bosques estaban atravesados por la Gran Ruta del Norte, construida por los romanos; esa ruta proporcionaba pingües ganancias a los ladrones de caminos. En esta región nació la leyenda de Robin Hood.

En una de las supuestas aventuras de Robin Hood a lo largo de la Gran Ruta, el papel de antagonista corresponde al arrogante obispo de Nereford, que viajaba hacia York cuando vio al cabecilla proscrito y a algunos de sus hombres en trance de asar un venado para la cena- Tomándolos por campesinos y enfurecido por su flagrante violación de las leyes del bosque, el obispo los increpó. Los proscritos le contestaron con toda calma que no los molestase, porque estaban a punto de cenar- Entonces el obispo de Nereford ordenó a los guardias de su escolta que apresaran a Robin Hood y los suyos.

Los proscritos rogaron clemencia, pero el clérigo juró que no la habría para ellos. Fue en ese momento cuando Robin hizo sonar su cuerno y, en un abrir y cerrar -de ojos, el desdichado obispo se vio rodeado por arqueros; el episodio ocurrió en el prado de Lincoln. Los proscritos tomaron prisionero al dignatario y a sus guardias y pidieron por ellos un rescate. Mientras permaneció cautivo, el obispo fue obligado a bailar la jiga alrededor de un gran roble; el árbol ya no existe, pero el sitio donde se levantaba es conocido hoy como la Raíz del Árbol del Obispo. En Barnsdale y Sherwood hay otros robles vinculados a Robin Hood y su banda: del llamado Árbol Central, a mitad de camino entre Thoresby y Welbeck, se dice que constituía el punto desde el cual surgía la red de caminos secretos dé Robin Hood, que se extendía por todo el bosque.. Pero el árbol más famoso es el Roble Mayor, en Birkland.

Se afirma que tiene 1000 años y es por Id tanto anterior a la conquista de Gran Bretaña por los normandos; tiene un diámetro de 9 metros. Lord Alfred Tennyson visitó este roble, el siglo pasado, y en su poema Los leñadores lo utiliza como metáfora para referirse al Pequeño John; el poema habla de éste como «ese roble en cuyo follaje pueden ocultarse nueve hombres sin tocarse». Entre las anécdotas que se han transmitido a lo largo de los siglos acerca de la valentía de Robin Hood, figura la visita que Robin, acompañado de su íntimo amigo Pequeño Johñ~ hizo a la abadía de Abbey.

El abad les pidió a ambos que mostraran su pericia con el arco; Robin y Pequeño John dispararon desde el tejado del monasterio y las flechas cayeron, una frente a la otra, a ambos lados de una calle de Whitby Lathes, a más de un kilómetro y medio del monasterio. El abad hizo erigir pilares de piedra en los sitios donde se clavaron los venablos; estos pilares sobrevivieron hasta fines del siglo XVIII. Los campos donde cayeron las flechas fueron llamados desde entonces Cercado de Robin Hood y Cercado de Pequeño John.

Pequeño John, segundo de Robin, recibió su irónico apodo a causa de su gran estatura. Se afirma que murió en Hathersage, en el condado de Derby; la tumba en que yacía fue abierta en 1784 y en ella se encontraron los huesos de un hombre excepcionalmente alto. Robin y sus hombres se hicieron célebres, entre otras razones, porque desplegaron una actividad incesante en un territorio muy amplio. La bahía de Robin Hood, que dista muchos kilómetros de las costas del condado de York, fue bautizada así en recuerdo del proscrito, cuya banda tenía fondeadas allí - numerosas barcas, que utilizaba para pescar y, eventualmente, para huir de las autoridades. Durante uno de sus viajes, Robin visitó la iglesia de St. Mary, en Nottingham; una monja de la congregación lo reconoció y dio aviso al sheriff. Robin echó mano a su espada y, antes de ser capturado, mató a 12 soldados. No pudo ser llevado a juicio porque Pequeño John, al frente de un numeroso grupo de proscritos, cayó sobre Nottingham y rescató a su jefe; de paso, buscaron a la monja y le dieron muerte.

Pero lo que transformé a Robin Hood en un héroe popular fue su defensa de los desamparados. Se apoderé de las riquezas de los poderosos y las distribuyó entre los pobres; además, al burlarse de las impopulares autoridades de esa época, se ganó el apoyo de los campesinos oprimidos. Uno de los más célebres relatos surgidos de los robledales de Shetwood, es la leyenda sobre el encuentro de Robin Hood con el rey Eduardo II. Narra que el rey, al saber que el número de ciervos reales de Whetwood disminuía debido al apetito de Robin Hood y su banda, decidió limpiar de proscritos el bosque. El rey y sus caballeros se disfrazaron de monjes y se internaron a caballo en el bosque. Cuando encontraron a Robin Hood y a parte de su banda, éstos les exigieron dinero; el rey les dio 40 libras y afirmó que eso era todo lo que tenía.

Robin tomó entonces 20 libras para distribuir entre sus hombres y devolvió las otras 20 al rey. En ese momento, Eduardo II mostró a Robin el sello real y comunicó al proscrito que el rey quería verlo en Nottingham; Robin pidió a sus hombres que se arrodillaran ante el sello real y juraran fidelidad al rey. Más tarde, la banda invitó a los «monjes» a comer la comida consistió en venado realza la brasa. Poco después Eduardo II reveló a todos su identidad y perdoné a los proscritos, con la condición de que se instalaran en la corte y se pusieran a su servicio.

La leyenda aparece en A Lytefl Geste of Robyn ¡-Iood, un libro pub!icado en 1459. Puede que todo esto no sea nada más que una leyenda; pero el rey estuvo realmente en Nottingham en noviembre de 1323, y el relato de su encuentro con Robin Hood es coherente con lo que se sabe de su personalidad. Además, el nombre de Robin Hood aparece meses después, en 1324, en los registros de la casa de Eduardo II. Allí figuran constancias de los salarios que se pagaron a Robin hasta noviembre de ese mismo año. A partir de esa fecha, el nombre de Robin desaparece de los documentos oficiales para sumergirse nuevamente en el folklore. Es posible que, después de disfrutar durante tanto tiempo de la libertad en el bosque, Robin fuera incapaz de ponerse al servicio de nadie, ni siquiera de su rey.

Las aventuras de Robin Hood en los bosques continuaron hasta cerca de 1346; se dice que murió en ese año, en el monasterio de Kirkiees. Parece que la priora aceleró la muerte de Robin cuando éste le pidió que pusiera fin a los dolores que padecía: la religiosa —se dice— practicó a Robin una sangría tan prolongada que ya no pudo recuperarse.

La historia termina cuando Robin Hood consigue hacer sonar por última vez su cuerno de caza, aportado por su fiel compañero, Pequeño John. Antes de morir, Robin disparó una flecha desde la ventana de su habitación, en dirección al bosque, y pidió que lo enterraran en el sitio donde la flecha hubiese caído. Aún hoy es posible ver el sitio que Robin eligió como tumba. La de Robin Hood es una historia romántica, que se ha mantenido viva y ha sido narrada y vuelta a narrar durante 600 años. Pero si se trata de un mito o de una historia real, de un hecho histórico o de una leyenda, es algo que permanece en el misterio.

Fuente: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre
EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA DE LA ATLÁNTIDA
Era una tierra ubérrima, bendecida por una vegetación exuberante y por la existencia de valiosos yacimientos minerales, entre ellos los de plata y de oro. Su pueblo gozaba de un alto nivel científico y cultural. En el mismo de ese reino isleño, sobre la cima de una pequeña colina, se ataban un palacio y un templo, en torno a los cuales se extendía la gran dad, que media 19 kilómetros de largo. Alrededor de la colina, un amplio o —en realidad, un canal— permitía el paso de barcos de vela. Alrededor de urbe, otras vías de agua formaban círculos concéntricos; el canal que rodea­da la ciudadela se comunicaba con el mar abierto a través de un amplio sistema de muelles y puertos, que exportaban los valiosos productos del país a todo mundo conocido entonces.

Era un país rico y célebre; tanto que, a pesar de que desapareció de la faz de la Tierra muchos siglos antes de la era cristiana, su nombre resulta aún más familiar a los hombres de hoy que muchas de las Balones que le sobrevivieron. El nombre de ese fabuloso reino y de su gran ciudad es Atlántida.

La única descripción de la Atlántida que nos ha dejado la antigüedad es obra del filósofo griego Platón, y data de 347 a. de C. Pero ni siquiera Platón es un testigo de primera mano; el filósofo no hizo más que repetir los relatos escritos por un viajero ateniense, Solón, quien a su vez repetía lo que había nido contar a los sacerdotes egipcios. La historia narrada por Platón indica que la Atlántida era una gran nación, pero que entró en un periodo de decadencia; su pueblo, entonces, cayó en abominables formas de corrupción y se mereció mal un terrible castigo. «En un día y una noche», la isla entera, de 560 kilóme­tro de anchura, fue destruida por una catástrofe de magnitud incomparable­mente mayor que todas las conocidas.

La isla fue destrozada por una explosión volcánica a la que siguió un maremoto; en veinticuatro horas desapareció bajo el mar.

Platón situaba ese trágico momento de la historia de la Atlántida en un periodo que hoy podemos fechar en 9600 antes de la era cristiana. En cuanto a la situación geográfica, indicó que estaba «más allá de las Columnas de Hér­cules», es decir, lo que ahora conocemos como el estrecho de Gibraltar. Esto permitirla localizar la isla en algún lugar del océano Atlántico; pero esta teoría, afirman los geólogos, no puede ser correcta, porque en el lecho del Atlántico o existe ninguna masa terrestre susceptible de haber sido alguna vez la isla de Platón ¿Significa esto que Platón utilizaba datos erróneos? O que simplemen­te Inventó toda la historia, como una fábula moralizadora? Todo parece indicar que la narración épica de Platón tiene sólidas apoyaturas en una realidad histórica, a pesar de que sus datos sobre cronología y geografía de la Atlántida fuesen erróneos. De cualquier manera, la isla perdida constituye un enigma que durante siglos ha intrigado a los hombres. A través de los años, diversas regiones han sido señaladas como el sitio donde se desarrolló alguna vez la civilización perdida. Éstas son algunas de ellas:

Atlántico central. A lo largo del fondo marino del Atlántico norte y sur, se extiende un vasto dorsal en forma de 8, desde Islandia hasta la isla de Tristán da Cunha. Algunos sugieren que las partes más altas de esta cadena montaño­sa, sobre todo las de alrededor del arco de las Azores, estuvieron alguna vez por encima del nivel del mar, formando la tierra de Atlántida. Esta teoría fui una de las más generalizadas hasta que en el presente siglo fue refutada por los científicos; éstos señalan que desde hace miles de años la Dorsal Atlántica ha estado elevándose desde las profundidades; el lento movimiento es hacia arriba, no hacía abajo.

América del Norte. El interés público por el reino perdido de la Atlántida si reavivó tan pronto como Cristóbal Colón regresó a Europa con sus relato!, acerca de las tierras del otro lado del océano. El filósofo inglés Francis Bacón relacionó íntimamente la leyenda y la realidad histórica en su obra La Nueva Atlántida. Por su parte, el historiador John Sevain dejó escrito: «Se puede tener que en un tiempo América formó parte de esa gran región que Platón Mié la isla Atlántida, y que los monarcas de esa isla mantenían relaciones comerciales con los pueblos de Europa y África.» Esta teoría parece hoy muy discutible, entre otras cosas porque las etnias de América del Norte nunca alcanzaron un nivel de desarrollo científico y cultural comparable al que, según Natán, tenía la Atlántida, ni al que existía en Grecia en tiempos del filósofo.

Los puentes continentales. Se han propuesto diversas teorías acerca de puentes continentales que, en tiempos remotos, pueden haber vinculado África con América del Sur, o Europa —a través de las Islas Británicas, Islandia y Orodrilandia— con América del Norte. Sin embargo, los geólogos saben hoy que tales puentes no existieron, por lo menos dentro de los últimos 50 millónes de años.

El mar de los Sargazos. La palabra portuguesa sargoso designa a una alga flotante; esas algas constituyen, precisamente, el mar de los Sargazos. Se trata de una masa de algas que abarca casi 4 millones de kilómetros cuadrados, que deriva por impulso de las corrientes a la altura de la costa de Florida. Durante mucho tiempo, los marineros creyeron que las algas cubrían bajíos; éstos podrían haber sido alguna vez la Atlántida hundida. Pero no hay bajíos debajo te los sargazos: el mar tiene allí 456 metros de profundidad media.

Las islas Scilly. Los historiadores fenicios, griegos y romanos coinciden en referirse a ciertas «islas de estaño”, situadas cerca de las costas británicas. Esas islas existen realmente, a la altura de Cornualles, y constituyen los únicos cen­tros. productores de estaño del Reino Unido. Pero no tienen parentesco alguno con la exuberante isla descrita por Platón.

Bimini. Un fotógrafo americano llamado Edgar Cayce, en la etapa que va dude 1923 hasta su muerte, en 1945, alcanzó la celebridad como curandero y visionario. A pesar de que nunca había leído las obras de Platón, afirmaba que, viajando hacia atrás en el tiempo, había visitado mentalmente la Atlántida. Su descripción coincidía en muchos puntos con la que el filósofo griego dejara escrita 2300 años antes. Cayce agregó que la Atlántida fue destruida por una explosión atómica, ya que sus habitantes dominaban la ciencia de la fisión nuclear. El hecho, dijo el visionario, ocurrió alrededor de 10 000 años antes del fallecimiento de Cristo: una fecha bastante aproximada a la que estableciera Pla­tón. El vidente americano situó geográficamente la Atlántida en la isla de Bimini septentrional, pequeña integrante de las Bahamas, y pronosticó que en 1968 o 1969 «podrían descubrirse algunos aspectos de los antiguos templos» de la civilización perdida. Parecía una afirmación ridícula.

Sin embargo, en 1968, un veterano zoólogo y experto buzo americano, el doctor J. Manson Valentine, descubrió bajo el mar, a la altura de la costa de Bimini septentrional, a extraña estructura pétrea. Al principio, Valentine sólo consiguió vislumbrar desde el aire; mas, cuando se sumergió para investigar, encontró que esa estructura constituía al parecer un enorme puerto, malecones cerrados y muelles.

El muro principal de alrededor de 600 kilómetros de longitud, estaba construido con inmensos bloques de piedra, de más de cinco metros cuadra­dos cada uno.



Las expediciones posteriores —y hubo muchas— apoyaron y refutaron, alternativamente, las conclusiones del doctor Valentine. Estas conclusiones, en lo fundamental, decían que la estructura pétrea era un puerto construido por el hombre. En 1970, el doctor John Hall, profesor de arqueología de la Universi­dad de Miami, dirigió una expedición que investigó el lugar, Hall señaló luego:



«Estas piedras constituyen un fenómeno natural, llamado erosión costera del Pleistoceno. No hemos encontrado ninguna evidencia, de ninguna clase) que permita pensar que ese muro es fruto de trabajo humano. Por lo tanto, lo sien­to por aquellos que crean en la vieja leyenda. Una nueva Atlántida ha sido desechada-»

Sin embargo, las dos últimas expediciones americanas a Bimini, realizadas en 1975 y 1977, regresaron con hallazgos que inducen a conclusiones muy diferentes. El jefe de la expedición, el doctor David Zink, de California, sacó a la superficie un bloque pétreo cuyos bordes habían sido trabajados con punzo­nes, formando estrías. Su conclusión fue ésta: «Pensándolo bien, citemos que la estructura de Bimini es de origen arqueológico y no geológico- Pero el pro­pósito con que fueron hechas esas obras no pasa, por ahora, de ser un tema de especulación-»

Por lo tanto, el misterio de Bimini está aún por resolver. Pero la posibilidad de que Bimini sea el sitio donde existió una ciudad perdida, no ha sido descartada.

A pesar de todo, el lugar más probable donde tal vez haya existido alguna vez la Atlántida, entre los numerosos sitios que se han propuesto, no está en ci Caribe. Ni siquiera está en el Atlántico. En la actualidad, muchos arqueólogos creen que Platón cometió dos errores de bulto, en su descripción de la isla perdida.

En primer lugar, es casi seguro que la Atlántida, si realmente existió alguna vez, no estuvo «más allá de las Columnas de Hércules», sino en el mismo Medi­terráneo. En segundo término, cuando Platón afirma que el holocausto de la Atlántida se produjo 9000 años antes de Cristo, tal vez debió haber escrito 900. De esta manera, la fecha de la desaparición de la Atlántida quedaría situa­da aproximadamente 1500 años antes de Cristo, en lugar de los 9600 que cita Platón, Y, más o menos en 1500 antes de la era cristiana, el Mediterráneo fue escenario de uno de los más espantosos cataclismos de la antigüedad.



Los arqueólogos saben hoy que la civilización de la Atlántida, tal como la describe Platón, es muy similar a la desarrolladísima cultura minoica, que flore­ció durante la Edad de Bronce, hasta el siglo XV a.J.C., en las islas del mar Egeo La cultura minoica desapareció bruscamente alrededor de 1470 a.J.C., y hasta ahora nadie ha podido explicar por que.

Sin embargo, hoy sabemos que alrededor de esa fecha el centro de la isla de Minos de Kalliste —que se conoce actualmente como Santorín y está a mitad de camino entre Creta y Grecia continental— estalló por obra de una erupción volcánica de incalculable poder destructivo. El cráter abierto en medio de la isla fue cubierto de inmediato por el mar.



Los arqueólogos excavan en la actualidad los depósitos de ceniza volcánica, de 30 metros de profundidad, que cubren lo que una vez fuera la fabulosa isla descrita por Platón. Los hallazgos realizados hasta ahora permiten a los cientí­ficos precisar un cuadro estremecedor de los sucesos que se produjeron en la isla hace casi 3500 años.

La escasez de restos humanos hace suponer que los habitantes de Minos recibieron, antes del desastre, algún tipo de advertencia, seguramente sismos y una serie de erupciones volcánicas menores.



Es probable que, después de esos avisos, los ciudadanos de Minos hubieran subido a sus embarcaciones y puesto rumbo a Creta, situada a 130 kilómetros hacia el sur. Pero, antes de que consi­guieran llegar a su objetivo, la isla estalló en una vorágine de lava ardiente.

El cráter lanzó al aire roca fundida y vomitó ceniza y piedra pómez sobre las embarcaciones hacinadas; la gente de los barcos, imposibilitada de escapar, sufrió una muerte lenta, horrible, mientras el torrente de lava ardiente crecía hacía irrespirable la atmósfera. Para algunos, la agonía terminó con la llegada de una ola gigantesca, tal vez de 60 metros de altura, que Sarrió la isla y destro­zó las embarcaciones. La enorme ola, que viajaba a más de 240 kilómetros por hora, alcanzó pronto Creta, corazón del imperio minoico; el agua arrasó todas las ciudades y aldeas a lo largo de la costa septentrional y destruyó el puerto que abastecía a la capital, Knossos.



La ola gigantesca prosiguió su marcha hacia la costa norte de África; allí sus efectos pueden haber dado origen al relato del Viejo Testamento acerca de la separación del mar Rojo, que permitió el éxodo de Moisés. También se ha pro­puesto una teoría según la cual la lluvia de cenizas provocada por el volcán habría sido responsable de las plagas que azotaron Egipto y en las cuales se basó el relato bíblico. La lluvia de cenizas abarcó un área de más de 16.000 kilómetros cuadrados.



El alcance de la devastación provocada por el estallido del volcán puede calcularse si se tiene en cuenta el ejemplo de la explosión ocurrida en la isla Indonesia de Krakatoa en 1883. El estallido destruyó unas 300 poblaciones de las vecinas islas de Java y Sumatra, donde murieron 36.000 personas. El terremoto se percibió hasta una distancia de 5600 kilómetros, en Australia.

La onda expansiva dio tres veces la vuelta al mundo; el polvo volcánico llegó hasta Áfri­ca e incluso hasta Europa; las olas gigantescas cruzaron el océano Pacífico dañaron embarcaciones ancladas en la costa de América del Sur.

El destino de Minos de Kalliste debe de haber sido similar. Hoy, cuando figura en los mapas con el nombre de Santorín, la isla aparece dividida en fragmentos y desolada bajo una estéril capa de cenizas; en realidad, se ha convertido en un grupo de pequeñas islas: las dos principales, Thesa y Therasia, se caracterizan por sus inaccesibles acantilados, de 300 metros de altura; está” divididas por una vía de agua de doce kilómetros de ancho, qué en algunos tramos tiene 300 metros de profundidad.

El agua del mar ha cubierto la caldera, el corazón muerto del volcán, formada cuando la roca fundida se enfrió y SL! Desplomó. En el centro del gran cráter cubierto ahora por el mar—en el punto donde vez pudo haberse levantado el palacio y el templo principal de la Atlántida— existen dos islotes, que surgieron de las profundidades muchos después de la catástrofe. Están constituidos por rocas de lava negra, y a de ellos se elevan perezosas columnas de humo: pálido pero amenazas recuerdo del cataclismo que tal vez destruyó el legendario reino de Atlántida.

La Atlántida de Platón

En el centro de la Isla (Atlántida) extendiese una llanura, reputa da como la más bella y fértil de todas las llanuras. Y, casi en el centro de esta planicie se levantaba una colina, no demasiado alta. Alrededor de la colina, como medas de cano, aparecían dos anillos de tierra, rodeados de tres anillos de mar. En el centro de la colina estaba situado un santuario consagrado a Poseidón ya Cleito; rodeaba al templo un muro de oro, que estaba vedado traspasar.

Otro templo, dedicado sólo a Poseidón, estaba hecho enteramente de plata excepto las estatuas, que eran de oro. Dos fuentes, una cálida y otra fría, proveían a la isla de ilimitadas cantidades de agua; junto a ella se habían construido cálidas termas, destinadas a los reyes y a los plebeyos, a las mujeres y a los caballos. En los anillos exteriores de tierra se asentaban los astilleros y los puertos, rodeados por un muro denso de edificios, de casas. De esta área, donde vivía una población muy numerosa, surgía un constante estrépito de voces y ruidos, durante e día tanto como durante la noche. Más allá se extendían las llanuras donde alcanzaban la perfección esas aromáticas sustancias que también hoy produce la tierra y están hechas ya de raíces, ya de hierbas de árboles, flores o frutos. Todo esto producía en abundancia aquella; isla santificada, cuando aún estaba bajo el sol. Critias y Timeo, de Platón

Fuente: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre

EL ORO PERDIDO DE ARIZONA:
Quienes buscan la Mina Perdida del Holandés solo encuentran la muerte

La historia de América esta llena de episodios de descubrimiento de oro, pero ninguna resulta tan enigmática como la de la Mina Perdida del Holandés, situada en algún lugar de las inhóspitas montañas Supertition , en Arizona. Desde 1890 , nadie ha podido localizar positivamente esa mina. Sin embargo existen numerosos aventureros que siguen buscándola, con la esperanza de descubrir un tesoro, dispuesto para el primero que encuentre el lugar. en esta búsqueda han dejado la vida mas de 20 hombres.

Los indios apaches fueron casi con seguridad los primeros en descubrir la mina. Mucho antes de que aprendieran a temer al hombre blanco y advirtieran su insaciable apetencia de oro, los apaches mostraron el yacimiento, aurífero a los monjes hispánicos de México. Inevitablemente, los, relatos acerca de una rica yeta aurífera, de la que podía extraerse el oro a manos llenas, se divulga ron en seguida e hicieron hablar y soñar incansablemente a los hombres. Fueron numerosos los hombres que realizaron, con éxito expediciones a la mina, hasta que, años más tarde, ésta pasó a ser propiedad de un español, don Miguel Peralta..

En 1871, su nieto, también llamado Miguel, comunicó el secreto emplazamiento de la mina a dos Inmigrantes alemanes, Jacob Waltz y Jacob Weiser, que le habían salvado la vida durante una, refriega que se produjo en Arizpe, en el estado mexicano de Sonora. Don Miguel contó a sus salvadores que sus antepasados habían obtenido grandes fortunas extrayendo oro de la mina; para ello —narró— tuvieron que valerse de un ejército privado de guardias y de trabajadores, suficientemente poderoso para que los apaches no se atrevieran a atacarlos. Pero en 1864—agregó— su padre y la partida de guardianes que lo acompañaban fueron. aplastados por los apaches tras una batalla que duró tres días. Quedaron pocos supervivientes que pudieran regresar a México; pero uno de los que lo consiguió llevaba consigo un mapa, en el que constaba la precisa localización de la mina.

En esa época, don Miguel carecía del dinero suficiente para organizar un nuevo ejército de guardias y mineros capaz de emprender la explotación del yacimiento a gran escala. Por lo tanto, pidió a Waltz y a Weiser que lo acompañaran, junto con un puñado de hombres: se proponía realizar una incursión por sorpresa al sitio donde el oro, guardado por los apaches, sólo esperaba ser recogido. Los dos alemanes aceptaron la propuesta; poco después, ambos, junto con don Miguel, regresaron de su aventura con una parte del oro, valora do en unos 60 000 dólares. Antes de partir para su incursión por sorpresa, don Miguel impuso una condición: él recibiría la mitad del oro que consiguieran arrebatar a los apaches Pero, cuando regresaron a México, don Miguel cambió de parecer y selló un nuevo acuerdo con Waltz y Weiser, por el cual los alemanes renunciaban a su parte de botín a cambio de la propiedad de la mina. Antes de que Waltz y Weiser consiguieran regresar al yacimiento, otro hombre blanco’ recibió la revelación de que la mina existía. Se trataba del doctor Abraham Thorne, un médico que había atendido a algunos apaches; a fin de retribuir su bondad, los Indígenas le dijeron que le compensarían con un regalo consistente en oro. SI estaba dispuesto a recorrer 30 kilómetros ---le dijeron podría--- llevarse tanto oro como pudiese transportar.

El doctor Thorne aceptó el regalo y fue conducido con los ojos vendados a un desfiladero, donde aguardaba una enorme fortuna del rico mineral. Los apaches no le mostraron la mina; pero, mientras cargaba el oro en sus alforjas, el doctor Thorne tomó nota de dos puntos identificables en el. paisaje circundante: los restos de un fuerte de piedras y una alta y afilada roca, llamada Aguja del Tejedor, situada a unos mil seiscientos metros al sur de donde él estaba, Mientras el doctor Thorne se marchaba, cargado con 6000 dólares en oro decidió que regresaría a ese sitio. Así que, un año más tarde, se llevó a alguna amigos en una expedición que intentaba localizar el desfiladero; pero Thorne y sus amigos fueron ahuyentados por un terrible ataque de los apaches.

Cuando Waltz y Wesier consiguieron finalmente regresar a la región aurífera estaban solos. Encontraron la mina usando como guía el mapa de don Miguel Peralta; inmediatamente comenzaron a excavar en una de las vetas de cimiento. Pero cierto día Weiser se quedó solo por un rato; cuando su compañero Waltz regresó, Weiser había desaparecido..

Quedaba, como testimonio e la suerte que había corrido, su camisa empapada de sangre; sus herramientas, rodeadas de flechas apaches, aparecían abandonadas en el sitio donde había trabajado por última vez. Con la mayor celeridad, Waltz cargó todo e que podían contener sus alforjas y se alejó de las montañas Superstitior do lo rápidamente que podía llevarle su caballo. Finalmente se instaló en Phoenix, donde vivió hasta 1891. Pero, de manera milagrosa su socio, Weiser, no resultó muerto en el ataque dos apaches. Aunque recibió graves heridas, consiguió escapar y refugiarse en la casa de un médico, el doctor John Walker.

Weiser refirió al médico todo que sabía del yacimiento aurífero de las montañas y le pagó su ayuda con el mapa de don Miguel Peralta. Sin embargo, Walker no hizo uso de aquel documento, que no figuraba, entre sus pertenencias cuando murió en 1890, última vez que Waltz visitó la mina fue en el invierno de 1890. Viajó solo regresó a Phoenix dos días más tarde, con un pequeño saco de oro. Es muy probable que haya sido el último hombre blanco que visitó el yacimiento donde murió, poco después, el secreto de la localización dala mina fue enteo con él. Debido a que la gente de Phoenix creía, por el acento con que hablaba, que Waltz era nativo de Holanda, el yacimiento fue llamado desde entonces la Mima Perdida del Holandés. Antes de morir, Waltz le contó- a un amigo que el yacimiento estaba situado en una región tan intrincada, que un hombre puede estar en el mismo centro mina y no darse cuenta de su existencia. Narró también que la veta era tremendamente rica y el metal podía ser fácilmente separado de la roca.

A Weiser y a él—agregó— les bastaba golpear las rocas con sus martillos para que pitas del precioso metal cayeran simplemente en sus manos. La mina a la forma de un embudo, pero alguien había excavado un túnel a través de la ladera hacia el fondo de la mina para facilitar la extracción del oro. Waltz confesó también que cierta vez, durante una visita que él y su compañero Weiser hicieron a la mina, solos, encontraron a dos trabajadores mexicanos, antiguos miembros de una de sus expediciones, llenando sacos con oro. ,mataron a tiros.

Los jóvenes soldados, que encontraron casualmente el yacimiento en 1880, tuvieron la misma suerte que los mexicanos. Llegaron a la población mexicana de Pinal con sus alforjas llenas de las fabulosas pepitas de oro y refirieron o habran hallado una mina, en forma de embudo, en las montañas Supera ñ. Propusieron a un lugareño que los acompañara en un viaje de regreso a la mina; para localizarla, se valieron de sus conocimientos militares: rehicieron el camino guiándose por las huellas que ellos mismos habían dejado. Algún tiempo después, sus cadáveres fueron encontrados, desnudos, en las montañas. Al principio se creyó que habían sido víctimas de los apaches. Pero, al estudiar las balas encontradas en los cuerpos, se comprobó que eran idénticas a las que usaba el ejército de Estados Unidos de América. Años después, un indio conocido con el nombre de Apache Jack relató los esfuerzos que su pueblo había realizado para mantener en secreto la existencia de la mina; esperaban frenar así el flujo de indeseables hombres blancos, que invadían su territorio en busca de riquezas.

En 1882, contó Apache Jack, se les encomendó a los pieles rojas la tarea de rellenar la mina con rocas. Luego, la entrada del yacimiento fue igualmente tapada. Además, se produjo un terremoto en la región y es muy posible que el movimiento sismito haya destruido o modificado los puntos de referencia. Durante los años que han transcurrido desde entonces, muchas personas se han desplazado hasta las montañas Superstition en busca del oro. Ninguna de ellas consiguió su objetivo, y al menos 20 perdieron la vida en el intento. En 1931, Adolph Ruth emprendió el viaje hacia las montañas, después de comunicar a sus parientes y amigos que había comprado un mapa del camino hacia la Mina Perdida del Holandés a un miembro de la familia de don Miguel Peralta. Como tardaba en regresar, una patrulla de rescate salió en su busca: patrulla tuvo que enfrentarse a un macabro espectáculo.

A Adolp Ruth le habían dado dos tiros en la cabeza y Luego lo habían degollado. En un bolsillo de su chaqueta tenía un trozo de papel en el que figuraban escritas algunas direcciones, una frase que rezaba «alrededor de 60 metros de distancia de la cueva» y luego la locución latina "Veni, vidi, vici" («Llegué, vi, vencí»). Pero no había rastros del mapa que Adolph Ruth había comprado.

En 1947, se encontró en la misma región el cadáver de otro buscador (lloro; pero no había ningún indicio de metal aurífero en las cercanías, y el asesino quedó impune. Quizás algún día algún explorador tenga éxito donde tantos otros han fracasado.

Porque en los innumerables relatos acerca de la roma y de sus enorme!, filones de oro, existe una multitud de pistas sobre su localización. En 1912, dos aventureros encontraron pepitas de oro en un pastizal, en el mismo sitio donde el padre de don Miguel Peralta y sus hombres fueron brutalmente asesinad>,, en 1864. No lejos de la Aguja del Tejedor, un punto de referencia que surge constantemente en los relatos acerca del yacimiento, existían pruebas de que muchos hombres habían hecho excavaciones. Entre los indicios de que la mina estaba cerca, figuraba una gran cantidad de sandalias mexicanas escondida-en una cueva. Pero a pesar de todas las pistas y de todos los relatos, esa enorme acumulación de riqueza aurífera oculta bajo la tierra sigue haciendo honor a su nombre: la Mina Perdida del Holandés.

Fuente: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre